The Black Dragon Society
by Shougo Amakusa & Misanagi
Capítulo 26
"El Inicio de una Unión con Aires de Despedida"
En el capítulo anterior, Misanagi aceptó la proposición de Shougo Amakusa de casarse al día siguiente, mientras Kenshin, posiblemente influenciado por las palabras que Amakusa le dijese, le planteó a Kaoru la posibilidad de que no se celebrase una sola boda, sino dos. El Samurai comenzaba a impacientarse. La chica frente a él no hacía mas que verlo a los ojos sin siquiera pestañear. Estaba anonadada. Tanto tiempo esperando por un gesto, una palabra que la hiciera sentir amada; y ahora en menos de dos semanas su vida cambiaba abruptamente. ¿Ser la esposa de Kenshin? ¿Y mañana?
Kenshin (asiendo aún mas fuerte la mano de Kaoru): ¡Kaoru..! ¿Me estás escuchando?
Kaoru (llevando sus manos al rostro y tapando sus ojos): ¿Eh? Sí, Kenshin.
Kenshin: Te digo que si quieres cas...
Kaoru (interrumpiéndolo): Kenshin, lo que quiero decir.., es que sí, acepto casarme contigo mañana.
Ahora fue el Samurai el que se quedó paralizado, sin saber que decir. Interiormente suponía que Kaoru no se negaría a ser su esposa, pero hasta a él le parecía un tanto apresurada la decisión que había tomado, por lo que pensó que a lo mejor la chica pediría mas explicaciones, como era su costumbre.
Se levantó y ayudó a Kaoru a hacer lo mismo. La silueta de dos perfiles, uno frente al otro, se dibujaba en el fondo de una luna llena. Los labios de uno se unieron a los del otro, en un beso que sellaba un pacto que desde hacía tiempo anhelaban ambos corazones.
La mañana siguiente amaneció radiante, aun cuando más fría que de costumbre para esa época del año. Kenshin fue el primero en levantarse y salió sin dar aviso a nadie de donde iba. Misao despertó y se dispuso a poner el Aoia de cabeza, con tal de tenerlo todo listo para la celebración. Cuando se levantó el resto y se encontraron para desayunar, un balde de agua fría cayó literalmente sobre la cabeza de la jovencita, en el momento que Kenshin regresaba de la calle y le daba las buenas nuevas a su joven amiga.
Misao: ¡¡¡¡¡¡¡¡¿Dos bodas?!!!!!!! ¡¡¡¿Cómo que dos bodas?!!!
Kenshin: Lo que oíste Misao, Kaoru y yo nos casaremos hoy.
Misao (dirigiendo una mirada foribunda a Kaoru): ¿Cómo no me dijiste ni media palabra? Creí qué éramos amigas
Kaoru (encogiéndose de hombros): Lo siento Misao, pero recuerda que acabo de levantarme y recién estoy cruzando una palabra contigo.
Misao (tomando a Kaoru de los brazos y sacudiéndola): ¡¡¡Me hubieras despertado!!! ¡¡¡Una noticia como esa no se puede guardar hasta el día siguiente!!!
Aoshi (estrechando la mano de Himura): Felicidades Kenshin.
Sano (rodeando el cuello del Samurai con su brazo): Bueno amigo, creo que ya te echaron el lazo. Mucha suerte, porque con una mujer como Kaoru, seguro vas a necesitarla.
Yahiko: Si le grita por lo menos la mitad de lo que me grita a mí, va a necesitar mas que suerte. Tendrá que orarle a todos los espíritus para que lo ayuden.
Kaoru: ¡¡¡¡¡Cállate Yahiko !!!!
Yahiko: ¿Ven lo que les digo?
Todos los presentes se rieron y Kaoru no pudo esconder el rubor que afloró en sus mejillas.
Aoshi: Bueno, entonces tendremos que avisarle a Saito, para que le avise al oficial de Ley.
Kenshin: No será necesario. Yo lo hice temprano.
Aoshi: Bien entonces yo me marcho para hablar con el monje del templo.
