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La escena económica y social de la región del Bajo Balsas
Federico Novelo y U.
Profesor Investigador del Depto. de Producción Económica de la UAM.

I. Los ejes del progreso

1. El impulso económico que en los últimos 15 años ha recibido la región del bajo Balsas es resultante de la convergencia de, por lo menos, dos iniciativas encaminadas a la búsqueda de la explotación de los recursos ferríferos de Las Truchas. La primera, se remonta a 1937, está cuando el general Lázaro Cárdenas creó una comisión intersecretarial para promover el desarrollo de la región. La gestión del expresidente Cárdenas desde las comisiones del Tepalcatepec y del Balsas, da clara cuenta de dicha preocupación, expresada en importantes inversiones, tanto en formación de capital, como en la ampliación de la cobertura de servicios asistenciales y educativos; tanto en comunicaciones, como en la promoción  directa de actividades productivas. Por otro lado, la iniciativa que converge con la de desarrollo regional, se  expresa en la preocupación del gobierno federal por dar respuesta a los graves problemas que representó para la balanza de pagos del país la importación de acero durante la segunda mitad de los años sesentas, en el marco de un estilo de crecimiento que se consideró inalterable y en el cual el consumo de acero es fundamental. Es claro que esta convergencia fue resuelta a través de inversiones federales, de tal suerte que la promoción del desarrollo regional fue adquiriendo un rango de prioridad infinitamente menor al que se asignó a la producción siderúrgica, dentro de una óptica que los fue convirtiendo en excluyentes.

En virtud del carácter hegemónico de la concepción anterior es importante describir, a grandes rasgos, las características del estilo de crecimiento que se impulsaba y, dentro del cual, se promovió el despegue económico regional.  

El origen del estilo de crecimiento citado se encuentra en la interrupción y abandono del proceso de sustitución de importaciones que alentó la indutrialización nacional, así como la expansión del mercado interno. La incorporación de grandes contingentes de trabajadores del campo y la ciudad al consumo de bienes producidos por la industria ligera mexicana caracterizó la etapa de sustitución de importaciones de la siguiente forma:

a) La demanda interna de bienes de consumo básico dinamizó al sistema económico.

b) La rama de manufacturas, respondió a dicha demanda,

c) El principal problema consistió en que las importaciones de medios de producción se financiaron con la exportación creciente de bienes de origen primario y con el endeudamiento externo, también creciente.

Este arranque industrial del país se origina en los efectos que la crisis del mercado mundial, desde 1929, produce en las relaciones comerciales con el exterior. El más notorio de dichos efectos se expresó en la imposibilidad de realizar las importaciones de bienes de consumo que demandaban las capas de mayor ingreso de la sociedad mexicana.

El establecimiento de la planta industrial ligera, mánufacturera, exigió la ampliación de la demanda interna por la vía de la implantación de políticas distributivas del ingreso (reparto agrario, satisfacción de demandas económicas sindicales, ampliación de la ocupación en dependencias oficiales, etc.), con lo que la realización de fa oferta industrial local se hizo descansar en el consumo de los trabajadores, sin que la calidad, el monto y el precio de dicha oferta le permitiera alcanzar competitividad en el mercado externo.

Paralelamente, el periodo crítico del mercado mundial se amplió considerablemente, pasando de los efectos del 29 a la situación de preguerra y, posteriormente, al estallido y' desarrollo de las guerras mundial y de Corea, generando los siguientes efectos:

a) Un crecimiento sostenido de la demanda mundial de bienes de origen agro pecuario.

b) Un incremento considerable de la ocupación y los ingresos en los países beligerantes que, por el desarrollo de las economías de guerra, fue dirigiendo la satisfacción de la demanda fundamentalmente de bienes de consumo duradero.

c) Un cuerpo de innovaciones tecnológicas, originado en la industria militar, que sin graves problemas pudo adecuarse a la economía de paz, convirtiendo a las ramas receptoras en las más dinámicas de la producción industrial.

La superación de la larga etapa crítica, dio origen a un orden económico mundial totalmente distinto al que le precedió, en el que la hegemonía económica, política y militar de los Estados Unidos se hace patente desde el establecimiento de un nuevo patrón monetario internacional, hasta la exportación de capitales; desde la definición de un mundo capitalista con contornos precisos, hasta la implantación detallada de la distribución internacional de la producción y el trabajo.

Por su parte, México no realizó grandes avances en el proceso sustitutivo de importaciones, al no rebasar la producción manufacturera ligera. La inexistencia de una clase empresarial en sentido estricto; las variaciones de política económica y social que, en lo sustantivo, desalentaron la ampliación del mercado interno y la reducción considerable de la demanda externa sobre las exportaciones, conformaron los más importantes cuellos de botella para la continuación del proceso sustitutivo de importaciones. Ello, sin embargo, no frenó la industrialización del país. Simplemente la subordinó a los nuevos requerimientos internacionales.

