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Acerca de la crisis de la izquierda boliviana
(1982-1983)
Arturo A. Lara Rivero.


Introducción
 

El presente estudio, abarca el periodo que va de septiembre de 1982 a diciembre de 1983. Tiene como objetivo plantear algunas  reflexiones sobre el proceso democrático boliviano, particularmente sobre la subordinación de la izquierda boliviana al Nacionalismo Revolucionario (NR), tanto ideológicamente, como en cuanto a sus métodos de organización que reducen lo político a lo estatal. Conduciendo esta práctica al aislamiento de las agrupaciones de izquierda de los sectores explotados del país andino.

A su vez analizaremos las implicaciones "antipartidarios" de la máxima organización de los trabajadores, la Central Obrera Boliviana (COB), que contribuyen a reproducir el aislamiento de la clase trabajadora y que conducen a sujetar la lucha de la misma al espacio meramente reivindicativo.

Anotamos también las limitaciones y consecuencias que tienen las concepciones partidarias que no ven en la COB más que una suerte de "correa funcional" entre el partido y los sectores explotados.

Observamos que la gran característica, de este nuestro periodo, está dada por el gran impulso e imaginación popular, quienes desde la base de la sociedad capitalista (la fábrica) dan prueba clara, a través de la cogestión, que es posible prefigurar en los hechos, a partir de las instituciones que el capitalismo ha generado, un Estado proletario.

Este movimiento verifica el anacronismo de las formas partidarias, de sus métodos de organización verticales y burocratizados. En este sentido se observa una débil relación entre el movimiento popular y las agrupaciones partidarias. Gran característica que nos llama la atención sobre la ausencia de una "línea de masas" por parte de los partidos de izquierda. Este gran vacío, es pues la base que explica la crisis de la izquierda boliviana.

El reinicio del proceso democrático boliviano, después de dos años de dictadura, tiene como base el gran impulso espontáneo de las masas acaudilladas por los mineros, particularmente la huelga general indefinida con punto culminante del conjunto de movilizaciones que habían venido efectuándose en el país reclamando la reiniciación del proceso democrático, así como de salarios justos.

Las fuerzas armadas no se retiraban sencillamente, dejaban claras las reglas del juego. Mayoritariamente el Congreso del 80 estaba ganado por la derecha y a ella le correspondía elegir al futuro presidente. En los hechos, consecuentemente, las fuerzas armadas negaban las tres victorias electorales legítimas de Hernán Siles Zuazo. Y sin embargo antes que sujetarse a la voluntad popular y a las tres victorias legítimas, Siles Zuazo enceguecido por la proximidad a la silla presidencial, acepta las reglas de la derecha y del ejército. No reconocía él mismo la conquista y victorias del pueblo, de ahí que no supo aprovechar las condiciones enteramente favorables para redefinir el centro del Estado. El origen de la derrota del movimiento popular tiene su fuente en este hecho.

Octubre 10. Siles Zuazo jura como presidente constitucional ante el Congreso, esto es, frente a una mayoría de congresales de derecha. De ahí para adelante la historia del gobierno será la historia de la indecisión y la senilidad, y la victoria del pueblo convertida en su derrota.

Yen 1952, como en 1956, los saludos de Siles Zuazo desde el balcón presidencial abrían otra vez, una suerte de reedición del Nacionalismo Revolucionario (NR). Discurso y estrategia substancial mente no hablan cambiado. Formalmente se observaba en la composición de la unidad frentista de la Unidad Democrática y Popular (UDP) una composición heterogénea. El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) proveía fortaleza numérica y organizativa esencialmente juvenil; el Partido Comunista de Bolivia (PCB) aportaba el elemento obrero; el Movimiento Nacionalista Revolucionario de Izquierda (MNR-I) con la experiencia de poder y con la figura de Siles Zuazo, como regenerador y continuador de las "tareas inacabadas" de la Revolución Nacional de 1952. La alianza de estas tres grandes fuerzas no tardarían en manifestar claramente la subordinación tanto del MIR, como del PCB al MNR-I.

La tregua de los 100 días propuesta por la coalición gobernante, aceptada por las principales fuerzas sociales y políticas del país, tenía como objetivo central definir la estrategia global para dar salida a la crisis económica y política. Existieron por parte de las masas grandes expectativas acerca del rumbo del gobierno, expresadas en grandes movilizaciones  populares en defensa del proceso (democrático y de la estrategia que se suponía "liberadora".

