Efecto fotoeléctrico y los fotones
El
significado de la solución muy ingeniosa que aportó Planck, era controvertido.
Planck mismo no quería creer que la radiación electromagnética estuviera
restringida de esta manera que el proponía, y esperaba poder encontrar algo
dentro de la física clásica que no hubiera sido analizado a fondo, que le
permitiera explicar porqué las ondas debían transportar energía solo en
cantidades discretas, múltiplos de un mínimo. A Planck no le gustaban las
implicancias de lo que él mismo había lanzado, poniéndolo en perspectiva de
hoy, Planck no consideraba que hubiera abierto la puerta a una nueva física,
totalmente revolucionaria. El nunca le atribuyó
a estos pequeños paquetes de energía una significación que fuera mas
allá de un artificio matemático, es decir para él los cuantos no tenían una
significación física genuina.
Desde
un punto de vista filosófico los físicos podían discutir eternamente acerca
de los fotones, ¿eran reales? o ¿eran construcciones matemáticas que escondían
algún principio físico desconocido?. A medida que el tiempo transcurría,
comenzó a ser aparente que los resultados de ciertos experimentos, eran mas fácilmente
entendidos si se partía de la premisa que los fotones eran una entidad física
genuina, es decir reales. El primero de estos fenómenos es el denominado efecto
fotoeléctrico. Ciertos materiales emiten electrones cuando son iluminados por
una luz. La razón por la que los metales conducen electricidad, es que algunos
de los electrones más superficiales del elemento químico
componente están libres de moverse a través de todo el material
conductor, saltando desde un átomo hacia otro del metal conductor. Es un hecho
ya establecido que los electrones
en los llamados metales – que son conductores- no están firmemente
ligados como lo están en otras substancias. Por lo tanto si arrojamos energía
de una
forma u otra, a un metal podríamos golpear electrones y sacarlos, pero existen
un par de detalles del efecto fotoeléctrico que elude explicaciones sencillas.
Los físicos experimentales habían descubierto que para poder liberar
electrones de la superficie de un metal específico, la luz que le “llueve”
sobre la misma debía tener una frecuencia mínima, la cual dependía del metal
en cuestión. Esto significa que para liberar electrones del sodio se necesita
luz verde, mientras que para liberar electrones del cobre o el aluminio se
necesita una luz con mayor energía como la ultravioleta, que es de mayor
frecuencia. No solo esto, se detectó también que una vez que comenzaba la
liberación de electrones, al aumentar la intensidad de la luz, se incrementa la
cantidad de electrones liberados pero no
La
energía de los mismos; mientras que si se aumenta la frecuencia de la luz, pero
no su intensidad, conque se irradia el metal, se continúan liberando la misma
cantidad de electrones en el tiempo pero con una energía en cada uno de ellos
superior a la de la situación anterior. Estos hechos eran difíciles de
entender usando la teoría ondulatoria de la luz, en la cual la energía que
porta una onda es un producto de su frecuencia y su intensidad: así radiaciones
de baja frecuencia y alta intensidad serían similares en términos de energía
entregada a la superficie del metal en el efecto fotoeléctrico que si lo irradiáramos
con radiación de alta frecuencia y baja intensidad. Es decir no habría una
explicación razonable desde el punto de vista de la teoría ondulatoria, porqué
la frecuencia y la intensidad de la luz irradiada muestra efectos tan diferentes
a los esperados.
Pero
fue Einstein, aun siendo joven, que explicó el efecto fotoeléctrico en forma
muy sencilla, considerando a la luz en su comportamiento corpuscular. Imaginemos
ahora que un fotón – la luz como una partícula- golpea en el metal y tiene
que sacar a un electrón. Si este está unido a la estructura del metal con
cierta fuerza atractiva – como un imán- se necesitará una mínima cantidad
de energía para despegarlo. Dado que los fotones llevan energía en forma
proporcional a su frecuencia- E= h*n
-, la frecuencia de este fotón deberá tener un valor mínimo para que así la
energía que porta sea superior a la que está uniendo al electrón a la
superficie del metal. Dos fotones de menor frecuencia que la requerida podrían
liberar a un electrón de su prisión siempre y cuando los dos
chocaran a este uno atrás del otro, cosa que es bastante poco probable.
Esto explica entonces porqué la luz tiene que tener una frecuencia determinada
para lograr sacar electrones de los metales. Dado que los átomos que componen
los diferentes metales tienen diferentes propiedades, significa que la energía
de unión de los electrones externos será una característica propia de dicho
elemento, por eso vimos que los resultados experimentales muestran que se
necesita diferente tipo de luz (diferente frecuencia) para expulsar electrones
de diferentes metales.
Elevando
la intensidad del rayo de luz con el que estamos bombardeando el metal,
significa que estamos enviando mayor cantidad de fotones. Cada uno de los
fotones, si son de la frecuencia adecuada, estarán haciendo saltar electrones a
una velocidad determinada dada por la energía que le transmiten; al ser mas los
fotones, lo que mediremos será mayor cantidad de electrones expulsados pero no
una variación de la energía de cada uno de ellos. Mientras que si elevamos la
frecuencia pero mantenemos la intensidad, dado que la cantidad de fotones con
que bombardeamos no cambia, los electrones expulsados tampoco cambiarán, lo que
sí notaremos es que los electrones que salen tendrán mayor velocidad dado que
se les ha transmitido mayor energía.
La
teoría corpuscular de la luz, la de los fotones como partículas reales de
energía proporcional a la frecuencia, explica muy simplemente hechos
experimentales donde la teoría ondulatoria de la luz falla. Einstein recibió
en 1921 el premio Nobel por este trabajo.
( Última modificación: 12 de octubre de 2001)
--- La física cuántica casi sin ecuaciones ---