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Sitakua: donde los huicholes se urbanizaron para seguir siendo indios
Lourdes C. Pacheco Ladrón de Guevara

Maestra en Ciencias. Investigadora de la Universidad Autónoma de Nayarit.


Introducción

En el occidente de México, donde empieza el eje neovolcánico mexicano, la Sierra Madre deja de ver sus montañas como si fuese la espina dorsal de un animal antediluviano que subyagado por el paisaje decidió dormir para siempre en esta tierra. En el fondo de sus barrancos, en los pequeños y solitarios valles a la orilla de los ríos sobreviven dos grupos étnicos: los coras, o nayares y los huicholes, también llamados los curanderos de la montaña.


En Tepic, la cabecera municipal, la imagen de los indios está ausente del paisaje urbano. Quizá esto sea producto del reglamento de policía de 1947, que prohibió a los indios entrar a la cuidad, o más bien dicho, prohibía que entraran los que no tuvieran la apariencia de los hombre "civilizados", definido esto por el uso de pantalones. Así se desterraron los calzones de manta, propia de la indumentaria de los indios.


Los indios fueron borrados del escenario urbano cuando la primera modernización intentó convertir a la capital en una ciudad a la altura de las mejore del país. Mientras se ampliaban calles, se impulsaban las comunicaciones terrestres y se pavimentaba la ciudad española de Tepic, los indio hicieron de la montaña el lugar escogido por los dioses para resguardar las costumbre y con ello, la vida de todo el universo.

 


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