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UN ACTO DE REIVINDICACION
Por CARLOS A. ROZO.


 

El embargo comercial impuesto por la administración Reagan contra Nicaragua ha sido un acto de impotencia del presidente de E.U. Esta acción fue el resultado, por un lado, de la postura inquebrantable de los líderes Sandinistas en no ceder ante la actitud terrorista y criminal del gobierno de Ronald Reagan para derrocar a un poder legítimamente constituido. Por otro lado, fue una necesidad para generar distracciones respecto de las condiciones inciertas en las que parece estarse adentrando la economía de ese país.

En la línea Reagan el objeto de esta determinación sería el de generar causas que inspiren el nacionalismo y revivan las glorias del pasado en que E.U. unilateralmente determinaba los destinos mundiales. El fomento de estos sentimientos es muy oportuno en este momento en el que segmentos, de los más conservadores de la población, están buscando aún un desagravio a esa tragedia nacional que fue la guerra de Vietnam. No obstante, hechos como éste y como la invasión a Granada obligan a cuestionar el que sea posible que Ronald Reagan actúe como su voluntad lo orienta sin que el pueblo de E.U. se oponga a ello.

Como una respuesta a esta interrogante tuve la fortuna de asistir a un acto público el día 29 de abril, la noche anterior a la declaración del embargó, en la ciudad de Boulder, Colorado, que me permitió constatar la existencia de esta oposición y de una simpatía honesta por la causa sandinista y por los cambios económico-sociales que se están dando en Nicaragua. Este acto fue la presentación en el auditorio de la principal escuela preparatoria de la ciudad (Boulder High School) del sacerdote Ernesto Cardenal, Ministro de Cultura de Nicaragua. Este acto, organizado como un recital de poesía, fue promovido por varias organizaciones de esa ciudad con el propósito de recolectar fondos para la construcción de escuelas en remotos lugares de Nicaragua.

En verdad, el acto se dio como una manifestación política de solidaridad con esa nación centroamericana y por tanto fue una muestra de rechazo a la postura transgresora y criminal de su propio gobierno.

La magnitud de la audiencia, a pesar de una noche fría y lluviosa, sobrepasó la capacidad del auditorio, el cual en su gran mayoría estuvo compuesto por anglosajones de todas las edades que mostraron igual entusiasmo y admiración por lo que el poeta representa en su vida personal, como por   el mensaje que proyectó sobre el contenido y la significación de la revolución sandinista. E I acto fue un encuentro de Cardenal con el público en el que la oportunidad que tuvo el ministro de presentar sus puntos de vista en forma unilateral fue convertido, por él mismo, en una ocasión para aclarar dudas y calmar inquietudes de los asistentes.

Luego de saludar brevemente y agradecer la invitación apuntó que su propósito era el de dialogar no el de disertar. Las preguntas, que no se hicieron esperar reflejaron las inquietudes y las interrogantes que, probablemente, muchos estadounidenses se hacen. Por su parte las respuestas, reflejaron la claridad de pensamiento de alguien que tiene plena convicción de la validez de los propósitos en los que participa y de las causas que defiende.

Quizás como consecuencia del carácter religioso, tanto de Cardenal como de algunos de los organizadores del evento, un tema central en el diálogo fue el de la relación iglesia-estado y el de la situación personal de Cardenal como religioso. El, muy enfátical1'lente, apuntó que el Papa en su visita a Centroamérica fue inequivocadamente hostil a la revolución sandinista mientras que no tuvo reservas en su entusiasmo para con los enemigos del sandinismo como lo demostró al abrazarse con D'Abuissón en el Salvador y con Ríos Mont en Guatemala. Estos hechos reflejan, agregó Cardenal, que el Papa tiene su propia línea política de la cual se desprenden las acciones que el Vaticano ha tomado en contra de lo  religiosos que en América Latina han tomado posiciones con los pobres y en defensa de la liberación social y económica imprescindible para la reivindicación de estas mayorías. No en balde el Papa mismo le indicó a Cardenal que tenía que regularizar su situación, esto es, dejar sus actividades políticas y su participación en las funciones de Estado.

En respuesta a una interrogante sobre la situación de los indios Miskitos el poeta señaló que era necesario comprender que éste no es un problema nuevo. Por el contrario, es un problema nacional que tiene más de 300 años pues este grupo indígena habita en la zona del país que fue colonizada por los ingleses, por lo cual ellos nunca se han sentido como un grupo integral del pueblo Nicaragüense. Puesto que la revolución se hizo principalmente en la parte española del país, una de las tareas más arduas para el régimen actual ha sido la de ganar la confianza de los habitantes de esta parte del país, entre los cuales se cuentan los Miskitos. Esta labor ha sido difícil, argumentó el ministro, porque los problemas actuales responden a la actitud insurreccionista que ha promovido la Agencia Central de Inteligencia (C.LA) de E.U. El problema, además aparece magnificado por la falta de probidad de los medios de comunicación en E.U.

