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Industrialización y Comercio Exterior. Notas sobre el Pronafice Eduardo Gitli Javier Maisterrena Felicity Williams (UAM, Azcapotzalco) Introducción El 31 de julio de 1984 fue promulgado el Programa Nacional de Fomento Industrial y Comercio Exterior (PRONAFICE) como programa sectorial del Ejecutivo Federal en el marco del Plan Nacional de Desarrollo (establecido 14 meses atrás). Surge como respuesta del Estado a las dificultades de la industria del país, tanto las estructurales como las coyunturales. Como se verá a lo largo de este artículo, constituyó más del primer "round" de una confrontación, que un consenso acabado acerca del futuro de México, a pesar de que su versión final no haya sido objeto de los fuertes ataques que sufrieron otros proyectos gubernamentales posteriores (como el PROFIEX). Por otra parte, lo novedoso del proceso de elaboración de este programa fue la amplia consulta efectuada con la CONCAMÍN, CANACINTRA y el Congreso del Trabajo.1El estudio se inició en julio de 1983, formándose trece grupos de trabajo junto a SECOFI, y el documento definitivo incorporó o eliminó muchos elementos relevantes como resultado de este proceso de negociaciones, fundamentalmente con el sector privado. En cuanto al último punto, el clima de las discusiones fue de un cierto grado de desconfianza por parte del sector empresarial. Encuestas de CANACINTRA entre sus asociados a las que pudimos acceder, mostraban una reiteración del rechazo a la expansión de la influencia estatal en el sistema económico. Como resultado de esta preocupación el Programa reitera varias veces que el Estado no desea ser más grande sino más eficaz. La discusión sobre el PRONAFICE no puede agotarse en este artículo por varias razones. En primer lugar porque se trata de un programa que tiene tras de sí un modelo de desarrollo que vale la pena discutir con un mayor grado de profundidad. Podemos aprender, tanto de su viabilidad como de sus limitaciones. En segundo lugar, durante los meses de marzo-abril de 1985 apareció el Programa de Fomento Integran a las Exportaciones (PROFIEX), seguido de un acuerdo comercial con Estados Unidos, que sirven para apuntalar algunas conclusiones de este trabajo, pero que a su vez deberán ser objeto de otros estudios más específicos. También se aclara que el interés de este artículo se centra más que nada en analizar a grandes rasgos la "gran visión" del futuro mexicano contenida en el PRONAFICE y, en particular, su forma de inserción en la división internacional del trabajo. La industria es el sector de la economía mexicana que más impulso ha recibido después de la Segunda Guerra Mundial. Ha presentado las tasas más altas de crecimiento, duplicando su participación en el PIB de un 20 por ciento en 1940, a cerca de un 40 por ciento en 1980.2 Por la importancia que tiene para México, es fundamental el conocimiento y solución ?e sus dificultades. Es en este contexto que busca insertarse el PRONAFICE. Como veremos a continuación, éste presenta un diagnóstico claro, planteamientos articulados en forma coherente y objetivos bastante precisos; esto, aunque puedan presentarse dudas y objeciones acerca de su marco ideológico-conceptual, de su viabilidad, o de que realmente incorpore todas las variables en juego. En términos generales el Programa plantea en su diagnóstico que el proceso de industrialización se dio a través de una sustitución de importaciones indiscriminada, basada en un proteccionismo a ultranza, que resultó en una industria desintegrada internamente, no competitiva con el exterior y en constante contradicción y dependencia. Tomando como base a su diagnóstico, el Programa trata de dar una respuesta a problemas relacionados: generar empleos, redistribuir el ingreso, integrar la industria y hacerla competitiva con el exterior (eje central de todo el plan) disminuyendo la vulnerabilidad externa del país. Propone generar un crecimiento autosostenido y que México llegue a ser una potencia industrial intermedia a fines de siglo. Analizaremos la forma en que se articulen estos objetivos, que no siempre están bien definidos o aclarados. Así por ejemplo, si bien se señala a la redistribución del ingreso como meta, no se indica ningún mecanismo para lograrla, cosa que sugiere que la idea subyacente se encuentra peligrosa mente cerca de aquella de "esperar que crezca la torta antes de repartirla”, de triste aplicación en otros países. Otro ejemplo que veremos más adelante, se conecta con el concepto de "crecimiento autosostenido", que se confunde con el de estabilidad anticíclica. Este programa nace en condiciones muy específicas de crisis económica y política. Si a partir de 1976 se encontró la solución económica al proceso de sustitución de importaciones a través de las exportaciones petroleras y del endeudamiento fácil, agotados estos dos medios se llega a la crisis de 1982. Dentro de ésta, los personajes centrales son la dirección, política del país, los círculos del capital financiero internacional y los empresarios privados. Los trabajadores organizados constituyen un marco siempre presente, aunque no parecen haber jugado un papel preponderante en esta fase. No había forma de salir de la crisis sin reestructurar las relaciones entre estos tres grupos, lo que de hecho implicaba la necesidad de una profunda remodelación de la estrategia de crecimiento económico. Esta discusión, de casi un año, en torno al PRONAFICE forma parte de ese intento de búsqueda de una nueva relación entre el sector privado industrial y el sector público. Por otro lado, la necesidad del compromiso con el capital financiero internacional aparece como una restricción externa al Programa, que no es mencionado en el documento de manera directa, aunque está presente en todas las tasas propuestas de crecimiento del comercio exterior. Sin embargo, la reorganización de la economía ha generado fricciones entre el gobierno y los distintos sectores industriales, y adquiere un carácter más oscilante a medida que el Estado concretiza sus programas. Otro
aspecto que debe mencionarse respecto a las condiciones de elaboración del
PRONAFICE se refiere a que estuvo de principio a fin a cargo de SECOFI,
comprensible por ser esta la institución, gubernamental con mayor interés en el
asunto. En ningún momento aparece la Secretaría de Programación y Presupuesto en
un primer plano, y casi no es mencionada en todo el documento. Surge entonces la
duda acerca del papel que juega esta última en todo el proceso de planificación
actual en México.3
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1Recordemosde
pasada que el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social 1966-1970 fue
conocido como el “plan secreto”, porque nade sabía siquiera exactamente de qué
se trataba. Veáse J.L. Ceceña Cervantes, La planificación económica nacional en
los países atrasados de orientación capitalista (El caso de México), UNAM,
México, 1983, p. 146. |
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