COMENTARIO Por Luciana Peker (Periodista) 

       En las redacciones hay una interna clásica: fotógrafos vs. redactores. Desde mi lugar -de redactora- no hay nada que me ofusque más que trabajar con alguien que espera órdenes, cumple con su trabajo siempre con un no en la boca o cree que su misión se reduce a disparar la cámara de fotos.

 

      Con Fabián está claro que el trabajo es en equipo. En la cobertura de la muerte de Alfredo Yabrán (1998) él apretaba el acelerador -mientras yo pensaba que nunca en mi vida me hubiera animado a andar a esa velocidad-. Y los dos pensábamos en la necesidad de cubrir la noticia, lo mejor y más ampliamente que se pudiera.

 

       Como tampoco nos hubiéramos atrevido a bajar en una villa miseria, como lo hicimos en el Gran Buenos Aires o en el Gran Rosario, sino fuera por buscar a la mamá de diez hijos que se ligó las trompas o al maestro que echaron por enseñar educación sexual.

 

       Parte de este trabajo es eso: apretar el acelerador, olvidarse del miedo, hacer lo que uno nunca hubiera hecho. Nunca aceptar un no. Y pelear por una palabra, por una foto. En 1999, en la cobertura por la masacre de Villa Ramallo, se subió a una ventana del Banco. Y disparó. Adentro, estaba Zulema Yoma y él consiguió esa foto, que ningún otro tenía.

 

       Ser fotógrafo es eso: disparar aunque no se sepa, disparar por intuición, por las dudas. Que la cámara mire más que los ojos. Para ser reportero gráfico se necesita más que ser fotógrafo. Se necesitan ganas, pasión, convencer a los entrevistados, manejar, aburrirse, esperar, ser ingenioso. Saber que una revista se hace en equipo. Saber que detrás de cada foto hay una gran historia. Saber llegar y saber mostrarla.

 

       Creo que Fabián Uset es un reportero gráfico. Y por eso vale la pena mirar -decifrar- sus fotos.

  

 

 

                                                                                                                                        

 

 

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