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ANÁLISIS, COMENTARIO Y DEMÁS

 

Cine

Los Cuatro Fantásticos

Con optimismo fuimos a ver si Hollywood daba un trato digno a estos cuatro precursores de Los Increíbles. Decepción. La caricatura lo hizo mejor al narrar toda la historia en 70 segundos: la cortinilla del programa.

 

The Fantastic Four

Ian Grifford, Jessica Alba, Chris Evans, Michael Chiklis.

Dirigida por Tim Story

20Th Century Fox/2005

 

A diferencia de otras cintas basadas en cómics, The Fantastic Four es una película que convence y deja buen sabor a palomita de maíz. Existe un balance entre historia y efectos especiales, la trama lleva un ritmo dinámico por lo cual es mucho más preferible que otros intentos menos afortunados --¿quién recuerda a The Hulk, por cierto?-- y sigue la pauta de Marvel Comics, los mismos que nos trajeron al Hombre Araña.

 

¿Entonces por qué The Fantastic Four no es la gran película que pudo haber sido?

 

Una razón de peso es argumental: Consciente de lo inane de las historias fílmicas inspiradas en cómics, el productor Tim Story se apega al argumento original sólo que se trata del incluido en el cómic y no en la serie animada, excepto que la mayoría de la gente recuerda a ésta última, y entre ambas hay diferencias. Esta vez, el cómo Los Cuatro Fantásticos se transformaron en el hombre plástico, la mujer invisible, el hombre antorcha y la mole absorben casi la mitad de la cinta, algo que en las caricaturas transcurría en un par de minutos. Reed Richards (Ian Grifford), su esposa Sue (la méxico-americana Jessica Alba, a quien conocimos en Dark City y aquí aparece con el cabello rubio) junto con Johnny (Chris Evans), cuñado de Reed y Ben Grimm (Michael Chiklis) son cuatro científicos que viajan en una misión espacial que atraviesa un campo radioactivo que altera su DNA y les da poderes que pueden manejar a discreción, con excepción de Ben quien termina convertido permanentemente en hombre de piedra.

 

Una buena parte  de la cinta se va en experimentos y clichés de cómo los cuatro utilizan sus nuevos poderes en situaciones de la vida diaria, y otro cliché que será más recurrente en Hollywood dado que ya  quedaron fuera de cualquier guión los terroristas árabes: el villano es un millonario, en este caso el Dr. Doom, cuyos motivos no son muy convincentes como para transformarse en un malvado de antología. Asimismo y luego de algunas batallas aparecen los créditos finales de modo que la película se siente incompleta pero al menos no existe en sentimiento de haber sido defraudados como sucedió, por ejemplo, en The Hulk y la tercera parte de The Matrix.

 

Las cartas quedan abiertas para una segunda parte que, esperamos, corrija las fallas de la primera. Hay algo que The Fantastic Four cumple, y esto es entretener. En especial por la Mole Ben.