índice de
la revista

índice de
ejemplares

logo


UNA ENTREVISTA INÉDITA CON MICHEL FOUCAULT*
PARA ACABAR CON LAS MENTIRAS

Poco antes de su muerte.
el 25 de Junio de 1984, el autor de
la historia de la locura
hacía un retrato corrosivo de los intelectuales.
Más que un documento: la voz de un amigo.
-Hoy en día se deplora con frecuencia la esclerosis del debate intelectual en Francia ¿Qué piensa usted?

M.F.- No estoy seguro, en efecto, de que las condiciones bajo las cuales se desarrollan actualmente los debates en la teoría y en la política sean muy satisfactorias. No obstante, estoy convencido de que podrían ser mejores y sería importante que lo fueran. Pues nos encontramos en un momento donde la vida y la vivacidad del debate teórico y político son más que nunca necesarias. Contrariamente a lo que suele decirse, tengo la impresión de que los movimientos que se producen actualmente en Francia en un cierto número de dominios son extremadamente interesantes. Hay una vida, una proliferación, una juventud, del todo extraordinarias. Es el caso de la literatura. Es el caso también en el dominio de la investigación, sean en las ciencias humanas o en la filosofía. Toda esa generación que hoy tiene entre 20 y 30 años hace cosas notables, tanto por la seriedad, la calidad del trabajo, como por su novedad. Creo que nos hemos desembarazado al fin de la gente que no tiene más que su resentimiento para construir su futuro. Me parece necesario que los investigadores con un poco más de años se preocupen de procurar un espacio para que todas esas corrientes nuevas puedan existir, verdaderamente.

¿Cómo piensa ud. que podría restaurarse un debate intelectual riguroso?

M.F. Es necesario debatir sobre condiciones del debate.

Es un hecho. Todo un trabajo serio que se cumple en las Universidades encuentra las más grandes dificultades para ser editado. Los editores que podían fácilmente publicar, hace algunos años todavía, obras de investigación no lo pueden actualmente. Es bastante grave. Porque el mejor lugar de la vitrina está ocupado por libros hechos demasiado rápido, que con mentiras y errores cuentan superficialmente no importa qué de la historia del mundo desde su fundación o reconstruyen las historias más recientes a golpe de consignas y frases hechas. Esta es seguramente una de las razones por las que tos verdaderos debates no pueden ver el día. Y luego yo agregaría que los intercambios, las discusiones, eventualmente el debate bastante vivo entre ideas diferentes, no tiene lugar para expresarse. Piensen en las revistas. Ellas son, o revistas de capilla o los soportes de un ecleticismo insípido. Es la función misma del trabajo crítico la que ha sido olvidada. En los años cincuenta, con Maurice Blanchot, con Roland Barthes, la crítica era un trabajo. Leer un libro, hablar de un libro, era un ejercicio en el cual uno se entregaba de algún modo para sí mismo, para su beneficio, para transformarse a sí mismo.

Hablar bien de un libro al que no se ama, o intentar hablar con suficiente distancia de un libro al que se ama un poco demasiado, todo ese esfuerzo hacía que de escritura en escritura, de libro a libro, de obra a artículo, ocurriera algo. Lo que Blanchot y Barthes introdujeron en el pensamiento francés en los años cincuenta ha sido considerable. Sin embargo, la critica ha, me parece, olvidado esta función para recaer sobre las funciones político-judiciales: denunciar al enemigo político, juzgar o condenar o bien juzgar y trenzar las coronas de laurel. Estas son las funciones más pobres, las menos interesantes que existen. Yo no censuro personas. Sé tan bien que las reacciones de los individuos están estrictamente ligadas a los mecanismos de las instituciones como para poder decir: he aquí al responsable. Mas es evidente que ya no existe actualmente ningún tipo de publicación que asuma una verdadera función crítica.

¿Cómo podríamos emprender una renovación de esta función?

M.F.- Muchas cosas intervienen. Se tendría que repensar en lo que puede ser la Universidad o al menos esa parte de la Universidad que yo conozco mejor: donde se hacen las letras, las ciencias humanas, la filosofía, etc. El trabajo que se ha realizado ahí en el curso de los últimos veinte años, es en su conjunto considerable. No es conveniente abandonarlo a la esterilidad. En segundo lugar, hace falta repensar la cuestión de las ediciones universitarias, de las ediciones de investigación y de estudios. En tercer lugar, es preciso abrir espacios de publicaciones, de revistas, de folletos, etc.

-Se habla mucho actualmente de un repliegue de la Universidad sobre sí misma, ¿No teme usted de que exista el riesgo de acentuar ese repliegue si se publica en la Universidad para los universitarios?

M.F.- No estoy de acuerdo con el término repliegue. Yo creo por el contrario ello vivificaría a la Universidad ya la formación universitaria la pondría en contacto con el trabajo real. La Universidad está todavía demasiado absorbida por ejercicios escolares a menudo ridículos o anticuados. Cuando uno ve lo que es el trabajo de un candidato a licenciado en filosofía, es para llorar. Se trata de un falso trabajo, absolutamente extraño a lo que será, a lo que debería ser la investigación. Y conozco un cierto número de estudiantes que podrían perfectamente prepararse en la edición de textos y ediciones comentadas, traducciones de obras extranjeras, en la presentación de trabajos extranjeros o también franceses... Es decir, hacer un trabajo que podría ser útil a ellos mismos y a los otros. Usted comprende porque yo considero que devolver una parte de las actividades de edición a la Universidad, o hacer de tal forma que la Universidad participe en ellas directamente, sería más bien una densificación del trabajo universitario.

¿Pero usted qué piensa hacer para avanzar en ese sentido?

M.F.- Es muy simple. ¿Usted sabe lo que yo sueño? En crear una casa de edición de investigación. Yo estoy perdidamente en busca de esas posibilidades de hacer aparecer el trabajo en su movimiento, en su forma problemática. Un lugar donde la investigación pudiera presentarse en su carácter hipotético y provisional.

-Al comienzo de esta entrevista, usted habló de debate teórico y político. ¿Usted piensa que las condiciones de uno y otro son las mismas?

M .F.- Yo respondería que el paisaje político ha sido tan profundamente renovado en los últimos veinte años porque ha habido un trabajo intelectual sobre problemas que no aparecían como políticos y cuyo análisis ha mostrado hasta qué punto estaban en conexión con la política. Uno de los resultados más fecundos de este trabajo ha sido justamente que la famosa categoría de la "Política" de la cual nos habían hablado tanto en la Universidad fue barrida.

No es a través de la definición de lo político que pudieron ser planteados numerosos problemas que eran a la vez problemas de existencia, de instituciones y del pensamiento. Poner en comunicación movimientos del pensamiento, del análisis de las instituciones y de la problematización de la vida cotidiana personal, individual, todo esto permitió romper la pantalla que formaban categorías como "la política" o "lo político". Es esta puesta en comunicación la que da fuerza al movimiento que hace cambiar las ideas, las instituciones y la imagen que uno tiene de sí mismo y de los demás.

S i se codifica de antemano, si se determina lo que es la política, se estiriliza la vida intelectual y el debate político.


* Por la relevancia que tiene para el quehacer intelectual en nuestras universidades, se reproduce el texto de esta entrevista con Michel Foucault.

índice de
la revista

índice de
ejemplares

logo