Consideraciones sobre los límites del análisis
del cambio en Platón y Aristóteles
L. Federico Manchón.
UAM-X
Introducción
En este artículo nuestra atención no se dirige al análisis de las condiciones
históricas de aparición del excedente 1 -lo que remite al problema de la
transición de las comunidades a las sociedades de c1ases-, ni a las diversas
formas sociales de extracción directa del excedente -lo que remite al problema
de la diversidad de formaciones económico sociales precapitalistas. Tampoco nos
interesa aquí el desarrollo de la sociedad en la que la explotación se realiza
mediándose por el cambio, aunque lo que tratamos de abordar se vincule a la
tarea de desentrañar el funcionamiento del capitalismo.2
Nos preocupa ahora cómo el cambio ha impactado a una comunidad en disolución -la
polis griega- y cómo han sido percibidos y conceptualizados -tanto el cambio
como su impacto en la comunidad- por Platón y Aristóteles. Si hubiera que
generalizar -cosa que preferimos evitar deberíamos decir que nos ocupamos de un
aspecto del vasto problema de las transiciones de las sociedades de explotación
directa a la sociedad en que la explotación ocurre mediante el cambio. Hasta que
estas transiciones culminan, e independientemente del desarrollo que pudiera
alcanzar -corno intercambio con otros pueblos primero y corno cambio
endogenizado después-, el comercio tiene un carácter intersticial y no logra
disolver las relaciones de la comunidad inmediata.
U n momento particularmente crítico en este largo periodo, que se extiende más o
menos desde el siglo XXVIII a.n.e. hasta el nacimiento del capitalismo a fines
del s. XVIII, fue el s. IV a.n.e., en el que la comunidad griega clásica se ve
expuesta a un profundo debilitamiento sin que haya, además, una solución
inmediata que absorba en otra comunidad a la polis en disolución. El ethnos
no aparece todavía corno una comunidad natural en la que la polis en crisis
pueda disolverse. 3 Es también el momento de máximo desarrollo relativo
del comercio4: si bien Atenas alcanza el máximo de su esplendor por un
vertiginoso desarrollo comercial, después de ser derrotada por Lacedomonia,
resurge económicamente reconstruyendo su hegemonía comercial.
En el momento de la derrota del Atica se produce una crisis del racionalismo que
habían desarrollado Herodoto y Tucídides, que se expresa en el idealismo
antihistórico de la utopía platónica y, más tarde, en el empirismo aristotélico,
igualmente antihistórico.
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1A
efectos de este ensayo, excedente es la parte del producto del que la comunidad
puede preacindir en su proceso de reproducción y del que se apropia la clase
explotadora. Que la comunidad pueda prescindir quiere decir que la reproducción
puede llevarse a cabo; que la comunidad puede producirse como antes,
re-producirse, llevar a cabo la mímesis de sí milll1a. El no-consumo de la parte
del producto que constituye el excedente no impide su conservación. Es, desde el
punto de vista de los productores directos, un consumo innecesario, aunque sea
necesario producir el excedente para consumo de los explotadores. Esta necesidad
de excedente; o plusproducto si se prefiere, se incluye en la mímesis de las
sociedades de clases. Pero, como indicamos en el texto, la transición de las
comunidades a las sociedades de clases no es objeto de nuestra atención en este
trabajo.
2Digamos,
en atención a la nota precedente, que el excedente en el capitalismo posee la
peculiaridad de ser un excedente creciente, No basta producir excedente -como en
las sociedades precapitalistas- para que la re-producción pueda llevarse a cabo,
La formación económico social capitalista es la única en la que la re-producción
exige producción: no es suficiente explotar como antes (re-producir) porque es
condición necesaria de la reproducción explotar más que antes (producir), Es la
única en la que, para que la repetición -reproducción simple- pueda llevarse a
cabo, debe ocurrir la diferencia -reproducción ampliada. A diferencia de las
formas precapitalistas del excedente la plusvalía debe ser creciente.
3El
tratamiento erudito pero superficial que Shumpeter hace del pensamiento de este
periodo provoca su afirmación equivocada de que Aristóteles no fue impresionado
por la experiencia de Alejandro y la "amplia perspectiva" que ésta abría. Por el
contrario, todo indica que Aristoteles tuvo muy en cuenta la "amplia
perspectiva" de disolución que Alejandro ofreció a la polis griega. Shumpeter,
Joseph A., Historia del análisis económico 1, (1954), FCE, México, 1984,
p. 640, n. 6 y Parte Primera, passim.
4La
discusión se da entre los antropólogos sobre el momento de la aparición del
mercado y su distinción con el intercambio previo -la referida por M. Godelier
en la presentación a la edición francesa de la obra de Polanyi "Comercio y
mercado en los imperios antiguos"- no nos preocupa fundamentalmente, porque se
refiere a la distinción entre la concurrencia libre de individuos de una o
varias comunidades y el intercambio acordado como resultado de una negociación
entre comunidades. Este problema es esencialmente relevante desde el punto de
vista de la concepción del valor subjetivo, puesto que la economía vulgar
concibe el mercado como creador de precios. Pero el mercado es, en cuanto
momento de formación de precios, manifestación de determinadas relaciones de
producción y, en consecuencia, si la reproducción no pasa a través de él, es
indiferente que concurran hombres libres y manifiesten su voluntad individual
para concluir la transacción o, por el contrario, que sean comerciantes
institucionales a los que cada una de las comunidades encomienda acordar un
convenio de intercambio con la otra. Pero si para el análisis en que los precios
deben ser explicados la distinción es intrascendente no lo es para la
consideración de la endogenización del cambio. El cambio sólo puede penetrar la
comunidad cuando se reconoce la posibilidad de que cada uno de sus miembros
ahora individualizado, pueda disponer de productos como mercancías,
enfrentándose a sus iguales o a quienes puedan igualarse con él La aparición del
intercambio intercomunitario bajo la forma de mercado al que concurren
"libremente" individuos de diversas comunidades implica ciertamente el
reconocimiento de la capacidad individual de concluí el trato, al menos en la
comunidad en cuya frontera se establece el mercado. Quizá esto explique que un
mercado internacional, en el sentido de los antropólogos que adhieren a la
concepción vulgar de la economía, sólo surgiera hacia el s. IV y no antes, por
una parte, y, por la otra, que el ágora griego, mercado intracomunitario,
surgiera uno o dos siglos antes. Polanyi, Karl, Comercio y mercado en los
imperios antiguos Labor, Barcelona, 1976. S Chatelet, Francois. El
nacimiento de la historia. La formación del historiador en Grecia. Siglo XXI
Editores, México, 1979. |