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Crisis financiera en México
Autor: Carlos F. Obregón Díaz*
Co-Autor: Raúl Cicero Fernández**

* Profesor de la UAM-Iztapalapa.
**Egresado de la UAM-Iztapalapa.


Antecedentes.

La crisis financiera de 1982 debe apreciarse a la luz de la historia económica contemporánea de México y de su surgimiento como país petrolero. México ha sido tradicionalmente una nación dependiente de su sector externo, por lo que su desarrollo ha estado condicionado por las posibilidades que la dinámica de la economía mundial y, particularmente, la de Estados Unidos le han permitido.

El proceso de industrialización y desarrollo económico se inicia propiamente en 1940, fecha en la cual la revolución iniciada en 1910 logra consolidarse. De 1940 a 1945 la economía se dinamiza como resultado de un esfuerzo productor vinculado a las exportaciones de bienes manufacturados y materias primas demandados por los países aliados participantes en la Segunda Guerra Mundial. Período en el que este tipo de exportaciones tuvo un incremento de 722 % a precios constantes.

Sin embargo, los años de la posguerra significaron la recuperación de los países desarrollados, trayendo como consecuencia la disminución de las exportaciones manufactureras de México que decrecieron en un 42 % de 1945 a 1950. Asimismo, a partir de este lapso, los términos de intercambio fueron continuamente desfavorables para México. Como producto de lo anterior, el déficit en cuenta corriente condicionó. el crecimiento de la economía hacia adentro.

De 1955 a 1970 el gobierno mexicano adoptó un esquema de política económica orientado a la sustitución de importaciones. Así, para evitar un proceso inflacionario que frenara el esquema adoptado, se resolvió mantener un crecimiento moderado de la demanda agregada. Para este efecto, se decidió disminuir el gasto público en inversión.

La estrategia se centró en el estímulo a la inversión privada, la inversión pública, con respecto a la inversión total pasó de 41.7 % en 1950 a 35.5 % en 1970. Paralelamente, el gobierno apoyó a la inversión privada mediante el consumo gubernamental, el cual pasó de representar el 5.4% en 1950 a 9.7% en 1970 de la demanda total. En tanto que la inversión privada sobre PIB subió de 8.2% en 1950 a 12.7% en 1970. A través de esta política, se logró un crecimiento económico acelerado, centrado en la industria y con precios estables.

La política fiscal se caracterizó por una recaudación impositiva baja; la política de inversiones se dirigió a obras de infraestructura y a sectores estratégicos en apoyo a la industrialización.

A partir de 1955 la política cambiaria consistió en mantener estable el tipo de cambio del peso mexicano con respecto al dólar; de esta manera la sobrevaluación creciente del peso en el período comprendido entre 1955 y 1970 subsidió la importación de bienes de capital. Se establecieron tarifas arancelarias bajas y controles a la importación. La política industrial se basó en exenciones fiscales y subsidios gubernamentales.

Sin duda, el período del desarrollo estabilizador fue exitoso en cuanto a los objetivos que se propuso; empero, dejó sin resolver y agudizó un conjunto de problemas estructurales de la economía mexicana.

La disminución de la inversión pública en fomento agropecuario (pasó del 19.3 % en 1950 a 13.4% en 1970, como porcentaje de la inversión pública total)  contribuyó a un estancamiento paulatino en la tasa de crecimiento del producto agrícola, la cual cayó de 8.3 % promedio en el período de 1946 a 1951, a 3.1 % en 1965-1970. Como la población creció a un 3.4% promedio anual de 1965 a 1970, México se vio en la necesidad de incrementar las importaciones de alimentos. La tasa de crecimiento media anual de las importaciones de bienes de consumo agropecuario en este mismo período fue de 28.8%.

Por otro lado, como producto del esquema de desarrollo adoptado, la distribución del ingreso se concentró. En 1958 el 63.6% del ingreso se encontraba en manos del 30% de las familias; para 1970 su participación era del 66.3%.

La estructura impositiva de baja recaudación produjo el crecimiento de la deuda pública; ésta pasó de 4.8% en 1960 a 12% en 1969 con respecto al PIB. La sobrevaluación del peso castigó al sector exportador, los estímulos al capital desestimularon el uso intensivo de la mano de obra, y adicionalmente el proceso de industrialización creó una fuerte dependencia tecnológica del exterior.

El régimen del Presidente Luis Echeverría encontró la economía mexicana, en 1970, con los problemas que se han señalado. Se decidió, entonces, revertir la tendencia concentradora del crecimiento, fortalecer la inversión pública e incrementar los gastos gubernamentales en fomento agropecuario y desarrollo social.

En función de los márgenes de endeudamiento alcanzados, no se consideró conveniente financiar esta política únicamente por medio de empréstitos, por esta razón se propuso la reforma fiscal de 1970-1971. Sin embargo, el sector privado rechazó esta medida. El gobierno renunció a la misma, pero mantuvo la firme decisión de expandir el gasto público. Subsecuentemente la deuda pública sobre PIB aumentó de 11.8% en 1970 a 21.9% en 1976, en tanto que el financiamiento al sector público pasó del 40.4% en 1971 a 75.59ó en 1975 como porcentaje del financiamiento total otorgado entre sectores. 

El financiamiento concedido por la banca pública, incluyendo Banco de México, en relación al concedido por la banca privada pasó de representar 45.7% en 1970 a 254.3% en 1976. De la misma forma, los créditos del exterior contraídos por el sector público respecto al total de créditos contraídos por México pasaron del 26% en 1970 al 137% en 1976.

Se expandió la base monetaria y el gobierno se financió vía encaje legal. El crecimiento promedio anual de billetes y monedas fue de 26.5 % en el período; la proporción de billetes y monedas a cheques pasó del 69.9% en 1970 al 106.6% en 1976. El encaje legal pasó de 32% en 1972-1973 a 38.5% en 1974-1975.

Como consecuencia de esta enorme expansión de los medios financieros destinados al sector público, este sector incrementó su importancia relativa en la economía, desestabilizando, a su vez, los precios. La participación de la inversión privada en la inversión fija bruta total cayó de 74.2% en 1971 a 58.1 % en 1975.

Por otra parte, la inflación promedio anual de 1971 a 1976 fue superior al 13.8%, comparada con una inflación promedio de sólo 4%, para el período de desarrollo estabilizador de 1955-1970.

La inflación fue producida por varios factores; entre los más importantes, de origen interno, destacan tanto la transferencia de recursos financieros del sector privado al público, y por ende, de inversión productiva de corto plazo a gasto inflacionario e inversión de largo plazo, como el incremento de la oferta monetaria. El producto interno bruto creció a menores tasas en el sexenio 1970-1976 (4.5% anual), que en el período 1955-1970 (6.3% anual) como consecuencia de la disminución en la inversión productiva de corto plazo.

La inflación acelerada de 1971 a 1976 incrementó, rápidamente, la sobrevaluación del peso y las expectativas devaluatorias. La proporción de la captación en el sistema bancario en moneda extranjera subió del 4.3% en 1970 al 13.3% en 1976, en tanto que en 1976 la cuenta de errores y omisiones de la balanza de pagos refleja una salida de capitales de 2,391 millones de dólares. México se enfrentó a su primera crisis financiera y de confianza de las últimas tres décadas.

Cuando el Presidente José López Portillo inicia su mandato encuentra dos problemas fundamentales: estabilizar financieramente al país y restablecer la confianza. Sus respuestas son el respeto del acuerdo inicial con el Fondo Monetario Internacional, la Alianza para la Producción y una política posterior de crecimiento económico basado en la esperanza del petróleo.

 


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