MILITANTES
FALANGISTAS EN EL LUGAR DEL ATENTADO
Madrid, 12 de Mayo.
Una decena de militantes de FE-JONS/ La Falange se encontraba en las
proximidades de la calle Goya de Madrid realizando labores de propaganda
cuando tuvo lugar la explosión del coche bomba. Da la casualidad que la
noche anterior se había llenado la calle Goya de carteles anunciando el
acto del próximo 18 de mayo en Madrid, y que en la
oficina del BBVA en frente de la cual estalló el artefacto se pegaron
varios, a pesar de contar con vigilancia privada. Precisamente el
vigilante
jurado ha sido el peor parado del atentado.
Reforzando pues la propaganda hecha la noche anterior, la explosión
sorprendió los militantes de la Falange a escasos metros del lugar. Rápidamente
se desplazaron a la confluencia de las calles Goya y Velazquez donde ya
habían llegado los primeros efectivos de policia y Samur. Unos hierros
humeantes era lo que qudaba
del coche bomba, y las aceras y calzadas estaban llenas de cristales
reventados en todas las calles de alrededor. Una vez superado el caos
inicial, la policia fue acordonando la zona a la vez que llegaban
centenares de vecinos y curiosos. Pronto apareció el ministro del
interior, Rajoy, con Gallardón,
Manzano, Tardón
y De la Merced. Numerosos periodistas se
acercaron a ellos sobrepasando el cordón de seguridad, momento que
aprovecharon los falangistas para repartir octavillas de propaganda y
dar gritos contra ETA, el separatismo vasco y el PP. Varios centenares
de octavillas se lanzaron al aire, siendo recibidas con agrado por la
mayor parte de los curiosos y vecinos, los periodistas se hacían eco de
la propaganda falangista y los políticos antes citados no podían
disimular su cara de estupor ante el contenido de las octavillas que les
fueron entregadas en mano. Rajoy la arrugó con rabia. Manzano la guardó.
También hubo ocasion
de hablar con De la Merced y Pio Cabanillas que acababa de llegar. A
ambos se les reprochó la debilidad del gobierno y la clase política
frente a ETA y el separatismo, y ambos simplemente bajaron la cabeza y
continuaron su marcha. Hay que decir que en diversas ocasiones les fue
pedida la documentación a los militantes falangistas, hecho que provocó
gran indignación entre el público presente, llegando incluso a lanzar
ellos mismos octavillas y acto seguido dar su documentación a los
agentes, que no salían de su estupor. Hubo momentos de gran tensión
pues se propagó la noticia de que podía haber otro artefacto en las
proximidades, produciéndose escenas de pánico y rabia frente a otro
atentado más y, sobre todo, a la incapacidad de la clase política
diriginte para solucionar y poner fin a ETA y al separatismo vasco.
AGENCIA DE NOTICIAS FE
INFORMA
SNCI
FE-JONS/LA FALANGE