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“Por el camino del pensamiento sin cuya constante vigilancia, la acción es pura barbarie” José Antonio |
Edición digital II Época nº 34- Edita Falange - |
El nacionalismo gallego desesperado
Noticias de El Míster La semana en clave azul
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El 21 de octubre se celebrarán en Galicia las elecciones autonómicas al parlamento de esta región. El mapa político gallego, simple pero con ciertas singularidades, es uno de los grandes desconocidos para el resto de los españoles teniendo en cuenta que se trata de un territorio con una creciente presencia separatista, y en comparación con las abundantes informaciones que recibimos desde los medios de comunicación sobre los nacionalismos catalán y vasco. El parlamento gallego está actualmente dominado por la mayoría absoluta del PP de Manuel Fraga, y tiene como segunda fuerza a una coalición de partidos separatistas de todo signo, reunidos tras las siglas del Bloque Nacionalista Gallego (BNG). Dentro del Bloque o del "Benegá", como se le conoce popularmente en Galicia, existe una tendencia dominante (con el 60% de los puestos ejecutivos de la coalición) de carácter marxista-leninista pero actuación muy pragmática, que es la Unión del Pueblo Gallego (UPG). El portavoz y líder carismático del Benegá, Xosé Manuel Beiras, sigue en importancia a la UPG con su algo menos numerosa "Izquierda Nacionalista", de signo socialdemócrata, a la que le acompañan ya en mucha menor escala partidos progresistas como Unidad Gallega, derechistas como el Partido Nacionalista Gallego, trotskistas como Inzar (la antigua rama gallega de la Liga Comunista Revolucionaria), los izquierdistas del Colectivo Socialista y el grupo juvenil del BNG, Galiza Nova (traducción al portugués, sic, de la expresión "Galicia Joven"). Esta coalición nació a comienzos de la década de 1980 como una agrupación de partidos nacionalistas de izquierdas descontentos con el Estatuto de Autonomía gallego y que se negaban a acatar la constitución de 1978. Contaban con las simpatías mútuas de Herri Batasuna, a cuyos parlamentarios invitaban a sus mítines con asiduidad. Entre 1985 y 1987 se hizo patente en el Bloque la necesidad de acatar las reglas del régimen monárquico si querían obtener unos resultados que les sacasen de la marginalidad política en la que se habían mantenido hasta entonces. Se produjo entonces el acatamiento de la constitución por el Benegá y su rotura de relaciones con HB. Progresivos escoramientos a la derecha (en los que hay que dar especial importancia a descarados y recientes guiños a la patronal gallega) y la conquista de pequeñas parcelas de poder, como los municipios de la comarca del Morrazo (Pontevedra) acuciada por la crisis pesquera, fueron haciendo que el pragmatismo y una moderación más disimulada que sentida se extendieran por las filas "bloqueiras". Se expulsó a los radicales izquierdistas del Frente Popular Gallego, primero, y más tarde a los del Movimiento de Liberación Nacional, que hoy están hermanados con lo peor de los cachorros proetarras gallegos, la tristemente famosa AMI (Asamblea de la Mocedad Independentista), responsable de actos de terrorismo callejero en toda la región. La purga de estos elementos supuso toda una operación de maquillaje político para la coalición de Beiras, lo que le ha permitido ir escalando progresivamente puestos hasta superar en votos al PSOE y convertise para asombro de todos, como se ha señalado, en la segunda fuerza en el parlamento autonómico, además de partido gobernante en ciudades importantes como Ferrol, Pontevedra y Vigo. Son éstas de 2001 las primeras elecciones en las que el Bloque, con el apoyo siempre inestimable del PSOE, podría alcanzar la presidencia de una Xunta que Manuel Fraga ha estado utilizando durante más de una década para ponerle una alfombra roja al nacionalismo: manipulación de la enseñanza en grados similares a los de unas Vascongadas y una Cataluña gobernadas por los separatistas, exaltación de las figuras más despreciables y sectarias del nacionalismo (como Alfonso R. Castelao), e incluso el tratamiento habitual de Galicia como "país" e incluso "nación" en los medios controlados por el PP, como la Televisión de Galicia, son platos habituales en esta Galicia controlada por la derecha. El PP ha sido un auténtico caballo de Troya para el nacionalismo gallego. Pero Beiras y los suyos se encuentran con una dificultad. La edad del candidato nacionalista y sus problemas de salud mental (está medicado y hace años incluso estuvo recluído en un psiquiátrico), unidos a los cada vez mayores problemas internos de un BNG sin la cohesión ideológica suficiente y con más y más militantes descontentos con el escoramiento derechista del Bloque, indican que con casi total seguridad, ésta sería la última oportunidad de Xosé Manuel Beiras de conseguir su objetivo. Si el BNG no consigue llegar al poder en estos comicios, Beiras no tendría otra salida que la de marcharse a casa, y sin su presencia la fráfil unidad interna del Bloque se vendría abajo. La cada vez mayor presión por la izquierda de un independentismo radical mejor organizado y financiado desde Vascongadas por los batasunos, hace que el separatismo proetarra sea cada vez más sugerente para muchos jóvenes bloqueiros adoctrinados en los mitos de la izquierda más jurásica y atea, pero que ahora se encuentran con un partido institucionalizado y que incluso reniega con vergüenza de símbolos como la estrella roja, abrazando el escudo oficial -y cristiano- del Cáliz y las cruces de Galicia, cuando las conveniencias electorales se lo reclaman. Por el centro, el previsible aumento de votos del PSOE de Emilio Pérez Touriño pone a la coalición de Beiras en una curiosa disyuntiva que confunde por momentos tanto a propios como extraños. Esto, sin embargo, no significa que una victoria de la derecha en las elecciones gallegas vaya a traer resultados prometedores. A corto plazo, un hecho así conseguiría desmembrar a un nacionalismo que no ha sabido adaptarse a los ritmos que marca el sistema parlamentario, pero reforzaría a medio o largo plazo, y de un modo irreversible, el cada vez mayor empuje a favor de un nacionalismo mal llamado "moderado" al estilo catalán, teniendo en cuenta que la política cultural y educativa de la Xunta controlada por el PP es el mejor caldo de cultivo para el separatismo en Galicia. La mejor salida de los gallegos, a falta en esta ocasión de una alternativa electoral patriota, es la de dar la espalda a quienes quieren convertir Galicia en una "nación" (tanto los del PP como los del PSOE y el BNG), y romper con el círculo vicioso que han establecido esos partidos del régimen. ¿Propuestas? Una: la Falange. Xabier Atopareite atopareite@yahoo.es
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