Concluida la tregua de los 100 días, a mediados de enero de 1983 se puso en claro, en primer lugar, que el programa que se había elaborado en las tres elecciones de 1978, 1979 Y 1980, Y que había servido como plataforma de lucha, no constituía en realidad sino un conjunto de propuestas muy generales y que difícilmente podrían realizarse sin antes modificar la naturaleza del régimen y de los sujetos centrales de la política. No existía programa de recuperación, ni voluntad unitaria para erigirla.  

Se venían a reproducir, más claramente, los ensayos de solución que habían aplicado desde los inicios de la apertura democrática (1978), los que consistían tanto en la oposición al diálogo como en la polémica democrática de los contenidos, programas y objetivos del futuro gobierno. Se negó este frente, desde un principio, a reconocerse a sí mismo, las fuerzas democráticas del país. De esta manera, bloqueadas las vías de solución, la fragmentación y creación de nuevas agrupaciones partidarias se mostraban como necesidad lógica y deseable. Es esta tradición frentista la que explica el retiro del MIR del gobierno de la UDP. Situación enteramente beneficiosa para acrecentar el poder de Siles Zuazo, y el de su partido, el MNR-I.

La herencia política del 52 subsiste en las prácticas políticas de la UDP: concentrar el poder en el partido, subordinar a través de mediaciones estatales al conjunto de las organizaciones populares, engullir a la masa, sobre la base de relaciones verticales, jerarquizadas y burocratizadas. Tales métodos tienen una concepción teórica que iguala y reduce lo político a lo estatal. Esta concepción se tradujo en el periodo electoral en una práctica cuyo único objetivo estaba dado por la captura del Estado. En ese sentido, la agitación y la consigna constituyeron el centro de la preocupación frentista, en lo que parecía ser sólo una "sociedad de difusión".

Concepción de lo político, cuyo límite central estaba constituido por la carencia real de una línea de masas. La política del PCB evidencia, de igual manera que el MIR y el MNR-, esta práctica. Particularmente el PCB en los hechos, se ha limitado a privilegiar la atención a aquellos sectores punta del movimiento popular, esto es, los mineros y los fabriles.

La noción que explica a la COB como una suerte de "correa" entre el partido y la masa, parece dominar a la gran mayoría de la izquierda boliviana. Por el otro lado y de manera opuesta, se sostiene que, ante la ausencia de alternativa y organización partidaria, la COB debiera asumir la existencia de "partido funcional", de igual manera que el ejército para la burguesía.1 Posiciones que conducen por un lado, a alimentar las relaciones de verticalidad, por el otro, a sustituir lo orgánico  por lo espontáneo.

La política sindical de la COB está en  mucho emparentada con la última tendencia señalada, al tener como guía el principio de "independencia sindical”, que no sólo aparece referida a los partidos de derecha y a los regímenes de igual  naturaleza, sino también y en su doble determinación, a los partidos de izquierda.

Este antipartidismo de la COB tiene referencia histórica en la exclusión  de la clase obrera del gobierno del MNR, en el que había participado directamente durante el periodo que va de 1952-1956.

El antipartidismo de la COB respecto a los partidos de izquierda tiene a su vez como base las políticas implementadas por las organizaciones de izquierda, que  se ha venido mostrando  como “autoritaria", que no reconoce en la COB más que las características funcionales. La incomprensión de la naturaleza y  potencialidades de la máxima central de los trabajadores,  hace de los partidos unas capillas, tanto por esta visión como por su no resultado: la relación con las masas.

El antipartidismo de la COB cuyo principio reza: TODO A TRAVÉS DE LA CENTRAL OBRERA BOLIVIANA, NADA FUERA DE ELLA, ha permitido reproducir un cierto conservadurismo,  en la clase obrera. Este principio a obrado como bloque en la estructuración de una  "línea de masas" por parte de los partidos de izquierda. Pero más allá ha contribuido a mantener la medición del 52, expresada en la continua  reelección de Juan Lechin Oquendo como el máximo dirigente de la COB. Líder sindical cuya práctica política sindical durante el periodo que va de 1952 a 1956 eficazmente y de 1957 a 1964 débilmente, quien había servido como mediador entre el MNR y las masas.2 Durante este nuestro periodo de estudio, reedita mal que bien este su papel. Aclaremos y ampliemos: esa mediación ha permitido conservar una actividad meramente reivindicativa, convirtiendo a la COB en un órgano de presión, aunado todo eso al sostenimiento de nociones afincadas  en la ideología del NR.

