El capital como extensión de
la mercancía: una contradicción de la Economía Política*
Carlo Benetti
Profesor de la Universidad de Paris X (Nanterre),
Francia.
Jean Cartelier
Profesor de la Universidad de Nice, Francia.
Introducción
Se habla recurrentemente de una crisis de la teoría económica. Este tema renace
periódicamente en razón de un debate más decisivo que otros (la teoría del
capital en la década de 1960) o en razón de graves dificultades de
funcionamiento del sistema capitalista (1929-1939 ó1974-1981). Más allá de las
circunstancias históricas o ideológicas que le dan el aspecto reiterativo al
fenómeno, existe una causa permanente y analítica del malestar de la teoría
económica.
Nos parece posible sostener que el fundamento analítico general de todas las
crisis posibles de la economía política reside en la incompatibilidad entre los
objetivos asignados a la teoría económica -lo que se espera de ella- y los
resultados efectivamente producidos -lo que ella permite establecer-.
Tres temas principales deberían desarrollarse:
i. La economía política se propone una descripción a la vez física (valor de
uso) y social (valor) de la economía. Testimonio de ello es la permanencia de la
hipótesis de nomenclatura, a saber, la idea según la cual las relaciones
sociales tienen como soporte un mundo material dado a priori -los bienes-
independiente de toda consideración sobre la forma de la organización de la
sociedad.
El fracaso de esta ambición es patente en las ambigüedades de la noción de bien
(recordemos el problema de la divisibilidad en la teoría del equilibrio general)
y sobre todo por el hecho de que el "mundo físico", lejos de ser la imagen de la
naturaleza que corresponde simétricamente a la sociedad, no tiene en realidad
sino una función exclusivamente social -la de servir de comunicación-o Es esto
lo que revela la hipótesis rigurosamente alternativa a la de la nomenclatura de
bienes: la existencia del dinero como el primer objeto social.
En resumen: el discurso económico, lejos de poder pretender una representación
total de la sociedad, no es sino la racionalización de "reglas de juego" dentro
de las cuales "ni un solo átomo de sustancia natural forma parte" (Marx). La
base material de la sociedad -la ecología, la producción como proceso físico,
etcétera- siguen siendo ineluctablemente impenetrables a toda teoría de economía
racional.
ii. La economía política, como teoría del intercambio, se propone la descripción
de la socialización, concebida como la formación ab ovo (desde el primerísimo
comienzo) y de manera descentralizada de la sociedad económica a partir de
elementos independientes (los individuos).
Esta tentativa no tiene éxito, tal como lo revelan los trabajos de los teóricos
del equilibrio general. La construcción de los procesos de nontatonnement** no se
hace nunca sin una regla cualquiera de centralización, con el resultado de que
presuponen la existencia de reglas de socialización lógicamente anteriores a la
definición de los individuos; sucede lo mismo en Marx, con el pre-requisito
necesario constituido por el procedimiento social de la elección del equivalente
general. La teoría del intercambio (del valor) dice, en realidad, otra cosa
distinta al motivo por el cual se elaboró.
iii. La economía política, en tanto pretende englobar el concepto de capital en
el seno de la teoría del intercambio, tiende hacia una representación de la
sociedad en la que la equivalencia (el valor) sería compatible con el
enriquecimiento (el beneficio) de manera tal que el capitalismo aparecería como
una sociedad mercantil. Esta otra ambición no es tampoco satisfecha como nos lo
proponemos mostrar de manera detallada en este artículo, al ser éste el tema que
decidimos desarrollar.1
En efecto, aparece hoy que, en resumidas cuentas, el problema común y único de
los principales debates teóricos de los últimos veinte años, es la cuestión de
la compatibilidad de la mercancía y el capital y, con más precisión, la
posibilidad de hacer la extensión de la teoría del valor y de la mercancía a la
teoría del capital.
Lo anterior es patente en lo que tiene que ver con las controversias sobre la
transformación de los valores en precios y del plusvalor en beneficio: el
descubrimiento de un vínculo eventual entre la teoría del valor del tomo I de El
Capital y la teoría de los precios de producción, fundada sobre la hipótesis de
la tasa general de beneficio, discute inequívocamente el problema. Esto explica,
sin que lo justifique, el encarnizamiento con el cual el terreno de los
enfrentamientos ha sido trabajado con una intensidad sin relación con los
resultados obtenidos. El requisito de este debate, a saber: el estatuto
mercantil de la fuerza de trabajo, ha sido el objeto también de un debate más
discreto aunque sin duda más decisivo. Se trata, en consecuencia, del lugar
preciso en el cual, históricamente, se ha querido situar la solución de la
contradicción de la fórmula del capital, esto es, la existencia de un aumento
del valor en un proceso de circulación constituido con base en el cambio de
equivalentes.
Sin dificultad, se encuentra un objeto de discusión similar en el gran debate
entre los ricardianos y neoclásicos sobre el capital. Al examinar la validez
teórica del tratamiento del capital como un factor de la producción, lo que se
examina es la posibilidad de construir unas funciones de oferta o de demanda
para un objeto llamado capital. La demostración que concluye en una respuesta
negativa (Piero Sraffa y Pierangelo Garegnani) indica claramente que la teoría
simétrica del valor, construida para los bienes, no puede ser extendida al
capital.
Por el contrario, el tratamiento correcto del capital (Sraffa) revela que las
fuerzas del mercado no tienen por qué tomarse en consideración. Aún más, la tasa
de beneficio puede ser determinada independientemente de las relaciones de
cambio (los precios naturales).
Ahora que esas polémicas parecen haber producido lo esencial de lo que era
razonable esperar, parece útil mostrar cómo el objeto del debate se encuentra en
el corazón de todos los grandes fundadores: Adam Smith, Karl Marx y León Walras,
y cómo la imposibilidad de la extensión de la teoría de la mercancía al concepto
de capital reviste en cada caso una forma específica. Sin embargo, antes es
conveniente plantear el problema abordado en toda su generalidad.
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