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Las formas de la violencia y la teoría monetaria
Aglietta, M., Orléan, A.: La violence monétaire. París, Presses Universitaires de France. 1982.


"No existe en el orden del mercado ninguna otra naturalidad que la de la violencia adquisitiva. Es el análisis de ésta el que permite comprender cómo se constituye la sociedad mercantil y no la búsqueda arbitraria de un principio de coherencia exterior al cambio mismo".

M. AgIietta, A. Orléan: La violence monétaire.


La cita que precede a este texto constituye una afirmación que sorprende por el cambio radical de paradigma y de instrumentos que propone para analizar la sociedad presente. Tanto el principio del valor-trabajo como la construcción axiomática del valor subjetivo, según los autores arriba mencionados, quedan en ese campo externo al intercambio mismo y son rechazados de entrada por su discurso, como ejes de la comprensión de las relaciones sociales mercantiles. Ambas posiciones equivalen a postular una socialización previa al cambio. Ellas afirman una homogeneidad-racionalidad anterior al intercambio, el cual se supone es el encargado de efectuar dicha socialización.

El mecanismo que realiza la coherencia de las decisiones individuales, de manera que cada una de ellas responda a la reproducción del conjunto, es preestablecido. La construcción de la socialidad, del proceso de socialización, es obviada.

Es esa construcción la que es emprendida por Aglietta y Orléan. El punto de partida no será la noción de valor-mercancía sino la reflexión sobre el contenido teórico de la moneda. Pero, y aquí otra sorpresa por venir de economistas, esa reflexión no significará para los autores tomar una tercera vía hacia la construcción de una nueva economía política. Para ellos, el estudio de las relaciones monetarias es el hilo conductor de una investigación sobre los mecanismos imprevisibles de la violencia humana, fundamento último de las sociedades mercantiles, que considera a toda economía política como expresión mistificadora de la realidad profunda de las mismas: la violencia adquisitiva. La gestación de la moneda es, pues, identificada con el proceso de constitución de esas sociedades mercantiles. Y sin embargo, poco es lo que sabemos de la institución monetaria, fuera de sus definiciones empíricas o instrumentales.

La economía política en general parte de la elaboración de una teoría del valor para comprender el cambio, y en particular el intercambio entre la moneda y los bienes. Pero sobre esta base se levanta la dificultad esencial de la teoría monetaria. Ella consiste en cómo introducir la noción de dinero como instrumento de circulación en la economía política, respetando al mismo tiempo dos exigencias lógicas:

-- que el concepto de moneda no sea agotado en la misma noción de mercancía-valor, siendo la moneda nuevamente percibida mediante definiciones operatorias tan sólo. La moneda estaría ausente como concepto teórico particular.

-- que la noción de moneda sea coherente con la mercancía; que la moneda no sea excluída del campo del valor, pero sin poder ser calificada de mercancía.

Hasta ahora, para los autores, habría que reseñar en este terreno, sólo intentos fallidos.

La vía keynesiana de la determinación monetaria, al igual que los trabajos sumamente estimulantes de Bemard Schmitt y Carlo Benetti, que dejan de lado la teoría del valor-mercancía, resultan también insatisfactorios para los autores, puesto que esos desarrollos siguen presuponiendo una substancia social en la que previamente los comportamientos individuales se hubieran impregnado. El acto del cambio es "purificado" de su naturaleza conflictiva vital. Aglietta y Orléan sostienen, por el contrario, que el cambio es el vehículo esencial de la vocación destructiva de toda relación social.

Exorcizar, administrar esa vocación será el papel de la institución monetaria. El cómo y el por qué forman el contenido teórico de la moneda. A ello está dedicada la primera parte de la obra que aquí presentamos. La segunda parte es consagrada a poner a prueba el poder explicativo de la teoría. Se analizan históricamente la fragilidad de las bases del orden monetario y de las relaciones que entre la moneda y el trabajo se entretejen desde la Edad Media. Se destaca el estudio de los procesos que conducen a la destrucción de la soberanía de la moneda, recurriendo al caso de la hiperinflación alemana de los años veinte. Finaliza la obra con el debate contemporáneo en torno a la moneda, con un análisis exhaustivo de la política económica de los Estados Unidos.

El desarrollo teórico de nuestros autores se inicia, pues, con la constatación de que la moneda no es un concepto de la teoría económica contemporánea, punto de partida tomado de los trabajos particulares de Bernard Schmitt y CarIa Benetti, principalmente. Con todo, la definición conceptual de la moneda en Aglietta y Orléan parte de una interpretación original de las formas del valor desarrolladas por Marx, despojadas de sus referencias a la teoría del valor-trabajo incorporado, y cruzada con la lectura fundamental de los trabajos antropológicos de René Girard autor éste que coloca la violencia y las instituciones que sobre ella se han erigido con el fin de administrarla, jamás eliminarla, en el fundamento de la existencia de las comunidades humanas.

De acuerdo a lo anterior, la contradicción entre valor de uso y valor de cambio, la mercancía, es expresión de una relación humana fundamental el deseo de ser reconocido socialmente.El carácter esencialmente incompleto del individuo determina que su relación con los demás sea un constante esfuerzo por llenar este vacío; La relación social, en su sentido más general, será aquélla que manifieste esta intención de apropiación incesante, es decir, la captura.

Por ser el reconocimiento social el objeto del deseo, éste no puede ser satisfecho sino a través de otro que se encuentra en la misma situación: desear ser implica imitar el deseo del otro, o bien por la misma acción de imitación, acaparar lo que el otro tiene. Pero con ello se mutila e impide la realización del deseo de ese otro, pues de sujeto pasa a ser objeto; la reacción contra esta mutilación lo transforma en rival. Este último es pues modelo y obstáculo a la vez.

El valor de uso vendría a ser el objeto designado por el rival como el objetivo del deseo del sujeto. El valor de cambio sería el obstáculo que el rival interpone al deseo adquisitivo del sujeto. Cuando la relación se invierte y el rival es percibido como sujeto, tenemos una contradicción que impide que el deseo adquisitivo pueda realizarse sobre el objeto que separa al sujeto del rival. En ese momento, el enfrentamiento busca la apropiación directa de la persona del otro. Estamos frente a una violencia esencial, cuyo desenlace es la destrucción, la muerte.

La viabilidad de una sociedad reposará, entonces, en su capacidad para canalizar ese deseo de ser hacia el acaparamiento de objetos, en mantener la distancia entre el valor de uso perseguido y la persona del rival que lo posee. Las sociedades mercantiles o "económicas" son las que, por tanto, logran conjurar la violencia más eficazmente.

El acto del intercambio aparece en una relación ternaria a los sujetos del mismo, siendo su función la de expulsar la violencia y reafirmar legitimidad de la institución mediadora, la moneda.

La violencia esencial de la pareja aislada, sobre la base de la relación ternaria sujeto-objeto-rival, adoptará formas diferentes, siempre violentas, pero que tenderán a expulsar la violencia inicial, ella sí irreductible, substituyéndole por otras posibles de administrar. Las diversas formas de la violencia son las que darán el contenido teórico a las funciones de la moneda.

La moneda como medio de circulación, como reserva de valor y como unidad -de cuenta, nos remite en cada una de esas formas a una expresión particular de la violencia social: la violencia esencial, la violencia recíproca y la violencia unánime. La brevedad del espacio de esta reseña sólo nos posibilita señalarlas. El tratamiento de su pertinencia teórica es una invitación a la lectura de la obra. Aquí sólo adelantamos la promesa de un trabajo sumamente estimulante.
 

Raúl Conde Hernández

 


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