Núm 32, II Época  - Mayo 2001 - Edita FE-JONS  -  La Falange  


Falangistas en el atentado

      

Editorial FE

 

Más reflexiones radicales

MILITANTES FALANGISTAS EN EL LUGAR DEL ATENTADO

Madrid, 12 de Mayo. Una decena de militantes de FE-JONS/ La Falange se encontraba en las
proximidades de la calle Goya de Madrid realizando labores de propaganda cuando tuvo lugar la explosión del coche bomba. Da la casualidad que la noche anterior se había llenado la calle Goya de carteles anunciando el acto del próximo 18 de mayo en Madrid, y que en la
oficina del BBVA en frente de la cual estalló el artefacto se pegaron varios, a pesar de contar con vigilancia privada. Precisamente el vigilante
jurado ha sido el peor parado del atentado.
Reforzando pues la propaganda hecha la noche anterior, la explosión sorprendió los militantes de la Falange a escasos metros del lugar. Rápidamente se desplazaron a la confluencia de las calles Goya y Velazquez donde ya habían llegado los primeros efectivos de policia y Samur. Unos hierros humeantes era lo que qudaba
del coche bomba, y las aceras y calzadas estaban llenas de cristales reventados en todas las calles de alrededor. Una vez superado el caos inicial, la policia fue acordonando la zona a la vez que llegaban centenares de vecinos y curiosos. Pronto apareció el ministro del interior, Rajoy, con Gallardón, Manzano, Tardón y De la Merced. Numerosos periodistas se acercaron a ellos sobrepasando el cordón de seguridad, momento que aprovecharon los falangistas para repartir octavillas de propaganda y dar gritos contra ETA, el separatismo vasco y el PP. Varios centenares de octavillas se lanzaron al aire, siendo recibidas con agrado por la mayor parte de los curiosos y vecinos, los periodistas se hacían eco de la propaganda falangista y los políticos antes citados no podían disimular su cara de estupor ante el contenido de las octavillas que les fueron entregadas en mano. Rajoy la arrugó con rabia. Manzano la guardó. También hubo ocasion
de hablar con De la Merced y Pio Cabanillas que acababa de llegar. A ambos se les reprochó la debilidad del gobierno y la clase política frente a ETA y el separatismo, y ambos simplemente bajaron la cabeza y continuaron su marcha. Hay que decir que en diversas ocasiones les fue pedida la documentación a los militantes falangistas, hecho que provocó gran indignación entre el público presente, llegando incluso a lanzar ellos mismos octavillas y acto seguido dar su documentación a los agentes, que no salían de su estupor. Hubo momentos de gran tensión pues se propagó la noticia de que podía haber otro artefacto en las proximidades, produciéndose escenas de pánico y rabia frente a otro atentado más y, sobre todo, a la incapacidad de la clase política diriginte para solucionar y poner fin a ETA y al separatismo vasco.

 

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