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El pago de la deuda externa tiene como límite el excedente comercial*
Por Bernard Schmitt Especial para Excélsior


Introducción

"Nadie está obligado a lo imposible": en cualquier época, no se les puede pagar a los acreedores extranjeros más que en los límites apremiantes de los excedentes comerciales de los países deudores.

- I -

Las relaciones entre acreedores y deudores son fundamentalmente distintas, según sea que ambas partes pertenezcan o no al mismo espacio monetario.

En las relaciones nacionales, el crédito nace de "una compra sin venta", y se liquida por medio de una "venta sin compra". El prestamista es el agente cuyas ventas son superiores a las compras en el mercado de productos y servicios: por el excedente, él vende sin comprar. A la inversa, quien pide prestado compra sin vender. A fin de cumplir con su deuda, en intereses y amortizaciones, el prestatario deberá ganar más de lo que gasta; esta condición es necesaria y suficiente.

En las relaciones internacionales se debe de cumplir Con una condición más. En efecto, no es suficiente que el deudor ahorre una parte de sus  ingresos, absteniéndose de dedicar a sus compras la totalidad del producto monetario de sus ventas; ésto es necesario, pero no suficiente. Es necesario, por añadidura, que el país donde reside el deudor disponga también de un ingreso neto. Ahora bien, el ingreso exterior de un país tiene una sola fuente: proviene de sus exportaciones comerciales excedentes. Si el país donde viven los deudores, sean del sector público o privado, no logra realizar las "ventas sin compras", la deuda no podrá ser pagada, aún si los deudores son perfectamente solventes.

Es ilógico que el pago de la deuda externa exija a la vez la solvencia de los deudores y la solvencia del país donde residen.

El ingreso de los deudores y el ingreso del país donde residen no están de ninguna manera mezclados, aun cuando el portador de la deuda sea el Estado; el servicio de la deuda debe ser atribuido al ingreso de los deudores, pero ¿por qué también lo está a las ganancias exteriores del  país? Esto es así sólo dentro del actual régimen de pagos internacionales, que es financieramente ilógico.

En el "Plan Keynes", la emisión de bancores era un verdadero sistema de pagos internacionales, pues los países no estarían nunca endeudamos.

 

banca internacional

creación de                                                                                                      destrucción de
x bancores                                                                                                          x bancores

 

compras netas

países deficitarios                                    =x bancores                                países excedentarios

Keynes explica muy bien que los x bancores creados en los países cuyo comercio exterior es positivo, se destruyen instantáneamente, pues son depositados sin demora en la banca internacional. Los países excedentarios no son dañados tanto, pues en cualquier momento pueden “retirar sus depósitos", operación que implica una nueva creación de bancores. Esta manera de proceder es totalmente conforme a los pagos monetarios en el interior del país. El depositante no tiene ningún derecho sobre los deudores del banco; su único derecho es obtener un pago futuro, y el  banco crea una moneda con ese fin, Si los pagos exteriores fueran efectuados con bancores, los países deficitarios no tendrían ninguna deuda respecto a los países excedentarios. Ni siquiera estarían endeudados con la banca internacional, pues no estarían de ningún modo obligados a realizar exportaciones comerciales excedentarias, en un futuro próximo o lejano. Se podría pensar que un mundo así sería demasiado bello para los deudores, pero no es así: en realidad, en el sistema bancor, los prestatarios, del sector privado o público, son tratados como si hubieran recibido el financiamiento de sus compras netas en el interior del país.

En el sistema bancor, las condiciones puestas a los prestatarios no obligan menos por el hecho de que el ingreso prestado provenga del exterior; sólo los países escapan al endeudamiento, el pago de la deuda externa incumbe integral y exclusivamente a los respectivos interesados.

El régimen actual de pagos internacionales es ilógico, justamente por que impone doblemente la carga de la deuda externa: los deudores, públicos o privados, cargan con ella por completo y, a pesar de esto, el país donde residen está igualmente endeudado por la misma cantidad.

