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América Latina y el sistema financiero internacional en las condiciones de la crisis del sistema de regulación monopólico-estatal.
Gregorio Vidal


l. La Crisis Financiera y la Crisis de Regulación

Durante los últimos años hemos sido testigos de la rápida emergencia de los problemas monetarios y financieros en las explicaciones sobre la crisis. En diversos tipos de publicaciones especializadas son éstos los que se nombran como los principales de las economías capitalistas. Así los actuales protagonistas son: inflación, la expansión  monetaria y crediticia; o en otras versiones, la quiebra del sistema monetario y financiero, la inexistencia  de un patrón monetario que rija las transacciones  financieras internacionales. Incluso, para el caso de América Latina la atención se concentra en las dificultades para pagar y renegociar la deuda externa y por tanto se identifican culpables: la banca transnacional.

En la prensa el espacio destinado a las informaciones financieras ha cobrado importancia y constantemente conocemos sobre el alza en la tasa de interés, la baja en el tipo de cambio, la fuga de capitales, el crecimiento del déficit estatal norteamericano y el inminente colapso financiero, en alguna ocasión debido a la retirada de los petrodólares, en otra por la suspensión en los pagos de América Latina, etcétera.

Súbitamente, tanto las tensiones propias al desarrollo capitalista, como las explicaciones que sobre ellas se dan, se concentran en este espacio. Otros campos como el de la producción quedan relegados a un segundo sitio, Sin duda hoy como en el pasado, las cuestiones monetarias son importantes y sin antes fue erróneo ignorarlas, en la actualidad lo es prestarles atención desvinculándolas del movimiento global del capital.

Se trata de un tema que es menester dilucidar acertadamente debido a que tiene en lo inmediato componentes políticos. Tal es el caso de la forma en que se conduce la renegociación de la deuda externa de varios países de América Latina en los años de 1982 y 1983. En esa ocasión, la línea de negociación de los gobiernos latinoamericanos con mayor peso en la región fue tratar de modificar los plazos de pago, sin hacer intervenir ningún otro elemento. En el presente año se incorporan tan sólo otros aspectos monetarios y financieros como intentar disminuir en algo la tasa de interés. En el plano de las propuestas, aquella que aparecen como más radicales se inclinan por la moratoria conjunta y, en todo caso, la reducción sustancial de los intereses que serían pactados a una tasa fija.

En otras versiones se busca explicar la propia crisis que padece la región desde 1982, principalmente como resultado del encarecimiento del crédito externo, de la caída en los precios internacionales de las materias primas, de la constante devaluación de nuestras monedas y de la fuga de capitales. Todos ellos son sin duda aspectos sobresalientes, pero aun así falta incluir otros más que podrían permitimos explicados mejor. Por ejemplo, considerar que el mismo capital financiero internacional es quien actúa en la zona por medio de la inversión extranjera directa y que nuestros países hay fuerzas sociales que impulsaron la entrada de ésta y la contratación de la deuda externa. Estas fuerzas lo hicieron así a pesar de las altas tasas de interés que existen. Igualmente aceptaron el deterioro en los términos del intercambio, y son también los Principalmente involucrados en la fuga de capitales.

A nuestro entender el problema es lograr establecer la forma en que se está reproduciendo el capital financiero. En el pasado, como hoy, ésta ha sido una cuestión delicada, pues el concepto ha sido interpretado por muchos como capital bancario o como capital concentrado y centralizado por la  banca y otras instituciones financieras, aun cuando después sea usado en otros ámbitos de la economía. Sin embargo, el propio desarrollo del capital nos indica que debemos proceder la investigación en otra dirección. Hoy más que nunca queda claro que una fracción del capital opera a la vez -con múltiples articulaciones- en la industria, el comercio, la agricultura y los servicios -incluidos los financieros. Dicho capital tiene un carácter monopólico y se apoya igualmente en toda la red de las finanzas públicas, las empresas estatales o en su caso en las formas que asume la gestión estatal en la economía. Este capital aparece bajo la modalidad de financiero y sólo porque el espacio del sistema  financiero involucra la operación de la economía en su conjunto, es que hace de éste uno en el que logra desdob1arse y presentarse en toda su complejidad.

De esta forma, el movimiento del capital financiero entrelaza profundamente las tendencias que operan en el campo de la producción con aquellas que conforman el ámbito del financiamiento. En el caso del  sistema financiero estaríamos privilegiando como punto central de nuestro análisis los cambios y contradicciones del mercado de capitales. Por tanto vemos a los capitales compitiendo con ellos mismos y por otro lado al capital en conjunto -según las fracciones por las que está integrado- imponiendo condiciones globales de explotación a la fuerza de trabajo.

Sólo así pueden ser comprendidos procesos como la inflación generalizada y acelerada, o el de la inestabilidad monetaria. En el primer caso vemos cómo al seno de una nación son impuestas condiciones de vida distintas a la clase obrera que la afectan en conjunto y que en años recientes permiten señalar una baja en el valor de su fuerza de trabajo. En el plano mundial, es un aspecto del reparto del valor entre los capitales de las diversas formaciones nacionales, por ahora afectando con mayor fuerza a aquellas que ocupan los lugares subordinados y dependientes en la cadena imperialista. Los movimientos en el tipo de cambio también participan en este proceso y pueden tener efectos desvalorizadores reales.

Sin embargo, para dejar bien planteado el sentido de nuestra propuesta, debemos aclarar qué entendemos por sistema financiero; sobre todo, de qué manera participa o deja de tener vigencia en el modo en que se constituye la ganancia general y, por lo tanto, cómo impulsa fuertemente el proceso de centralización y de desvalorización del capital, contribuyendo a la gestación de nuevas condiciones en la valorización; es decir, en la forja o recreación de contra tendencias que permitan enfrentar su caída.

