Una cosa es ser rico, y otra pertenecer al selecto club
de los insultantemente ricos. Y es, sin duda, esta última categoría
la que le corresponde a Su Excelencia lord Gerald Casvendish
Grosvenor, sexto duque de Westminster, noveno conde de Grosvenor,
vizconde de Belgravia, marqués de Westminster, barón de Grosvenor de
Eaton y baronet. La fortuna de este fumador empedernido y aficionado
a la caza de 52 años y ojos hundidos sólo es comparable a la
longitud de sus títulos nobiliarios: este aristócrata británico de
rancio abolengo es dueño y señor de un patrimonio valorado en unos
mareantes 4.900 millones de libras, algo así como 7.300 millones de
euros. Su poder, además, es casi tan grande como su cuenta
corriente. Le da incluso para evitar que una carretera atraviese sus
tierras.
Con
semejantes argumentos no es de extrañar que el duque de Westminster
sea la persona más acaudalada de todo el Reino Unido. Es 20 veces
más rico que la mismísima Isabel II. Y aparte de ridiculizar
económicamente a Su Graciosa Majestad, es uno de los mayores
terratenientes del mundo. Mister Grosvenor, uno de los escasos
católicos que se cuentan en la nobleza británica, posee más de 300
acres -120 hectáreas- en los distinguidos distritos londinenses de
Mayfair y Belgravia -el suelo sobre el que se levanta, por ejemplo,
la embajada estadounidense en Londres es todo suyo-, además de
controlar importantes superficies en los centros urbanos de
Liverpool, Glasgow, Preston y Bath, y de atesorar 60.000 hectáreas
rurales en Escocia, Lancashire y Cheshire. Y, por si fuera poco,
nuestro hombre también tiene importantes propiedades en EEUU, en
Canadá -un trozo importante de la ciudad de Vancuver es suyo-, en
Australia, en Asia, en Irlanda, en Francia...
Son tan largos y poderosos los tentáculos de este coleccionista
de tierras que se extienden hasta La Mancha. Hace dos años, el
excéntrico duque inglés tuvo el capricho de adquirir -a golpe de
talonario- el coto de caza más grande de España, aquel en el que
pega tiros hasta el mismísimo Rey Juan Carlos. Pagó sin pestañear
los 17.000 millones de pesetas -más de 90 millones de euros- que
vale La Garganta, una inmensa finca al sur de Ciudad Real cuya
extensión -15.000 hectáreas- supera con creces la ciudad de
Barcelona.
Con más de 20 guardas, helipuerto, dependencias palaciegas y una
densidad de animales inigualable -desde el exterior de la finca
pueden verse cientos de ciervos y algunos jabalíes-, no es extraño
que la finca esté considerada como la mejor de Europa.Además, este
coto privado no se alquila. Nadie entra sin una invitación del
multimillonario duque. ¿Que quiénes son los afortunados? La realeza
del viejo continente, la Casa Real española, los banqueros más
poderosos, los ministros Federico Trillo y Francisco Alvarez Cascos,
Esperanza Aguirre... Todos ellos disparan contra los venados de este
coto al menos una vez al año.
El antiguo dueño de la fastuosa finca, el también potentado duque
de Baviera, primo hermano del monarca español, ha sido el
propietario de este inmenso terreno de caza durante más de una
década. Su paso por esta región generó cientos de denuncias,
agresiones de los guardas a los vecinos y cierre de caminos públicos
para disfrute particular. Pero «dinero para los habitantes de los
pueblos vecinos, ni un duro», aseguran en las poblaciones de
Brazatortas y Fuencaliente.