Para observar las tendencias y límites de lo partidario y de lo sindical se requería de varios movimientos, tanto a nivel de los procesos ideológicos y del cambio de dirección de las reivindicaciones económicas  como a la actitud asumida por la UDP.

Entre noviembre de 1982 y febrero de 1983, “el país se vio sorprendido por una rola de intervenciones campesinas a proyectos de  desarrollo e instituciones agropecuarias descentralizadas... Se planteó la necesidad de fiscalizar a estas instituciones para evitar la corrupción y el mal uso de los fondos; la necesidad de poner freno a los abusos de algunos técnicos y burócratas y la cogestión campesina en estos proyectos a través de las centrales y federaciones sindicales".3 La Confederación de Trabajadores Campesinos de Bolivia. (CSUTCB) elaboró un amplio documento cuyo objetivo central estaba dado por la intervención campesina en estos proyectos. Este movimiento estaba modificando la relación campesinado-Estado, relación que habla servido, desde la Revolución de 1952, de sustento al bloque dominante en el poder.

Simultáneamente, dando prueba clara de la constitución de un nuevo centro orgánico. a fines de febrero, la Confederación Sindical de Trabajadores Ferroviarios decide intervenir la Caja Ferroviaria de Seguridad Social "ante los continuos desfases administrativos" y con el fin de sentar las bases "para la implantación inmediata de la cogestión".4

En marzo, el Comité Ejecutivo de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) da a conocer su análisis sobre la situación económica-financiera de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), demostrando la incapacidad del Estado "para superar los métodos de explotación... la excesiva burocracia, excesivo endeudamiento, ritmo de producción descendente y un sistema de comercialización que absorbe el 40% del valor de la producción... negociados, etcétera". Por todo esto la FSTMB "llega a la conclusión de que junto a la COGESTIÓN OBRERA en COMIBOL, es irremediable y urgente sentar las bases de una política minero-metalúrgica nacional en base a la integración en un solo ente de exploración, explotación... y comercialización, con la finalidad de rendir frutos de bienestar a la nación".5 La propuesta integraba además, tanto "a todo el sector económico estatal, como de la necesidad de luchar por la implantación del CONTROL OBRERO para el sector privado en base a estas tres consideraciones fundamentales: a) Para levitar la fuga de capitales, b) Para evitar la evasión de impuestos y c) Para que las divisas entregadas por el Estado, para insumos y otros se reinviertan en el país".

De las connotaciones políticas de esta actitud, definida como crítica, la FSTMB afirma en el documento que "se hace impostergable que los trabajadores nos planteemos, lo que ya decíamos en el año 71 en nuestro documento proyecto aprobado, al expresar: 'trabajaremos por afirmar el transbordo del poder económico hacia todo el pueblo', y reconocíamos 'las implicaciones que esto supone para la transferencia del poder político a los trabajadores'. Por todo esto "exigimos la participación preponderante y orgánica de los trabajadores bolivianos en los centros de decisión política".

El gobierno, a través de Siles Zuazo, define esta iniciativa como "anarcosindicalista", un "atentado a la democracia"... "una violación irritante de la Constitución Política del Estado". "la cogestión mayoritaria en los hechos equivale a la autogestión".

