El Tortoni, segun pasan los años

Año 1858, cada paso que dan los porteños es visto por otros porteños como un paso al pecado; un negociado de las tierras, los ferrocarriles que avanzan, promueven la pecaminosidad de muchos hombres. Pero el progreso llega así, invertebrado y liberal, insólito o usurario; hasta los pulperos prestan plata a real por peso. Buenos Aires, sin embargo, no se detiene, el comercio lo apabulla, mientras la epidemia de fiebre amarilla cobra 400 víctimas.

En tanto estos acontecimientos apacionaban a Buenos Aires, el ligur Oreste Tortoni abría las puertas de un negocio, sin pensar jamas en su longevidad. El local estaba ubicado en la esquina de Defensa y Moreno, es decir, en el Nro 200 de aquella. Luego del transcurso de 20 años, el Tortoni trasladose con todos los bagajes de ilusiones a la calle Esmeralda frente al actual local de la Asistencia Publica. Durante dos décadas permaneció en el lugar; luego..., el cambio fue final, la mudanza al Nro 832 de la calle Rivadavia.

Ciento nueve años acreditan para el Tortoni la mayor antigüedad de los cafés de la Avenida de Mayo, y por que no, del resto de la Ciudad. Ricardo M. Llanes, en su importante trabajo sobre la Avenida de Mayo dice que "algunas personas de respetable edad y solida memoria afirman que no; que anteriormente a este café hubo otro en la esquina de Chacabuco, donde estuvo el Café Madrid y cuyo local ocupa actualmente el Café La Victoria.

El edificio era propiedad de la Sra Concepción Unzue de Casares, que lo cedió a un sobrino, el que al poco tiempo decidió rematarlo. La base fue de quince millones de pesos y el adquiriente el Touring Club Argentino, con el propósito de contruir un hotel internacional.

Pero tal intención no prospero y Buenos Aires salvo así a esta reliquia histórica, para tener su Café Tortoni, así como Madrid mantiene su Parnasillo, Roma su café de Greco y París su café de Flore.

Pero por sobre la antigüedad del Café Tortoni, queda de el lo vital: el haber sido albergue de un sinnúmero de peñas literarias y artísticas y, entre ellas, la Asociación de Gente de Arte y de Letras. En parte ello fue posible gracias a que el francés Mauricio Curuchet se injerto en la Avenida como propietario del Café, fomentando las artes y las letras con el entusiasmo digno de un francés.

El poeta Allende Iragorri -dice Ricardo M. Llanes- realizo de Curuchet una descripción admirable:

ESTE SEÑOR DEL MILAGRO ERA UN VIEJITO TIPICO DE SABIO O PROFESOR FRANCES. MENUDO DE CUERPO Y FUERTE DE ESPIRITU, ESTILABA LA CLASICA PERILLA ALARGADA, OJOS VIVISIMOS ENTRE LA CORTA Y ENMARANIADA BARBA RISPIDA, Y USABA UN MILIUNANOCHESCO CASQUETE ARABE DE SEDA NEGRA CON SU CAIDA BORLA DE ORO.

Estas palabras, que no pudimos evitar la tentación de transcribir del libro de Llanes, son la mas fiel descripción de ese hombre que tanto alentó a los literatos que se reunían en el local de la Avenida de Mayo. Con el tiempo, el Tortoni se convirtió en el representante casi ideal de las peñas literarias y artísticas de Buenos Aires. Desde la figura cromática de Benito Quinquela Martin, que realiza en el subsuelo la primera exposición de sus obras, hasta el espíritu melodicamente tangueado de Juan de Dios Filiberto o el fino y sagaz humorista, de penetrante mirada y estallante palabra, que fue don Federico Garcia Sanchiz. El charlista español alguna vez soporto el asedio de un joven que, al terminar la exposición, le espeto la siguiente cuarteta:

SEÑOR GARCIA SANCHIZ,

A ESA ORATORIA BARATA

AQUI LE LLAMAMOS LATA

¿COMO SE LLAMA EN MADRIZ?

El joven interruptor era nada menos que el hoy historiados Ernesto Palacio, que hubo de ser separado a tiempo, para evitar la consabida trifulca.

Muchas fueron las personalidades que transitaron por su salón, desde aquel año de 1899 en que aparece por primera vez en una edición de la Guía Kraft, figurando en el Nro 825 de la Avenida de Mayo. Al compás de un café o de una copa de vermouth o de pernot, desfilo Alfonsina Storni, con su ansiedad marina, su húmeda y esotérica ansiedad; también lo hizo, junto a la musa Euterpe, Lia Cimaglia Espinoza y años después Maria Luisa Anido o las entristecidas pulsaciones de Argentino Valle.

El sótano del Tortoni fue siempre un gran corazón que albergaba ilusiones y lirismo, corazón que latió durante 17 años de trabajo intenso y en el que muchos jóvenes se sintieron incentivados por los premios otorgados por los augustos de las letras. Pero un 19 de octubre de 1943, el corazón se paralizo. ¿Cansado de trabajar? Quizá, ¿pero, cual fue la causa que motivo el cierre del sótano? Es probable que no pueda darse una respuesta concreta a este hecho. 17 años habían transcurrido desde aquel 25 de mayo de 1926 en que la Junta Directiva compuesta por Jorge Bunge, German de Elizalda, Benito Quinquela Martin, Arturo Romay, Edmindo J. Rosas, Alejandro Sevelieff y Gaston O. Talamon firmaban el acta constitutiva a las 0:30 del ida de la patria. Así nacía la Peña Asociación de Gente de Arte y Letras, que en esa oportunidad contó con la participación de los poetas Raul Gonzalez Tuñon y Francisco Luis Bernardez, quienes recitaron varias de sus poesías.

También lo frecuento y dicto una conferencia Luigi Pirandello, a cuyo termino canto Carlitos Gardel, como un rendido homenaje a la maravilla de su palabra.

Para despedirnos de el nada mejor que transcribir la leyenda que se puede ver en su entrada y que resulta el mejor homenaje a este monumento histórico de Buenos Aires.

"DESDE UN BAR, ARCO IRIS TE SALUDO

AHITO DE CAFE Y MELANCOLIA."

 

Jorge A. Bossio

"LOS CAFES DE BUENOS AIRES".

 
 
 


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