![]() |
Núm 32, II Época - Mayo 2001 - Edita FE-JONS - La Falange |
Los irlandeses dijeron no |
|
José Manuel Cansino (Economista) Irlanda
dijo no y van dos de tres. Primero Dinamarca rechazando el euro, luego
Francia casi lo repite y ahora Irlanda, contra pronóstico, rechaza
mayoritariamente el Tratado de Niza sobre el que se pretende vertebrar
la ampliación de la Unión Europea (UE) hacia el este y sureste
europeo. Y
decimos contra pronóstico porque el gobierno irlandés en pleno, casi
todo el Parlamento, la Iglesia Católica –ahí es nada-, empresarios y
sindicatos, apoyaban la ratificación del Tratado. Estos
son “los riesgos de consultar a los ciudadanos”; así se despachaba
un funcionario de la Comisión Europea una vez conocidos los resultados
del pasado 7 de junio. Toda una lección de “democracia asimétrica”;
esa que sólo permite resultados políticamente correctos con los que no
han estado de acuerdo el 53 % de los escasos electores irlandeses (sólo
el 34’79 % del censo) que, entre otros aspectos, desaprueban la falta
de democracia de las instituciones europeas reguladas por el Tratado de
Niza. Téngase
en cuenta además, que la arrogante valoración del funcionario de
Bruselas tiene sus seguidores en la prensa nacional; así, El País
afirmaba que había que “meditar sobre los errores y buscar una
salida” sobre la premisa de que votar negativamente había sido un
“error”, o el periódico ABC que recomendaba la celebración de un
segundo referendum a lo Dinamarca “en el que se de a la población
irlandesa la gran oportunidad de cambiar de opinión” (sic). En
definitiva, los medios y las instituciones apuestan mayoritariamente por
la “democracia según”, esto es, se acepta el resultado de las
consultas democráticas “según lo que salga”. Irlanda,
con todas las apuestas en contra vuelvo a insistir, acaba de abrir una
crisis en la UE como no ocurría desde hace al menos diez años. El
interrogante está en si alguno de los catorce socios restantes recoge
la recomendación de los partidarios del no y reproduce la consulta;
pensemos en países con importantes dosis de euroescepticismo como
Austria. |