LATIFUNDISTA
Ahora, su sucesor, el duque de Westminster, continúa con la
misma política en las tierras del Quijote y ejerce su poder con mano
de hierro. Su desconocida figura representa para algunos habitantes
de Horcajo -una aldea cercana a la finca en la que viven sólo cinco
familias- «una especie de latifundista que hace y deshace, que
cierra pasos públicos a su antojo, que corta el agua y la luz cuando
quiere, que es capaz de cambiar el trazado de una autovía para que
no pase por su coto privado de caza». En definitiva, «un tipo que lo
único que desea es hacernos la vida imposible para que nos marchemos
y, de esa manera, quedarse con todas las tierras de los alrededores
que aún no le pertenecen», afirman Luisa y Ramón, dos propietarios
de una modesta casa en el pueblo.
Para este «señor feudal», como lo conocen por esas tierras, todo
ese inmenso patrimonio le viene de familia, aunque la verdad es que
fue a parar a sus manos por una carambola del destino.Cuando el 22
de diciembre de 1951 Gerald Cavendish vino al mundo en Omagh, una
fría y remota localidad de Irlanda del Norte, las posibilidades de
que el niño acabara un día heredando el jugoso patrimonio de la
estirpe parecían bastante remotas. Pero todo cambió al morir su tío
y primo carnal, el muy honorable quinto duque de Westminster, sin
dejar ninguna descendencia. De la noche a la mañana, y a la tierna
edad de 24 años, Gerald Cavendish se convirtió en dueño absoluto del
más vasto patrimonio de tierras y en el flamante sexto duque de
Westminster. Casi nada.
Todo muy impresionante, sí, pero lo cierto es que el imperio
económico que fue a parar a sus manos -como el de otras grandes
familias- se encontraba al borde de la ruina. A su excelencia hay
que reconocerle el mérito de haber reflotado un Titanic que parecía
condenado al naufragio. «Si uno se preocupa de la calderilla, los
billetes se ocupan de sí mismos», ha dejado dicho en alguna ocasión
el duque, quien, a pesar de estar consagrado a la gestión de su
patrimonio, disfruta comentando a sus amigos que su imperio ha
llegado a un punto en que funciona por sí solo. Poderoso caballero,
que decía Quevedo.
Esta misma semana, las tierras del duque han protagonizado una
nueva polémica: el Gobierno alargará más de cinco kilómetros una
autopista de peaje -con el coste adicional de 120.878 euros- para no
afectar su coto de caza. ¿Razones? Fuentes del Ministerio de Fomento
aseguran a CRONICA que «el cambio en el trazado sólo atiende a
motivos medioambientales, ya que el recorrido se ajusta al corredor
natural de la nacional 420». Para los ecologistas, en cambio, «se
trata de una excusa para no perjudicar la finca de un
multimillonario. Los informes demuestran que la nueva ruta es mucho
más rica en especies protegidas que la que pretenden bordear».
ENTRE ALAMBRADAS
En los pueblos cercanos al nuevo trazado de la autopista
están que trinan. En Fuencaliente (a 25 km), por ejemplo, se han
recogido más de 800 firmas. No entienden cómo no se aprovecha para
la construcción de la vía de peaje el mismo corredor que ya existe
para el AVE y que pasa por el centro de la finca. Los vecinos se
preguntan qué clase de poder posee el duque para desviar una
carretera. «Horcajo está vallado por todos lados como si fuera un
campo de concentración. Al cerrar todas las lindes, el duque sólo
nos ha dejado una salida, la del túnel», afirma Juan, uno de los
vecinos de este pequeño pueblo. Se refiere a un tubo excavado en la
roca madre de algo más de un kilómetro de distancia, única vía de
escape de una aldea sitiada por las alambradas, las traviesas del
AVE y las amenazas de los guardas que, según dice, «han llegado a
las manos».
Cuando este túnel se inunda o el duque lo cierra como medida de
presión, la aldea queda incomunidada. «Llevo 83 juicios contra el
propietario de la finca y contra Villamagna S.A, la empresa que la
gestiona. Pero hasta la fecha nadie ha movido un dedo.Sólo
accedieron a abrir uno de los caminos cuando vinieron las cámaras de
televisión y nos quejamos de lo que ocurría», confirma Juan. Esta
senda, que atraviesa la finca, la única abierta al tráfico, llega
hasta Conquista, en la provincia de Córdoba, y es una de las 13
travesías públicas que posee La Garganta. Las otras 12 permanecen
cerradas.