El resto de la mañana transcurrió en un abrir y cerrar de ojos, ya que todos de alguna manera se encontraban ocupados con los preparativos. Kaoru y Misanagi fueron llevadas por Okina a un baño público, donde se encargarían de darles una especie de tratamiento de belleza especial para una ocasión como esa: Las sumergieron en una enorme tina llena de agua templada y aromatizada, luego un masaje relajante y unos puntos de acupuntura para calmar la ansiedad. Finalmente las vistieron y maquillaron como era lo propio para ese tipo de ceremonia. Mientras tanto, Shougo y Kenshin decidieron que su primera noche de casados no la pasarían en el Aoía, demasiada gente fisgoneando. Salieron con la idea de rentar una habitación en uno de los hoteles de Kioto. En el camino, Amakusa observó un cartel de "Se alquila". Era una casa pequeña, pero muy acogedora, sobre todo por el pequeño jardín interno, que ofrecía una vista relajante desde cada una de las dependencias. Entraron y el alquiler le pareció razonable. La renta que el Gobierno Meiji había prometido pagarle por sus servicios, le permitía darse ciertos lujos y estaba contento de poder ofrecerle a Misanagi un pequeño rincón para compartir en la intimidad. Solo que una nube oscura ensombrecía esa pequeña dicha - "Quizás sea sólo una noche"- se decía a si mismo el Samurai. Luego acompañó a Kenshin a reservar la habitación del hotel. Himura no disponía del dinero suficiente como para rentar la habitación más lujosa, pero Amakusa se adelantó a Kenshin ante el encargado, pidió la suite nupcial y la pagó en el acto.
Kenshin (tratando de detenerlo, tomándolo del antebrazo): No por favor. ¿Qué estás haciendo?
Shougo: Es nuestro regalo de boda para ustedes. De parte de la familia Amakusa.
Kenshin: Pero..., si no es necesario. Además, ¿Qué podemos nosotros darte a cambio?
Shougo (sonriendo un tanto irónico y dándole una palmada en la espalda a su pequeño amigo): ¡Que mala memoria tienes Himura! Hace un año tu me diste la oportunidad de rectificar sobre mis acciones. Gracias a ti, estoy aquí, a punto de atarme la soga al cuello. Además, Kaoru fue muy gentil conmigo cuando me visitó en prisión y ha sido muy buena con mi hermana. ¡Vamos, no tiene remedio! El encargado ya guardó el dinero.
Ambos amigos se estrecharon las manos, sintiéndose afortunados de que una rivalidad tan fuerte se tornara en una sincera amistad. Entre tanto en el Aoía, se habían corrido los paneles del salón para hacer que este se viera más amplio. Sayo ayudaba a decorarlo, colocando arreglos florales muy hermosos, mientras Sano la observaba detalladamente apoyado de una de las columnas del porche.
Sayo (volviéndose a ver a Sano): ¿Qué te sucede, por qué tan pensativo?
Sano: No es eso, es que la belleza de las flores palidecen ante la tuya.
Sayo (ocultando su vergüenza): ¡Vamos Sano, no soy tan bonita!
Sano (acercándose a ella y rodeándola con sus brazos): ¡Claro que sí lo eres! En todos los sentidos, físicamente eres preciosa y espiritualmente eres un ángel.
Sayo (tratando de ocultar su emoción por esas palabras tan dulces): ¿Debe ser lindo casarse? ¿Qué sentirán Kaoru y Misanagi en estos momentos?
Sano no le respondió, solo hundió su rostro entre sus cabellos. Le embriagaba su característico olor, una mezcla de esencia de flores y el aroma del bosque después de una lluvia pertinaz. Las palabras de Shougo eran como un repicar incesante de campanas dentro de su cabeza "... Te casarás con ella y la harás feliz...". De pronto reaccionó como impulsado por un resorte interno. La tomó de los brazos, le dio un beso en la frente y le dijo:
Sano: Vas averiguarlo por ti misma.
Había llegado el mediodía y dentro del camarote del capitán de uno de los buques de Takashi, este celebraba con un banquete la proximidad de lo que él consideraba sería el ataque más cruento que el Gobierno Meiji hubiese podido enfrentar. Klaudia por su parte, con un vaso de sake en la mano, estaba ansiosa por enfrentarse de nuevo con Amakusa y solo restaban horas para saciar esas ansias. De pronto, la puerta del camarote se abrió violentamente. Era Melders, que entraba con una amargura intensa reflejada en la mirada.
Takashi: ¿Qué te sucede?
Melders (golpeando la mesa de madera, haciendo que el contenido de la botella de sake se derramará en la superficie): Esos malditos tienen una celebración esta noche.
Klaudia (un tanto confundida): No entiendo ¿Y qué celebran?
Melders: Himura y ese Samurai Cristiano se casan.
Klaudia (levantándose): ¿Qué has dicho?
Takashi (comenzando a reir): ¡¡Excelente!!
Melders y Klaudia (viéndolo, ahora ambos confundidos por el comportamiento de su líder): ¿Qué es tan gracioso?
Takashi (sin dejar de reir): La fiesta antes del funeral. ¿No les parece irónico?
Melders (más confundido aún, mientras que Klaudia caía en cuenta dada su conversación con Takashi el día anterior): ¡¡No te entiendo!!
Klaudia (acercándose a Melders de forma insinuante): Pues verás mi querido Teniente, mañana el Aoía será destruido, mientras que yo me encargaré de dejar viuda a tu muy apreciada Ninja Sanada.
