The Black Dragon Society

by Shougo Amakusa & Misanagi

Capítulo 19

"La Decisión"

En el capítulo anterior, después del ataque armado y del cruento enfrentamiento entre Soujiro y Klaudia solo unos pocos quedaban en pie para hacerle frente a los miembros de la Sociedad. Shouzo logró alcanzar a Soujiro, quien había caído al agua y trataba de llevarlo hacía la playa, ya que se encontraba muy mal herido. Klaudia se convirtió en un enemigo formidable, no sólo su habilidad para manejar el estilo Hitenmitsurugiryu, sino por la frialdad con que ejecutaba cada movimiento; eso la convertía en una máquina asesina carente de piedad.

Klaudia veía al grupo, quien observó atónito la derrota de Soujiro, y reía lastimosamente. Su perspicacia le permitió distinguir en una de las miradas más interés que en la de los demás. Realmente Shougo Amakusa estaba sorprendido por la habilidad de aquella mujer en manejar un estilo que, hasta ahora, él creía que solo dominaban Himura y él. Misanagi se sentía incómoda, inclusive molesta, ya que podía percibir que Shougo detallaba cada movimiento de la Samurai con un interés que iba mas allá del análisis de la técnica utilizada por la guerrera.

De pronto, Amakusa desenvainó su espada y dio un paso hacía adelante, pero alguien le tomó del brazo y lo contuvo momentáneamente:

???: ¿Qué piensas hacer?.
Shougo (saliendo del trance en que se encontraba): ¿Eh?. Suéltame Misanagi, soy el único que puede enfrentarla.
Misanagi (asiéndose aún mas fuerte a su brazo): No lo hagas por favor. ¡Mira como quedó el pobre de Soujiro! ¿Quieres que te maten?.
Shougo (soltándose de manera violenta y visiblemente molesto): ¿Acaso crees que no soy un digno oponente para esa mujer?.
Misanagi (cayendo en cuenta que hirió el orgullo del Samurai): No..., no quise decir eso, pero...
Shougo (dando media vuelta y comenzando a caminar de nuevo): Está decidido, lo que será, será.

Misanagi tenía ganas de detenerlo, interponerse entre él y esa mujer, que estaba destinada a robarle lo que más había amado, pero no podía, hubiera puesto en evidencia sus sentimientos hacia Amakusa y eso no era posible, no debía. Detrás de ella estaba Haita, siempre fiel como un perro guardián, cuidando las espaldas de su líder, pero que en ese momento era el obstáculo más difícil de derribar para poder detener lo que sería sin duda un cruel enfrentamiento. Tal falta de determinación hería profundamente a Shougo, hubiese preferido que lo cortaran en dos, para no tener que sentir el desasosiego de saber que la Ninja anteponía el riesgo de perder sus privilegios como Líder Sanada a defender lo que él consideraba lo más importante. Por ello, a medida que se acercaba a su oponente, trataba de convencerse así mismo de que el combate sería la vía de escape perfecta para huir de la desesperación que lo atormentaba.

Además pensaba en Sayo y en su renuencia a verla unida a un hombre que despreciaba, por lo cual se repetía una y otra vez - Será la solución perfecta.., para ambas -.

Shougo se colocó delante de Klaudia, con la mirada baja y sonriendo irónicamente dijo:

Shougo: Eres buena, realmente buena, pero vamos a ver si eres capaz de derrotar al Hijo de Dios.
Klaudia: Así que tú eres el famoso Shougo Amakusa de Shimabara, el que se atrevió a dejar ciego al temible Hitokiri Battousai, ¿eh?. Pues bien, será todo un placer.
Shougo: Vaya, Himura, ya nuestra pelea se ha hecho famosa.
Kenshin: Eso veo.
Klaudia (Viendo a Kenshin): Así que tú eres el famoso Hitokiri Battousai; esto se ha tornado muy interesante, pero no le demos más largas a este asunto.