La demanda diferida de la sociedad norteamericana se expresó brutalmente al término de las crisis, propiciando un acelerado ajuste de las innovaciones de la industria bélica a la producción de bienes de consumo durable. La cercanía a una situación de pleno empleo, durante las guerras, pudo sostenerse en la etapa posterior por el gran aliento que una alta demanda efectiva dio a las inversiones.

La condición que exigió el proceso de acumulación en esta etapa fue la diversificación de la oferta industrial, como mecanismo para asegurar su realización. De tal condición se origina que gran parte de los bienes de inversión (medios de producción) sean obsoletos antes de amortizarse. Los niveles de competencia que exige el mercado norteamericano determinan ritmos de inversión tan acelerados como los que operaron durante las guerras, obligando a una sustitución ininterrumpida de los medios de producción. Esta circunstancia lleva a los empresarios norteamericanos a buscar mercados en los que el ritmo de acumulación no entorpeciera el proceso de amortización de sus bienes productivos. Este proceso puede explicarse como de exportación de una tecnología de segunda mano, capaz de producir los bienes demandados en el capitalismo desarrollado hacia realidades económicas y sociales considerablemente rezagadas.

Es así como la economía nacional experimenta una sacudida de gran magnitud, al ser receptora de inversiones externas que imponen un nuevo cuerpo de valores al consumo de la población. La aplicación previa del mercado interno, encaminada a realizar la oferta de una planta industrial básica, se refuncionaliza para permitir la producción de bienes de consumo duradero que, en un lapso considerablemente breve, conforma las actividades más dinámicas de la producción industrial.

El estilo de crecimiento resultante se caracteriza por la profundización del consumo con lo que se compensa la reducción del mercado. Así se tiene, a mediados de los años cincuentas, una escena económica y social cuyas características fundamentales,

a) La continuación de la demanda interna, como fuerza dinamizadora del sistema económico, con la peculiaridad de corresponder a los requerimientos de las capas sociales de ingresos medios y altos.

b) La modificación respecto a la actividad productiva que responde a la demanda interna, al ocupar el lugar de la industria manufacturera ligera, la producción de bienes "pesados" de consumo duradero, (automóviles, línea blanca, aparatos eléctricos, etcétera).

c) La contradicción característica del estilo, y que originó el acelerado proceso de concentración que se ha verificado en el país desde esos años, es la que se establece entre el nivel medio de ingreso de nuestra sociedad y el precio de los bienes de consumo duradero. La realización de esta novedosa oferta industrial ha descansado en la aplicación puntual de políticas que son contrarias a la distribución del ingreso.

En relación con el análisis estrictamente económico, las nuevas actividades industriales de punta fueron aquella que operaban con el más alto efecto multiplicador, se alentaba así no sólo el incremento del ingreso, sino también a una planta productiva proveedora de insumos con los que se satisfacía el consumo de los inversionistas y el de los trabajadores. Por otro lado, el dinamismo con que operan estas industrias, por la introducción de tecnologías que reducen los tiempos de producción y trabajo contribuyen a disminuir el tiempo de circulación, para que la transformación y realización del capital tuviera una acelerada rotación, y permitiese una mejor integración de los mecanismos 'de financiamiento de la producción y del consumo, así como de aliento a la obra pública y explotación de recursos que se vinculen con el consumo del bien producido. Si se consideran los efectos en ocupación directa e indirecta en las distintas actividades, es evidente que la industria automotriz estuvo llamada a jugar el papel fundamental en este nuevo esquema. Con su dinamización se explica buena parte del desarrollo carretero del país frente al notorio estancamiento del resto de las comunicaciones: para financiamiento de consumo, el sistema bancario que operó en el país destinó recursos superiores para el financiamiento de adquisición de vivienda, durante más de quince años (1955~ 1970); para su producción y consumo se incrementa notoriamente la explotación de petróleo y la producción de sus derivados y, por último, una alta proporción de la oferta siderúrgica nacional se destina a la industria automotriz.

Si se conoce la magnitud y destino del gasto público durante estos años, es claro que la otra "rama" extraordinariamente dinámica, al inicio de los años setentas, es la de la construcción.

Es indudable que los factores que alientan el establecimiento de una planta siderúrgica en la desembocadura del Río Balsas están determinados por el hecho que coloca a las actividades de mayor consumo de acero, como las más dinámicas de la economía del país, habida cuenta de lo reducido de la oferta nacional de este bien intermedio, en una etapa de expansión de la demanda que se resolvió en la recurrente importación de acero, en volúmenes crecientes.

A reserva de analizar con mayor detalle las características y efectos de la producción siderúrgica en la región, hasta aquí importa destacar que se trata de la más importante actividad productiva aún cuando sus efectos regionales no sean tan positivos como es deseable y posible.

2. La otra actividad motriz que se desarrolla en la región es el turismo.

Esta actividad, esencialmente alentada por la demanda externa, ha entrado en una etapa de auge a raíz de circunstancias sucesivas que, además de corresponder a una sustitución de regiones de servicio está íntimamente vinculada con el reciente impulso a la obtención de divisas, por caminos distintos al endeudamiento. No es, como se pretende demostrar, una tarea ajena al cuerpo de funciones que, en el esquema de subordinación, realiza buena parte de la economía del país.