La luz del sol comenzó a bajar su intensidad a medida que recorría la despejada bóveda celeste, como si el mismo cielo celebrase la unión de estos corazones. La mayoría de los invitados se encontraba ya en el templo, inclusive Haita pudo asistir a la ceremonia. Los novios estaban un tanto nerviosos porque sus consortes aún no aparecían y a la vez les extrañaba que Sano y Sayo no hubieran llegado aún. En un instante, las novias aparecieron ataviadas con hermosos kimonos de colores intensos. A diferencia de la cultura occidental, en el Japón las novias visten colores fuertes, que representan la prosperidad y la alegría que significa la ocasión: Misanagi estaba vestida en un rojo intenso, que acentuaba las facciones de su pálido rostro; mientras que Kaoru, en un color azul mar, se veía mas dulce que nunca. Himura y Amakusa se quedaron sin aliento, sin saber que ellos habían causado el mismo efecto sobre las mujeres que en unos minutos se convertirían en sus esposas, al verlos despojados de sus atuendos habituales. Por un lado Kenshin, se vistió de un azul, casí negro, que contrastaba con el color fuego de su cabello y Shougo fue más drástico aún; todos en la boda se quedaron atónitos al verlo, la propia Misanagi dudó por unos instantes si esa persona que la esperaba era su futuro esposo; Shougo había cortado sus cabellos y los tenía más cortos que Sanosuke y todos de puntas, mientras que ya no vestía su habitual túnica sino ropas occidentales; tenía un pantalón negro un poco holgado, una camisa manga larga azul oscuro y una gabardina muy parecida a la de Aoshi pero de color negro; además cambió sus botas por zapatos (también de color negro). Misanagi había reparado en lo atractivo que era su prometido, pero nunca imaginó que podía llegar a ser tan arrebatadoramente guapo.
Shougo al inicio estaba algo incómodo al tener todas las miradas de los presentes sobre él, pero esa sensación duro poco tiempo; el Samurai se quedó embelesado con la belleza de su prometida, realmente la amaba, quería estar siempre con ella, tener familia, hijos; de pronto en la mente de Amakusa se formó una escena.
Mente de Shougo Amakusa
Klaudia y Shougo se batían en un combate impecable en todo sentido, el cristiano blandía su espada con convicción, pero la Samurai demostraba que también era una experta en el estilo Mitsurugi.
Klaudia: Vamos Amakusa, ¿Eso es todo lo que sabes hacer?.
Shougo atacó a Klaudia, pero la Samurai saltó y lanzó su contraataque.
Klaudia: Hiten Mitsurugi Ryu ¡¡Ryu Tsui Sen!!.
Shougo a duras penas logró evadir la espada de la mujer, pero con gran Maestría Klaudia lanzó el segundo ataque.
Klaudia: ¡¡Ryu Kan Sen!!.
Esta vez Shougo recibió el zarpazo en el hombro y parte alta de su brazo izquierdo, el cristiano se alejó un poco y con su mano derecha se sujetó muy fuerte la herida.
Klaudia: Esta vez esa Ninja idiota no te va a salvar, te demostraré que soy la mejor en el estilo Hiten Mitsurugi Ryu.
Shougo (irónico): La verdad no deberías sentirte tan segura de tu victoria, la vanidad sólo lleva al fracaso.
Klaudia: ¡¡Te haré callar la boca!!.
Klauidia se lanzó contra Shougo y ambas espadas chocaron una y otra vez, la pelea parecía interminable y ninguno de los dos rivales se veía como ganador; en ese instante.
Klaudia: ¡¡Do Ryu Sen!!.
La Samurai movió su espada de abajo hacia arriba y la tierra se abrió en dirección de Shougo, el Samurai saltó para evadir el ataque, pero para su sorpresa, Klaudia estaba ya en el aire esperándolo.
Shougo: ¡No puede ser!.
Klaudia: Nos vemos en el infierno, Amakusa.
La Samurai asesinó a Shougo y en ese momento la escena terminó y el Samurai cristiano volvió a la realidad.
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Shougo (pensando): No me dejaré asesinar, no lo permitiré, tengo mucho por qué vivir, mucho por qué vivir.
Shougo volvió la vista hacia Misanagi quien lo miraba algo asombrada por el cambio de apariencia, pero sonriente. Se había dispuesto todo para comenzar la ceremonia, primero la que sería oficiada por el representante del Gobierno y luego por el Monje, pero en eso, una voz conocida irrumpió justo a tiempo.
Sano : ¡¡Disculpe oficial! ¿Le importaría mucho casarnos a nosotros también?
¿Cuán duradero será este feliz momento para nuestros amigos?. ¿Se cumplirá la pesadilla de Shougo?. Descúbranlo en el próximo capítulo.
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