El combate dio inicio; Klaudia y Shougo se lanzaron uno al otro y comenzaron a atacarse sin tregua, pero ninguno de los dos tomaba ventaja, el combate era muy parejo, el sonido del choque de sus espadas inundaba todo el lugar. Shougo respiraba en forma jadeante, la velocidad de los movimientos de Klaudia lo dejaban sin aliento, de nada servía la concentración, pero seamos honestos, ¿Cuál concentración?. Sus pensamientos estaban muy lejos. Una voz no dejaba de retumbar dentro de su cabeza -"Estarán mejor sin ti, eres solo un obstáculo"-. Por otra parte, Klaudia estaba molesta, ¿Ese era el famoso Hijo de Dios?.

Habían comenzado la pelea en igualdad de condiciones, pero a medida que iba transcurriendo la misma, él parecía estar desorientado, sin motivación alguna para enfrentarla. Por favor, ella ni siquiera había utilizado todo su poder y ya él parecía desmoronarse, inclusive su oponente anterior había mostrado mayor determinación, era como si Shougo quisiera.... ¿suicidarse?.

Klaudia (levantando su espada): ¡Vamos!. Apenas me he ejercitado contigo ¿Es todo lo que puedes mostrarme?.
Shougo (incorporándose y sonriendo): ¿Quieres jugar verdad?. Bien, nunca me ha gustado dejar insatisfecha a una mujer; y menos a una tan hermosa.

La pelea se reanudó; ambos guerreros chocaban una y otra vez sus espadas; luego se separaron una vez más y se lanzaron al ataque.

Klaudia: ¡¡Ryu Kan Zen!!.

Shougo trató de evadir el ataque pero no lo consiguió; Klaudia dio el giro de 360º muy rápido y su zarpazo fue certero.

Kenshin (pensando): Algo le pasa a Shougo, mi Ryu Kan Zen en nuestro primer duelo fue a la misma velocidad y lo evadió de fácilmente y ahora ni siquiera evade este; algo anda mal.

Shougo se detuvo, de pronto sintió que una sensación cálida lo recorría desde su costado izquierdo, se llevó la mano a sus costillas y cuando la levantó estaba completamente cubierta de sangre. No reparó en la herida y volvió a atacarla, pero nuevamente la Samurai fue más rápida y esta vez le lastimó el brazo con el cual empuñaba el sable. La pérdida de sangre lo había agotado aún más, veía borroso, por lo que se tomó unos segundos para respirar mejor y tratar de definir las múltiples imágenes que tenía de su oponente. Clavó su espada sobre la cubierta del Barco y apoyó su frente sobre la empuñadura de ésta.

Pequeñas gotas de sudor mezcladas con sangre caían sobre la madera ya cuarteada por el salitre marino. Logró ver el rostro de Misanagi entre el camuflaje que le brindaba la cascada de cabello que caía a los lados de su rostro. Estaba de pie y observaba la pelea sin mostrar un signo aparente de preocupación. -"¿Tanto temes mostrarle al mundo lo que sientes?. ¿Hasta dónde puede llegar tu magistral actuación mi querida Misanagi?"-. Pero lo que no sabía el Samurai era que bajo esa apariencia impávida, Misanagi se debatía en un mar de sentimientos encontrados. Por un lado la angustia de verlo rindiéndose poco a poco, ante un oponente que hubiese parecido incluso inferior a él. ¿Qué era lo que lo hacía actuar de esa manera?, el Shougo Amakusa que ella conoció era frío y determinante a la hora de cualquier enfrentamiento.

Dentro de ella, una voz le gritaba la respuesta, pero el miedo de enfrentar los prejuicios de su clase en torno a una relación que ideológicamente era contradictoria, no la dejaba escucharla. Shougo mientras la observaba, no se percató de que las manos de Misanagi se encontraban cerradas de tal forma, que incluso llegaban a hacerle daño. Amakusa volvió a levantarse medio tambaleando, pero utilizó su espada como soporte y se colocó nuevamente en posición de combate.

Shougo (pensando): La decisión está tomada.

El Samurai se coloca en guardia y se lanza contra Klaudia quien se queda parada a esperar el ataque; la Samurai se prepara para asestar el golpe en el momento preciso, Shougo siguió contra ella, en el instante preciso Klaudia desenfundó. Cuando Shougo se encontró a la distancia adecuada para atacar a su contrincante, vinieron a su memoria las palabras de Sayo -"¡¡Sanosuke Sagara es el hombre que yo amo y si lo quieres matar me tendrás que matar a mí primero!!"- así como el rostro inexpresivo de Misanagi. Vencido moralmente y ante la propia sorpresa de Klaudia, Amakusa soltó la espada, que cayó a los pies de la Samurai, la cual no tuvo oportunidad para detener su ataque sólo de desviarlo un poco y asestó el golpe.