Hasta el inicio de los años sesentas esta actividad, practicada por nacionales, tuvo una pobre significación, tanto en las inversiones que atraía como en el monto de beneficios que generaba. El acaparamiento y la especulación inmobiliaria que se desarrolló por gestión del gobierno y para beneficio de altos funcionarios e inversionistas norteamericanos en los lugares de mayor atractivo natural, conformó el grueso del movimiento económico en estos lugares, siendo notorio el caso del puerto de Acapulco. La Revolución Cubana y la supresión, que de ella se derivó, de un centro de esparcimiento para el turismo norteamericano tuvo, sin duda, un efecto importante en la promoción de servicios turísticos en México.

La decisión de impulsar la oferta de servicios turísticos en la región de Ixtapa, correspondió a la misma administración federal que financió el despegue industrial de Lázaro Cárdenas, a partir de la idea de buscar un incremento importante en los efectos multiplicadores de dichas inversiones, toda vez que los espacios receptores eran zona verdes, cuya acelerada conversión en centros urbanos, se esperó, alentaría el surgimiento de actividades productivas, ya para eslabonarse con la oferta siderúrgica y de servicios hoteleros, ya para atender la demanda de los nuevos grupos de asalariados e inversionistas y, en el caso de Ixtapa, la de los turistas.

En buena medida, la estrategia se expresó con excesiva simpleza: La inversión pública, la derrama en salarios y la atracción de trabajadores y turistas, conformarían los elementos propiciatorios para atraer nuevas inversiones que, eventualmente, posibilitaran la traslación intersectorial de la función motriz que,en el despegue, estaba representada por la siderúrgica y los hoteles. La respuesta privada ha sido bastante menos que puntual y la dinamización del sistema económico regional, cuando se ha mantenido, no tiene más origen que el incremento del gasto público, tanto en la constitución de nuevas empresas industriales, como en el financia miento de la oferta creciente de cuartos de hotel.

La saturación del más importante centro turístico del país y de América Latina, obligó a buscar alternativas al puerto de Acapulco, en el mismo estado de Guerrero, en la costa grande. En dicha búsqueda se intentó establecer, a través de la planeación de los asentamientos humanos, una distancia respetable con los problemas sociales que existen en Acapulco. Las acciones fueron múltiples:

a) La Bahía de Zihuatanejo y su área inmediata de influencia, se expropiaron a favor de un organismo federal que, de acuerdo con un plan maestro, regularía la oferta inmobiliaria, urbanizando el área que, en calidad de patrimonio fideicomitido, se le asignó.

b) Se estratificó la región por medio de las características de la edificación y sofisticación de los servicios hoteleros, destinándose Ixtapa al establecimiento mayoritario de hoteles de primera clase, mientras los servicios de calidad distinta se han ubicado en Zihuatanejo. La devaluación del peso y la inflación, superior al índice promedio de la nación, se han encargado de convertir esta separación inicial de estratos sociales, en una separación de nacionalidades. Los servicios que se ofrecen en Ixtapa no están al alcance de la mayoría de los mexicanos, incluida buena parte de la clase media, aun cuando, paradójicamente, se han convertido en accesibles para un turismo extranjero de bajos ingresos, principalmente norteamericano.

La gestión inmobiliaria del gobierno federal, a través de FIBAZI, tiende a volcarse en contra de los propósitos que le dieron origen. Así, el encarecimiento del suelo urbano, por efecto del alto costo de la urbanización completa, ha ido desplazando de un supuesto mercado regulado a la mayoría de los solicitantes de tierra, ya que no cuentan con la capacidad de pago exigida. La disposición de crear una oferta para dichos estratos, en donde no existe servicio alguno, ni cercanía con el centro de distribución y servicios asistenciales y educativos, ha iniciado una respuesta popular, cuya expresión más lamentable es el surgimiento de asentamientos irregulares.

Finalmente, debe considerarse que la función principal que, desde el punto de vista de sus propios promotores, debiera desempeñar la actividad turística, y que se reduce a la captación de divisas, es, hasta la fecha, una función incumplida.

La integración de servicios de hotelería, restaurantes, alquiler de vehículos, discotecas, bares y transportación aérea en conglomerados, aunada al sistema de remesas a las matrices que practican, de tiempo atrás, las empresas tras nacionales del turismo y la industria, permiten que el dolar que ingresa al país, cosa que cada vez sucede menos por la operación exitosa de un número creciente de casas de cambio en los lugares de origen de los turistas, haga el viaje de regreso a los Estados Unidos, en un proceso al que los especialistas del sector definen como "el dolar de ida y vuelta".

Mucho mayor es el rezago que esta actividad motriz ha alcanzado en lo que toca a los efectos positivos que debiera generar en la región.


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