La respuesta de los mineros no se deja esperar: "Los trabajadores planteamos la cogestión obrera mayoritaria en la COMIBOL. El gobierno ha respondido con la cogestión paritaria destinada a preservar los intereses de los que hoy ocupan posiciones de poder en el Estado. En los hechos, la COGESTION PARITARIA encubre el control mayoritario por parte del gobierno, a través de la detención de la capacidad de decisión final."7

Había en la crítica de Siles Zuazo una  terrible ingenuidad, así como una actitud legalista y conservadora. En mucho, esta actitud ha contribuido a clarificar la naturaleza del régimen, la que ha conducido a afirmar a la clase trabajadora, que el gobierno "no es de la clase trabajadora".8 En ese sentido, la CSUTCB, expresión organizada del campesinado, afirmaba que "El Gobierno no se decide a gobernar con los trabajadores. No quiere encontrar solucioes a la crisis apoyándose en el pueblo que lo \levó al Gobierno y, en cambio, prefiere transar y negociar la dignidad del país con los burócratas del Fondo Monetario Internacional."9

La propuesta de la COB de COGESTIÓN obrera mayoritaria en la COMIBOL, como en todos los sectores estatales de la economía, y la propuesta de control obrero en las empresas privadas, estaba impugnando directamente al Estado. La propuesta de modificar el uso del excedente social venía a cuestionar en el fondo la relación de explotación. Se le exigía al gobierno socializar la dirección económica del país y como extensión de ello y por la nueva correlación de fuerzas, socializar la política a través de la presencia directa de los trabajadores en el centro de la sociedad: el Estado. Esta propuesta venía desde la base, no sólo en cuanto que la decisión había sido tomada en asambleas generales, sino que cuestionaban desde la base al "capital", buscando modificar la alienación; democratizando el "poder despótico del capital" y simultáneamente la "lógica de la fábrica". Intentando de esta manera, a partir de las instituciones que el capitalismo ha generado, prefigurar en los hechos un Estado Proletario.

El enfrentamiento de los sectores populares con la UDP, dejaba a ésta virtualmente despojada de bases sociales, en lo que parecía que su existencia se reducía a la sola administración de los aparatos estatales; el gobierno optó por congratular a la COB por sus propuestas. El día 12 de abril la COB anuncia su integración al gobierno con el objetivo de impulsar una política "popular, patriota y antiimperialista". La derecha alarmada habíase organizado para contener el avance del PCB, el que aparecía a sus ojos como el beneficiario directo del movimiento popular. Paz E. Y Banzer, el primero jefe político del Movimiento Nacionalista Revolucionario-Histórico, y el segundo jefe político de Alianza Democrática Nacionalista (ADN), acordaron unir esfuerzos para contener este avance. Reforzada por una guerra propagandística acusando al gobierno de "procomunista". Con el telón de fondo permanente dado por la preocupación de los castrenses por la dirección de los acontecimientos y en esa óptica por la eventual recaptura (vía golpe) del Estado.

El día 19 de abril se hizo del conocimiento público que la FSTMB y el gobierno negociarían la Cogestión obrera en los centros de producción estatales. Pero no tardaron cuatro días para que Siles Zuazo, en un mensaje radial, descartase la posibilidad. Para los analistas ésta situación "abría las puertas a un enfrentamiento Siles Zuazo-Lechin Oquendo". Lo cual era sólo aparente.

Existían dos lecturas en la mesa de negociación: por un lado, el gobierno pretende implicar a la clase obrera y trabajadores en general en la administración de los aparatos improductivos Y productivos propiedad del Estado, como mecanismo reconstituyente de su desgastada legitimidad; y como mecanismo de integración  capitalista que incorpore al trabajador colectivo como una suerte de "socio" capital, sin que ello implique alterar, la lógica del capital, sino tal vez lo contrario: regenerar y dinamizar el proceso de valorización del capital contando ahora con la adhesión consciente de los agentes productores. Lo que redundaría en incrementos en la productividad. Además de ello, el gobierno entiende que, ante la ola de intervenciones obrero-campesinas a proyectos estatales y semi-estatales, es necesario, canalizar institucionalmente el movimiento. El no hacerlo conduciría a profundizar las diferencias entre los trabajadores  y le gobierno y en ampliarse el ejemplo a otros sectores.

Más allá de las limitaciones de esta estrategia por la ausencia de conducción orgánica del movimiento, este impulso de la masa explicita la tendencia revolucionaria, cuyo movimiento se origina en la base y no como resultado de las de las tácticas de mesías. Este movimiento corre de abajo-arriba, y no es resultado de la imposición. Es la misma clase trabajadora la que prefigura su propio poder, y en ese sentido la clase trabajadora sólo confía en su  propio poder, y no uno artificial de naturaleza puramente "verbal". Y, sin embargo, reconociendo que el proceso presente está abriendo las posibilidades de estructurar una salida no-capitalista a la crisis, esto no necesariamente puede suceder. Dependerá de la discusión colectiva de los contenidos de la intervención obrera-campesina en las esferas correspondientes (producción-circulación-distribución), así como de la articulación de una ideología política alternativa al NR, que acompañe tal proceso. De lo contrario, esta acción podría cuajar exactamente en los planes del gobierno.

