Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)
XXIV
Las ropas desceñidas,
desnudas las espadas,
en el dintel de oro de la puerta
dos ángeles velaban.
Me aproximé a los hierros
que defienden la entrada
y de las dobles rejas en el fondo
la vi confusa y blanca.
La vi como la imagen
que en un ensueño pasa,
como un rayo de luz tenue y difuso
que entre tinieblas nada.
Me sentí de un ardiente
deseo llena el alma;
¡como atrae un abismo, aquel misterio
hacia sí me arrastraba!
Mas ¡ay! que de los ángeles
parecían decirme las miradas:
"¡El umbral de esta puerta
sólo Dios lo traspasa!"Amor Eterno
Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la Tierra
como un débil cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás en mí podrá apagarse
la llama de tu amor.
Eternal Love
The sun can eternally cloud over;
And the sea can be, in an instant, dry;
Earth's axis can be broken
As a weak crystal.
All will happen! Can Death
Cover me with its morning cresp;
That never in me will fade away
Your love and its flame.X
Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo;
¿a qué fingir el labio
risas que se desmienten en los ojos?
¡Llora! No te avergüences
de confesar que me has querido un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves: yo soy un hombre...¡y también lloro!X
Like in an open volume
I read from your pupils in their depth;
Why shall the lips pretend
To laugh while the eyes- so- belie?
Cry! Do not be ashamed
Of confessing that you have loved me a little..
Cry! Nobody is watching us.
You see: I am a man... and I also cry!LI
Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión;
de ansia de goces mi alma esta llena.
-¿A mí me buscas? -No es a ti, no.
Mi frente es pálida; mis trenzas, de oro;
puedo brindarte dichas sin fin;
yo de ternura guardo un tesoro.
-¿A mí me llamas? -No; no es a tí.
-Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y de luz;
soy incorpórea, soy intangible;
no puedo amarte. -¡Oh, ven, ven tú!XIII
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarla!
¡Ay! -pensé- ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: "¡Levántate y anda!"