Como adelantamos, el sistema financiero sólo es concebible considerando la  reproducción. Ello es así porque se encuentra integrado por aquellos procesos bajo los cuales se dan la moneda, el sistema crediticio, el mercado de valores y propiamente la circulación del capital financiero. Ello significa que quedan respectivamente incorporadas las po1íticas monetario-cambiarias, las bancario crediticias y las líneas de expansión de  los grupos financieros y el manejo de diverso que hacen de sus fondos. Por consiguiente, debido al tipo de procesos que lo integran, el sistema financiero y las formas como aparece el capital financiero no constituyen o componen cuerpo alguno, determinado y específico de la reproducción. Debe siempre considerarse la economía en su conjunto.

Además, en el momento en que observamos el sistema de crédito debemos reconocer que en rigor representa un aspecto del movimiento de este capital. Los resortes fundamentales que rigen el crecimiento del crédito no son, como en el pasado -en la segunda mitad del siglo XIX y los primeros lustros del actual-, el crédito comercial y la acumulación de la que éste emana. Por el contrario, son las transacciones interbancarias, los movimientos en la bolsa de valores, la circulación de títulos públicos, las fuerzas principales de su crecimiento. De esta forma, no es una magnitud de recursos que provisoriamente sea liberado de la acumulación y colocado en las instituciones financieras lo que le da su origen y determina su crecimiento. Igualmente la moneda es antes que nada moneda crédito, en la que éste último es quien rige su expansión. Incluso en el caso de la emisión de billetes, éstos se encuentran desligados de referencia alguna. En la actualidad no es ni siquiera la magnitud de las reservas internacionales la que condiciona la emisión monetaria o la circulación de mercancías en cada país capitalista. Por consiguiente, la tasa de interés que rige los mercados financieros no es determinada por una oferta y demanda  de capitales que sea exógena a éste. El nivel de ella es, por el contrario, uno  de los aspectos claves para explicar el crecimiento de las transacciones interbancarias y con ello de la magnitud de los capitales que se mueven en este espacio.

Así concebido el sistema financiero, los conflictos y tensiones que en época reciente suceden a su seno tienen que ver en buena parte

con las contradicciones que enfrenta la acumulación organizada bajo la hegemonía del capital financiero. La pregunta pertinente ante esto es por qué dicha reproducción se está logrando privilegiando la expansión bancaria o, en su caso, de otras instituciones semejantes que operan en el campo del mercado de valores, sin que a la vez suceda una ampliación semejante en intensidad de la inversión productiva.

Los grupos financieros asentados en las diversas naciones capitalistas desarrolladas mantienen su acción en el campo productivo, pero sin que ésta sea un aspecto importante de su expansión global. En cierta forma han concentrado su fuerza para lograr la ampliación del crédito, sin que ésta se corresponda con un aumento semejante de las inversiones para transformar la planta productiva. Esto es así, porque el campo del crédito y de la moneda están funcionando como un poderoso centralizador y desvalorizador de los capitales. Dicho proceso lo viven tanto aquellos capitales que operan en los países desarrollados, como los del mundo subdesarrollado.

En esta lucha abierta, la centralización y la desvalorización afecta también al capital financiero y en un sentido más vasto  al capital monópolico-estatal. Cuando años atrás, los problemas de valorización se hicieron patentes, algunos sectores del capital comenzaron a desarrollar diferentes formas para mantener condiciones aceptables de rentabilidad. Es la época en que la inflación comienza a ascender, aparecen las tendencias al proteccionismo, el patrón oro-dólar  -o lo que de él quedaba- es roto, los conflictos en torno al precio de las materias primas crecen. Todo ello significa que ante las dificultades de valorización, algunos capitales generan se constituye. En años mas recientes el campo privilegiado en que estas contradicciones se expresan es el sistema financiero. La centralización y desvalorización que desata -busca contribuir a modificar la estructura del capital, propiciando que aquellos capitales más poderosos tengan las magnitudes adecuadas para llevar adelante la reproducción ampliada por un período largo. Además de ello, las tendencias que observamos en el sistema financiero son también desvalorizadoras de la fuerza de trabajo. Esto es otra condición para abrir nuevas posibilidades a la acumulación.

Por tanto, el sistema financiero, al ser un elemento clave para observar  la evolución del mercado de capitales, es uno de los sitios –o el sitio- en que se está expresando con mayor intensidad la crisis del sistema de regulación. Por consiguiente, el problema del encarecimiento de la deuda externa  de América Latina, como antes hemos  indicado, es uno de los aspectos de esa crisis de regulación, uno de los modos en que se está dando la lucha abierta, entre los capitales, por modificar las condiciones de valorización. Los datos más realistas nos revelan que en ningún sentido la resolución a la crisis está cerca, por ello enfocar, de la manera que aquí proponemos, las cuestiones como la de la deuda externa es sumamente importante.

Cuadro No. 1
OCDE: producto interno bruto, inflación y
desempleo(Tasas Anuales)

 

1962-72

1973

1974

1975

1976

1977-79

1980

1981

1982

1983

PIB

5.0

6.1

0.7

-.05

5.3

3.6

1.3

1.2

-.5

2.2

Precios al consumidor

3.7

7.8

13.4

11.3

8.6

8.9

12.9

10.6

8.0

5.3

Desempleo *

3.0**

3.2

3.5

5.2

5.3

5.2

5.8

6.8

8.5

8.3

*Porcentaje.**Año 1968-1972
FUENTE: OCDE: Main Economics Indicador, varios números.



 

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