Preguntaba Cardenal por qué la prensa de E.U. no se preocupaba con igual vehemencia por los indios en Guatemala, Pení, Brasil o México, o lo que es más, por lo que le ha pasado a sus propios nativos. El poeta indicó, por ejemplo, que la revista LIFE no ha publicado un solo artículo sobre los indios Pieles Rojas en los últimos 20 años. Señalaba, entonces, que la siempre bien ponderada objetividad de los medios de comunicación en ese país resulta ser más un mito que una realidad.

La audiencia mostró gran inquietud e interés en entender el por qué de la gran hostilidad del gobierno de su país hacia la dirección Sandinista a lo cual el padre Cardenal respondió haciendo una reflexión sobre el peligro que la administración Reagan percibe en que otros países, de mayor tamaño e importancia en el tercer mundo, puedan seguir los pasos de Nicaragua: esto es el reivindicar su independencia política frente a las superpotencias. Esta independencia fue considerada por Cardenal como uno de los baluartes más sólidos de la revolución, de lo cual se ha dado plena manifestación en los foros internacionales. El patrón de votación en la ONU, enfatizó Cardenal, deja clara constancia de una política internacional independiente no alineada, que por supuesto no puede gustar a Ronald Reagan que tan sólo desea la sumisión a sus decisiones por parte de amigos o extraños.

Por su calidad de ministro de Cultura fue inevitable que Cardenal tuviera que responder preguntas sobre el papel de la cultura en la revolución y de su participación específica como uno de los representantes más sobresalientes de las letras Nicaragüenses y Latinoamericanas. Al responder fue muy llano en enfatizar que la revolución y la cultura son una misma cosa pues han significado el nacimiento de expresiones propias en las artes, la danza y el teatro, así, la revolución ha sido un gran evento cultural. En esta forma la cultura es en verdad un arma de la propia revolución, arma que afortunadamente, añadió el poeta, no es un recurso del que disponen los reaccionarios, pues por ejemplo no se conocen ni las canciones ni la poesía de la administración Reagan.

En cuanto a las condiciones económicas del país, Cardenal consideró que eran difíciles pero delimitó la posición del gobierno al indicar que se habían tomado medidas de nacionalización de los bancos y del comercio exterior como una estrategia para la defensa de la independencia nacional pero que esto no significaba, bajo ninguna condición, un rechazo al papel que debe jugar la iniciativa privada en el desarrollo económico del país. De hecho, en el esquema actual el sector privado produce y el sector público distribuye. Las leyes que se han dictado para restringir las ganancias excesivas han espantado a algunos capitales pero esto no significa que el capital privado haya desaparecido, como tampoco lo ha hecho el incentivo de ganancias adecuadas. El ministro hizo claro que cerca del 60% de la economía está en manos del sector privado y el resto corresponde al estado. Esto no es simplemente una solución práctica, como consecuencia de que el estado no pueda administrar todo, sino que también es un resultado de la historia y de la política, pues, como Cardenal recordó a la audiencia, la burguesía también participó y apoyó la revolución. Es por esta razón, que hoy en día hay comandantes que son hijos de prominentes burgueses. Finalmente, es necesario destacar que a lo largo de sus respuestas Cardenal distinguió claramente entre el gobierno y el pueblo de los E.U.; acusando al primero de una actitud barbárica, antidemocrática y terrorista que pone en práctica a través de las actividades de la CIA y alabando al segundo que ha sido, a lo largo de la historia, un ejemplo para la humanidad en su lucha no violenta por los derechos humanos. Puntualizó, además que la lucha de E.U. por su independencia es una gran lección de la cual se debe aprender para defender ahora la propia independencia de los pueblos del tercer mundo, tal y como el pueblo Nicaragüense está dispuesto a hacerlo.

Este diálogo y la transparencia de Cardenal en sus posiciones sobre la gesta revolucionaría Nicaragüense sentaron el espíritu para una experiencia muy diferente entre el poeta y el público entusiasta que se deleitó escuchando, de la propia voz de Cardenal, poesías como:

"Marilyn Monroe', "Guasalala", "En la tumba del guerrillero" y "Ecología".

Luego de las ovaciones finales que le brindaron a don Ernesto no es difícil suponer que también para estas gentes la realidad de la mañana siguiente, por el edicto prepotente de su presidente fue tan absurda como lo fue para mí, o quizás aún más, porque lo hecho, fue hecho en su nombre y representación

 


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