El Samurai se desplomó sobre la cubierta y un grito ahogado de Misanagi le dio a entender a Klaudia que efectivamente había acabado con su oponente.

Kenshin: ¡Shougo!. No es posible, vamos, ¡Levántate!. No puedes haberte dejado matar de esa forma.

Shougo gimió y trató de incorporarse, pero Klaudia estaba decidida a no permitir que se le escapara una victoria segura, por lo que se dispuso a atacar de nuevo.

Haita (detrás de Misanagi): Todo terminó para el Hijo de Dios.

Las palabras de Haita fueron el estímulo para que Misanagi saliera de su letargo y tomara la decisión que cambiaría su destino para siempre. Tomó una de sus dagas y la lanzó de una forma certera, desarmando a Klaudia e impidiendo que Shougo fuera ejecutado en el acto.

Misanagi (gritando): Levántate Shougo, no puedes dejarte vencer, no de esa forma Yo.., yo.., no podría, no me lo perdonaría... Yo te amo.., ¡¡¡Te amo!!!. Perdóname si no le demostré al mundo que estoy tan orgullosa como tú de este sentimiento, pero sí lo estoy, sí lo estoy. Por favor, vive, vive. Recuerda que somos uno y no puedo perderte, no a ti, no lo soportaría. ¡¡¡Shougo!!!.

Y diciendo esto cayó sobre sus rodillas y con los puños sobre la cubierta y comenzó a sollozar. Todos se quedaron atónitos, inclusive la propia Klaudia, que recogía su espada del suelo y quien siempre se había burlado de los sentimientos de las personas, creyéndolos como algo muy fatuo de lo que ella no podía darse el lujo de experimentar dado su historial de asesina.

Klaudia (riendo lastimosamente y tomando su espada dispuesta a decapitar al Samurai): ¡Pero que enternecedor! Pues prepárate para asistir a un funeral!.
Misanagi (levantando su cabeza): ¡¡¡Shougo!!! Nooo...

En una fracción de segundos, Amakusa pudo leer en los ojos de la Ninja la respuesta que tanto ansiaba. La vio desesperada, impotente ante lo inevitable. Vio a Haita a sus espaldas, quien estaba pálido ante la confirmación de algo de que venía sospechando desde hacía tiempo; vio a Ren quien no salía de su asombro y no dejaba de ver a su Jefa; luego vio a Klaudia quien se alistaba para asestarle el golpe de gracia. Luego miró a su hermana Sayo, estaba realmente desesperada; a pesar de todo ella lo quería mucho; sólo que no aceptaba que ya había crecido; en ese momento encontró su razón para luchar; pero en todo ese tiempo ya Klaudia había lanzado el ataque y Shougo no tenía su espada a la mano.

Klaudia: Eres historia.
Misanagi: ¡¡NOOOOOOO!!.

Klaudia atacó pero ante el asombro de todos su ataque fue detenido; Shougo había usado su funda para hacerlo.

Klaudia (pensando): Usa una funda de metal.
Shougo: Aún no es tiempo de morir. Tengo muchas cosas que hacer.

Con un rápido movimiento, Shougo golpeó a Klaudia en el estómago y en las piernas; la Samurai estaba muy sorprendida.

Klaudia (pensando): Su faz ha cambiado y esos ataques no pude verlos; no sé que está pasando pero no es nada bueno; bah, no le tengo miedo a nadie ni en este mundo ni en ningún otro.

Klaudia se ponía en guardia mientras Shougo recogía su espada del suelo.

Shougo: Bien, a partir de ahora comenzará nuestra verdadera batalla.
Klaudia (sonriendo): Veremos qué tan bueno eres.
Shougo: Con gusto te lo demostraré.

Ambos seres se lanzaron el uno contra el otro ante la expectativa de todos los presentes.

¿Qué pasará en esta batalla?. ¿Quién será el ganador?. ¿Y Luego?. No se pierda el próximo capítulo.

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