La economía campesina y el maíz
Miguel Angel Díaz Cerecer
"Cada familia campesina individual es casi autosuficiente; produce directamente
la mayor parte de su consumo y adquiere así sus medios de vida más a través del
intercambio con la naturaleza que en su relación con la sociedad".
Carlos Marx
Este artículo forma parte del capitulado de un trabajo sobre la estructura
productiva de la agricultura mexicana terminado en el año de la Ley de Fomento
Agropecuario y que con paciencia campesina espera su publicación. Centra su
estudio en una de las especificidades de nuestras economías campesinas: la que
privilegia la organización de los factores productivos para la producción de
maíz. Bajo esta presentación se pierde el armazón analítico global y la
información que lo sustenta. Empero, nos mueve a publicarlo la confianza en que
el lector, apoyado en la abundante bibliografía sobre el tema,1 sabrá ubicar en
el contexto de la problemática del agro las conclusiones implícitas.
Los productores de subsistencia son un sector de la oferta agrícola que no
encaja suave ni forzadamente en las reacciones típicas de comportamiento de los
empresarios capitalistas; este fenómeno obliga a estudiar con algún detenimiento
sus pautas de conducta y las características peculiares bajo las cuales
desarrollan sus actividades. Esto en manera alguna es ocioso; bastaría la
importancia del sector para otorgarle preeminencia, tomando en cuenta el número
de productores, la superficie que controlan y su contribución al abastecimiento
de dos productos estratégicos de la oferta nacional: el maíz y el fríjol. Sin
embargo, su importancia va más allá de lo que muestran las cifras; el sector de
subsistencia es el motor de una cadena transmisora que influye en las
características del mercado de trabajo: sostiene la competitividad de la
agricultura comercial de exportación; contribuye a la marginación urbana;
legitima el poder político; y ahora se le asigna la responsabilidad de la
autosuficiencia alimentaria y aquí es donde aparece la dificultad de precisar su
papel como clase que defiende sus intereses, pues como dice Marx, los campesinos
incapaces de asumir su propia defensa, buscan quien los represente y así los
salvadores saltan de todo el abanico de posiciones ideológicas, enconando la
discusión y oscureciendo el análisis. Resulta en verdad difícil eludir los
campos de la contienda, y todavía más permanecer ajenos a los dramas humanos que
en ellos se dirimen, enarbolando vergonzosamente la bandera de la neutralidad
técnica. Sirva de disculpa el que esta intromisión, entre combatientes tan
denodados, es obligada.
Una clasificación general de los agricultores los divide atendiendo al tipo de
actividades a que dedican sus esfuerzos en: a) de pura subsistencia; b) de
subsistencia predominantemente, con algunas ventas; c) comercial en gran parte;
y d) totalmente comerciales. Como en toda tipología surgen dificultades
prácticas a la hora de tratar casos reales e incorporarlos en el esquema,
dificultades que comúnmente se resuelven con subclasificaciones en cada grupo,
manejando conceptos tales como marginales, submarginales, rentables, empresa
familiar, gran empresa, etc. Aquí para eludir la imprecisión se utilizarán las
categorías de mercado y de empleo de trabajo asalariado. Encontramos así dos
formas básicas de producción coexistentes en el campo mexicano: las economías
campesinas, también llamadas de subsistencia, y el sector comercial o
capitalista.
Distinguen a la economía campesina las siguientes características: a) decisiones
productivas dirigidas a satisfacer las necesidades familiares con la dotación de
recursos de que disponen, mediante la producción centrada en dos o tres
productos integrantes de la dieta básica que conjugados aportan los elementos
calóricos y proteínicos mínimos para la sobrevivencia; b) generación de
excedentes de producción que, en las mejores condiciones, apenas rebasan las
cantidades requeridas para el consumo familiar; es decir, que la producción
comercializable no es superior al 50% de las cosechas obtenidas; c) el empleo de
mano de obra asalariada sólo ante circunstancias fortuitas y nunca como sistema
permanente; d) el uso de una tecnología basada en la energía biológica y
prácticas de cultivo con alta intensidad de trabajo, con un empleo muy débil del
capital; y e) combinación de los factores productivos caracterizados por ser
generadores de bienes de consumo inmediato y directo.
No obstante su aparente independencia las economías campesinas no son entidades
aisladas; se articulan con el sector capitalista de diversas formas que minan su
autonomía e inician el proceso de su descomposición. La resistencia que oponen a
su extinción está relacionada con la cantidad y calidad del recurso tierra que
detentan. Cuando las superficies de cultivo son suficientes y se encuentran
ubicadas en zonas de riego o buen temporal, con cosechas seguras e incluso con
la alternativa de dobles cultivos, adquieren una mayor flexibilidad para
resistir los embates del exterior y evadir las relaciones de intercambio
desigual, recurriendo a la diversificación de cosechas que otorga mayor tiempo
de ocupación a la fuerza de trabajo familiar, mejora la dieta y atenúa los
efectos de las fluctuaciones de precio y de rendimiento. Sin embargo, la
posesión de tierras de buena calidad acucia la voracidad de los empresarios
capitalistas por apropiárselas y se abre otra vía para su liquidación.
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