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Las semillas mejoradas y la seguridad alimentaria1 Blanca Suárez Investigadora del Centro de Ecodesarrollo. David Barkin Profesor-investigador de la UAM-X. Introducción El uso generalizado de las semillas mejoradas en la agricultura mundial, brindó la posibilidad de aumentar la producción, a través de incrementos significativos en los rendimientos por hectárea sembrada; también propició una mayor diversificación de la oferta agrícola al suministrarse nuevas variedades de semillas que aumentaran la rentabilidad de especies adicionales. No obstante, los logros en los volúmenes de producción obtenidos por la utilización de este insumo, ocasionan distintos problemas, ya que no es fácil seguir aumentado su productividad y su propagación so pena de poner en peligro la diversidad genética, cuestionando los actuales sistemas de conservación y planteando la duda sobre su destino y propósito. En síntesis, el auge de las semillas mejoradas se relaciona con el futuro del suministro de alimentos y, por tanto, afecta a la sociedad en su conjunto. Durante varias décadas, la tecnología en genética de semillas avanzó a gran velocidad, logrando cada vez un mayor número de variedades de reconocido y abundante rendimiento. Con esta misma rapidez, posteriormente se empezaron también a identificar numerosos problemas en torno a la tecnología de la Revolución Verde. Entre ellos podemos destacar el relativo a la erosión de los Centros de Diversidad Genética, que implica, como veremos más adelante, un proceso de desplazamiento y eliminación de las variedades locales primitivas que contienen estos Centros. Así, en la medida que las variedades tradicionales se sustituyen por las producidas: en los Centros de investigación de mejoramiento y/o en los laboratorios de las empresas tras nacionales (ET), se contribuye en diverso grado a reducir la riqueza de la diversidad genética, limitándose cada vez más el potencial alimentario que ésta representa para las futuras generaciones. La semilla mejorada es un insumo estratégico en la agricultura. Hasta ahora, se ha dejado principalmente al manejo de los especialistas en ( genética, bajo la dirección y orientación de las corporaciones transnacionales, o de los centros de investigación del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR). Sin embargo, la semilla como factor de suministro de alimentos se convierte en campo de debate de la sociedad y de la técnica. En la actualidad dicho debate se recrudece en la medida en que el tema de los requerimientos alimenticios cobra mayor importancia frente a las dificultades de abastecimiento y producción de los países del Tercer Mundo. Es precisamente con el futuro de la producción de semillas y la conservación adecuada de éstas, donde convergen buena parte de los aspectos que se relacionan con la seguridad alimentaria; es decir, con la capacidad de cualquier país para preservar sus recursos y proporcionar los niveles alimenticios que demanda la sociedad. Día con día se observa un mayor distanciamiento entre los métodos, seguidos para cubrir las necesidades alimenticias y los estilos tecnológicos de cómo realizarlo. Así, la producción de alimentos está íntimamente vinculada con el mercado, la rentabilidad o la ganancia; mientras los, técnicos genetistas se interesan más por crear o reproducir variedades de semillas mejoradas para responder a nuevos y más costosos métodos de cultivo. El desarrollo y uso de las semillas mejoradas significa un estilo tecnológico de cómo y bajo qué condiciones se impulsa la agricultura. Al proporcionarse la investigación tecnológica, la utilización de semillas y las nuevas técnicas para producir han llevado a un uso más intensivo de capital por unidad de tierra, provocando un alto grado de especialización y homogeneización de las cosechas. Las semillas forman parte de un paquete tecnológico (agroquímicos y maquinaria) que tiene una importancia crucial. Su incorporación a la agricultura contribuyó a determinar cambios de gran magnitud. Estos se muestran en cuatro sentidos principalmente: en los sistemas de trabajo, en los productos cultivados, en las relaciones sociales de producción, yen la diferenciación entre los productores agrícolas. En el primero, al proveer Y desarrollar nuevas tecnologías que modifican la organización de la producción; en el segundo, cambiando la rentabilidad relativa de distintos cultivos, afectando la oferta de éstos e indirectamente sus precios en mercados nacionales e internacionales; en el tercero, reestructurando la forma en que se realiza el trabajo productivo en el campo; y en cuarto lugar, productores que están privados de acceso a la tecnología al no tener disponibilidad financiera o crediticia. Por todo esto, como señala una amplia literatura internacional, el paquete en su conjunto ayuda a acentuar la diferenciación económica y social del campo, marcando distintos niveles en la producción e ingreso de los agricultores. Además, los fondos Y recursos económicos disponibles por el Estado o las empresas para la investigación agrícola, se han orientado preferentemente más a la obtención de variedades que responden adecuadamente a nuevos y más costosos sistemas de cultivo, que permiten elevados rendimientos y posibilitan a la nueva tecnología seguir desarrollándose. Como consecuencia, son contados los esfuerzos para elaborar tecnologías alternativas para los sectores mayoritarios de la agricultura. Así, las semillas representan un factor que contribuye a una profunda transformación en la racionalidad del proceso productivo. La elección o uso de determinada semilla implica no solamente producir un bien determinado; ahora la decisión está más vinculada a otros factores, al nivel de rendimientos de las distintas variedades, a su tamaño y calidad, al tipo de mercado, a los precios relativos, a la demanda, etc. Es decir, en su elección influye más la lógica de la rentabilidad económica, determinada, aun en el caso de un agricultor individual, por las tendencias en el mercado mundial como consecuencia de la creciente inserción del campo al sistema capitalista. Así, mientras se avanza con este estilo tecnológico de apoyo a la agricultura, paralelamente se van erosionando los centros de diversidad genética en la medida que se sustituyen, desplazan o se pierden las especies y las variedades de plantas o semillas (criollas) que contienen estos centros. En este artículo se plantean las causas que originan esta erosión, así como el papel que desempeñan los diversos participantes en este proceso. Los aspectos anteriores se encuentran estrechamente relacionados con el proceso de privatización de la producción de las semillas, que se observa sobre todo a partir de la última década. Nuestro análisis tiene cuatro partes: se aboca, en primer término a, destacar la relación que tienen los centros de diversidad genética y a los bancos de germoplasma con el futuro alimentario, en la medida que bajo su amparo se encuentran los recursos genéticos que permiten proveer alimentos a la población mundial. En segunda instancia, examina la estructura productiva de la industria de semillas a nivel internacional y cómo ésta se impulsa y desarrolla a partir del estilo tecnológico que promovió la "Revolución Verde". En tercer lugar, se analizan las principales características de la industria de semillas en México, así como la incidencia de las empresas transnacionales sobre este sector. Por último, se presentan algunas reflexiones sobre el futuro de la seguridad alimentaria, centrada en varias propuestas sobre el tema que se examina. |
| 1Este artículo forma parte de un proyecto más amplio sobre la transformación del sector agropecuario y alimenticio mexicano que viene desarrollando el Centro de Ecodesarrollo durante varios años. Para mayores detalles sobre el tema de las semillas mejoradas véase David Barkin y Blanca Suárez, El fin del principio: Las semillas y la seguridad alimentaria. México: Editorial Oceano y Centro de Ecodesarrollo, 1983. |
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