Nacimos hace muchos años, como parroquianos de Nuestra Señora del Rosario y Santo Domingo; algunos desde casi el comienzo, otros después de Vaticano II.
Pasamos por todas las formas de agrupación que se fueron dando con el tiempo: "Revisión de vida", "Reflexión", "Ministros de la Eucaristía"... hasta llegar, impulsados por Fray Carlos Bernal, a formar una Fraternidad Seglar Dominicana.
Él tenía todo el impulso, claridad y entusiasmo del Capítulo de Avila, nosotros no terminábamos de entender qué comprendía el nombre: Fraternidad Seglar. En junio de 1989, el P. Carlos orientó el primer retiro en vías a una fraternidad. Somos lerdos, nos llevó muchos años entenderlo, y ahora se transformó en una vivencia tan fuerte que nos resulta muy difícil ponerlo en palabras para explicárselo a otros hermanos.
Pasamos unos cinco años en formación, estudiando, orando, tratando de captar los carismas dominicanos...
Tuvimos la Gracia de Dios, de hacer retiros, cursillos, jornadas de estudio con Frailes y Hermanas que nos fueron preparando y adentrando en esa forma de vivir tan peculiar de los seguidores de Santo Domingo.
Llegamos así, a concretar nuestro compromiso con la iglesia a través de la Orden de Predicadores, el 29 de diciembre de 1993. Fue un día maravilloso, especialísimo y muy emocionante. El 16 de octubre habíamos realizado el último retiro preparatorio para este acto tan importanta, acompañados por la Hermana Hosana de las Dominicas de Albí. Fray Gabriel Nápole, Promotor de la Familia Dominicana, en ese momento, fue quien nos tomó las promesa.
Luego siguió nuestro caminar y vinieron otras instancias:
las Hermanas de Albí nos cedieron generosamente una hermosa casona de su pertenencia, para que la utilizáramos como sede de las fraternidades y de la familia dominicana.
en el año 1995 decidimos hacer "retiros de laicos para laicos", preparando diversos temas que nos parecián necesarios. Fue una experiencia excelente y muy enriquecedora, pues aprendimos mucho en el intercambio con otras personas y fortaleció los lazos entre los integrantes de la fraternidad.
Luego vino un período de "desierto", tuvimos muchos tipos de dificultades, enfermedades, quebrantos económicos, problemas familiares, etc. Hubo mucho desánimo y la fidelidad se puso a prueba, pero salimos airosos.
En el año 1997, tuvimos la alegría del regreso del P. Carlos Bernal de España, quien fue nombrado por sus compañeros Promotor de Familia Dominicana, poniéndose inmediatamente a alentarnos para elaborar los Estatutos y darle una forma jurídica adecuada a nuestras fraternidades.
Cuando él regresó ya se habían formado tres fraternidades en Montevideo.
Fue así que en agosto de 1998, en un retiro al cual concurrieron las tres fraternidades, se aprobó la Regla y el Estatuto que rigen nuestras fraternidades. En ese momento se creó el primer Consejo Nacional y se eligieron sus autoridades por voto secreto.
También se nombraron los integrantes del Equipo de Formadores, cuya misión esencial es acompañar a los nuevos integrantes que se acerquen a las fraternidades o la creación de otras nuevas.
Ricardo y Edita Fraga - Diácono Dominico y su Sra. Catequista de niños.
Washington y Pocha Lasida - Catequista de Bautismos - Catequista de adultos
Gustavo y Ma. Rosa Villalba - Equipo de comunicaciones, grupo de liturgia - Equipo de formadores
Carlos y Blanca Gómez - Asociación de empresarios cristianos - Eq. de formadores, guardería en barrio marginal
Nelly Halthy - Comuniones en casas de ancianos
Elsa Paniza - "Pro mejores viviendas"
Daniel Pereira - Grupo de liturgia
(En este momento están junto a nosotros, comenzando un camino de pre-fraternidad: Jorge y Cecilia, y Ester)
Nuestros sueños de futuro: crecer cada vez más como comunidad, apoyarnos y promovernos entre nosotros, con la familia dominicana, con otros hermanos, y ser servidores de nuestros hermanos con el estilo de Cristo.
Dentro de poco tiempo, algunos, renovaremos nuestro compromiso con la Orden y otros lo harán por primera vez. Será una bella ocasión para vibrar con toda la Familia de Domingo y para reafirmar nuestra identidad dominicana en la predicación, el servicio, y la vida comunitaria. Tenemos la felicidad de no sentirnos gheto, y poder compartir nuestros trabajos apostólicos con otras familias de la iglesia católica, las cuales nos enriquecen y las que nosotros también enriquecemos con nuestra formación.