Del mes de abril hasta agosto lO, fecha en la última en la que el gobierno instituye legal y definitivamente la COGESTIÓN OBRERA  MAYORITARIA en la COMIBOL, se desató una guerra de presiones por parte de la derecha y del imperialismo para impedir la efectivización de las propuestas  de la COB. Bloquearon la propuesta de CONTROL OBRERO y de CO-GOBIERNO UDP-COB, concretizándose sólo la COGESTIÓN OBRERA MAYORITARIA en la COMIBOL. En ese sentido resultaron parcialmente victoriosos.10

Se podría  afirmar que con la conquista de la  cogestión se agotó el impulso popular.  De ahí para adelante el movimiento ha tenido a estancarse adscribiéndose a la lógica salarial-distributiva y a reducirse el proyecto de la COB a nivel de "consigna” y de "presión". Esta situación de reflujo  se ha traducido en la fragmentación de las organizaciones populares; en el cuestionamiento de la conducción y dirección del sindicalismo nacional.

Sin embargo, estamos asistiendo a la disolución del Estado del 52; de sus mediaciones; de la ideología del Nacionalismo Revolucionario (NR); de los métodos políticos anti-democráticos y verticales; también estamos asistiendo a la disolución de esa izquierda tributaria que aliada a la UDP en un proyecto extraño a los intereses populares, sólo ha servido para bloquear cualquier alternativa popular, en alianza tácita en los hechos con los sectores conservadores del país.

También estamos asistiendo a aquello que muy lejos está por reemplazar a la UDP dada la chatura de los partidos de izquierda, los que carecen de una línea de masas que tenga como objetivo asentarse en la "fábrica". Porque si pensamos en la autodeterminación de los trabajadores, éstos tienen que partir de la insubordinación de los trabajadores del despotismo carcelario de los centros de producción. Situación de insubordinación que conduce a crear una conciencia de autodirección, de autogestión, que verifique el poder real de los trabajadores para desplazar al capital desde su asiento: la fábrica. Que concluya de una vez el excesivo énfasis en lo estatal y se fortalezca y amplié el poder de la clase trabajadora y de todos los explotados. Que conduzca a afirmar no espacios exclusivos privilegiados de conocimiento, sino que afirme procesualmente a la masa como un "intelectual colectivo".

Es necesario dejar de lado la visión puramente estatal, puramente crítica y contestataria y prefigurar en los hechos, partidos y sindicatos en una relación de horizontalidad, a partir de las instituciones que el capitalismo ha generado, el germen de un Estado proletario democrático.


1 Véase discusión entre estas dos tendencias en "Debate ideológico. Desprecio del partido político" en Unidad. No. 568, 1983. Aquí, 26 de marzo de marzo de 1983. La Paz Bolivia.
2De Juan Lechín Oquendo, Zavaleta Mercado nos dice: "Lechín mismo fue instrumento para que (el) Estado (del 52) existiera", y de la construcción de "Lechín-dirigente obrero (como) un acto conciente de MNR. "El poder dual. P.89. 1974, México.
3 En Aquí, domingo 27 de abril, 1983, la Paz Bolivia.
4 Ibid.
5 La significación económica de COMIBOL es de primer importancia. Produce el 62% de las divisas, aporta más del 500% de las compras que el Banco Central de Bolivia recibe por concepto de exportaciones, apropiándose la Banca Privada alrededor del 84% de estos flujos monetarios.
6 En Mañana el pueblo. No. 12. julio de 1983. La Paz. Bolivia.
7 Ibid .
8En Criterio No. 13. 1983. La Paz- Bolivia.
9En Mañana el Pueblo No. 12. Julio de 1983. La Paz, Bolivia.
10Un análisis más detallado se encuentra en Bandera Socialista. No. 2, 1983, La Paz, Bolivia.

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