El doble endeudamiento externo, de los residentes prestatarios y del país mismo, limita drásticamente la posibilidad de pagar la deuda a los acreedores: toda tentativa que hiciera el país para cumplir sus compromisos más allá de sus excedentes comerciales normales, está condenada al fracaso.

Si el país debe 3 mil millones de dólares en el periodo considerado, y si, en el mismo tiempo, el excedente de su balanza comercial es de 500 millones de dólares, es posible que el servicio de la deuda externa esté completamente asegurado por los deudores (es decir, hasta un total del equivalente de 3,000 millones de dólares en su propia moneda nacional), pero es formalmente imposible que el país se libere, más que en el límite estricto de sus ventas exteriores netas (hasta por 500 millones de dólares).

Supongamos que, a fin de respetar sus compromisos, el país decide, sin embargo, pagar los intereses y las amortizaciones de su deuda externa hasta el nivel de los 3,000 millones de dólares. El país requiere, pues, en su propia moneda (por ejemplo, el peso) 3,000 millones de dólares en el mercado de cambios. Este requerimiento consta de dos partes:

500 millones de dólares se solicitan en pesos, contra una demanda equivalente de pesos en dólares. En efecto, el mundo externo requiere pesos por un valor de 500 millones de dólares, a fin de pagar las exportaciones netas del país en cuestión.

2 500 millones de dólares se solicitan en pesos, sin que el mundo externo haga la menor demanda adicional de pesos en dólares.

Siendo expresada frente a una demanda recíprocamente igual, la demanda de 500 millones de dólares no deprecia la moneda del país endeudado. Pero sucede totalmente lo contrario respecto de la demanda suplementaria de 2,500 millones de dólares: en este caso, los dólares son requeridos en pesos, sin que el peso lo sea en dólares. La consecuencia de esto es bien conocida en todas las teorías: la demanda excesiva de un bien hace subir su precio; en este ejemplo, el dólar se evalúa indebidamente. El país no puede mantener el valor exterior de su moneda, más que renunciado a pagar su deuda externa más allá de sus ganancias comerciales normales. Al pasar este límite impuesto por la lógica, el país sufre en sus intercambios futuros (debido a la deterioración de los "términos del intercambios” inducida por la depreciación de la moneda) una segunda vez el sacrificio del pago de su deuda externa. El país que, al precio de la austeridad. interna, se obstina en "honrar" su deuda externa, al nivel de los 3,000 millones de dólares, cuando ellos no ganan más que 500 millones (según el ejemplo dado), vuelve a perder en sus intercambios futuros, la suma exacta de los 2.500 millones de dólares pagados imprudentemente.

En las negociaciones internacionales sobre su deuda externa, los países no deberían jamás comprometerse a respetar un calendario de pagos; en efecto, "nadie está obligado a lo imposible": el único compromiso que la lógica permite cumplir es utilizar la suma total de los excedentes comerciales normales para el servicio de la deuda externa.

Se ve cuán expoliados son los países endeudados; no importa a qué  ritmo logren desarrollar su economía interna, están formalmente limitados en su posibilidad de pagos al exterior. A lo sumo, pueden estimular sus exportaciones y frenar sus importaciones. Ahora bien, aún los  países acreedores, ninguna política económica conocida tiene como resultado cierto la supresión del desempleo. Y, salvo reforma de los pagos externos y "absolución" de los países, la única medida que tiene el gobierno, es reducir la demanda interna, para permitir a la economía nacional tener un excedente exportable. Pero, ¿cómo estar seguro de que el excedente será efectivamente exportado? En el caso contrario, las autoridades no harían más que aumentar el desempleo. La desuda externa conduce a una pérdida de empleos.
 


*Por su original y novedoso análisis del problema internacional de la deuda, se reproduce esta serie de entrevistas con el profesor Bernard Schmitt.

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