Si alguien se aventura a entrar en ese camino, los guardas lo
siguen muy de cerca con un todoterreno. «Disculpe, pero son las
órdenes», comenta uno de los vigilantes encogiéndose de
hombros.Vicente Luchena, de Ecologistas en Acción, lleva denunciando
esta circunstancia varios años. «Estas rutas están en todos los
archivos, pero el duque las ha cercado. Muchos están desaparecidos
porque no se ha ocupado de mantenerlos». También se queja del uso
que hace de las tierras: «Cultiva miles de hectáreas que luego no
recoge, sólo para cobrar las ayudas que le llueven de Europa».
Además, otros colectivos ecologistas han denunciado en numerosas
ocasiones la muerte intencionada de especies en peligro de extinción
dentro de la finca. «Como le interesa la caza por encima de todo,
está acabando con los depredadores. Si quiere que sus tierras estén
llenas de conejos, pues los encargados de la finca ponen trampas
contra las águilas y ya está, dejan de comérselos. Esta misma
situación se ha repetido con linces, lobos y zorros». Los guardas
afirman que el duque viaja poco, que sólo aparece por La Garganta
con su familia «de vez en cuando, durante dos o tres días».
Cuatro meses antes de convertirse en el sexto duque de
Westminster, y en entera sintonía con su nuevo rango y condición,
Gerald Cavendish se casó con una distinguida miembro de la Familia
Imperial Rusa: Natalia Ayesha Phillips, descendiente directa del
escritor Alexander S. Pushkin y de Ibrahim Hanibbal, un negro de
Eritrea que creció en la corte rusa y acabó convirtiéndose en
ahijado del zar Pedro El Grande, casándose después con una noble de
origen griego-alemán.Los duques de Westminster tienen cuatro hijos:
lady Tamara, de 23 años; Lady Edwina, de 21; Hugh, conde de
Grosvenor, de 12; y Lady Viola, de 10.
La duquesa, de 44 años, sufrió hace unos años un cáncer de mama,
dolencia de la que parece haberse recuperado después de someterse a
un tratamiento de quimioterapia. Los millones no lograron evitar que
el señor duque cayera hace tres años en las garras de una profunda
depresión, lo que le obligó a rescindir durante varios meses sus
compromisos sociales y a concentrarse en salir de lo que él
describió como su «propio agujero negro». Aquello le sirvió para
frenar a su hasta entonces frenética actividad social, marcada por
su pertenencia al patronato de más de 150 organizaciones
caritativas.
Este aspecto no parece importarle a sus nuevos vecinos de
Horcajo.Eulalio lleva años quejándose de las amenazas y de los
cortes en el túnel de entrada. «Hubo una época en la que el pueblo
tenía 6.000 habitantes, pero tiraron las casas abajo. Hoy, la
mayoría de los que vivimos aquí somos ancianos y si nos cierran la
única vía de salida no podremos comprar medicinas ni acudir al
médico.Tenemos mucho miedo», asegura.
Allá en la fría Inglaterra, el duque es uno de los personajes más
oscuros entre los portadores de sangre azul. «Hasta ahora, solíamos
acudir a cenas y fiestas todas o casi todas las noches», decía el de
Westminster, con quien este suplemento no ha conseguido hablar,
perseguido por los tabloides y nada dado a prodigarse en los medios
de comunicación, en una de las escasísimas entrevistas que ha dado
en su vida, concedida con motivo de su 50 cumpleaños.
AUTÉNTICO MONOPOLY
«Igual que una vela no puede arder por los dos lados, hay un
punto en el que uno revienta. No puede trabajar a toda máquina,
regresar a casa a medianoche y levantarse temprano al día
siguiente.Llega un momento en que se queda con el depósito vacío»,
subrayaba.Y, a continuación, pasaba a extenderse sobre lo que
suponía para él cumplir medio siglo de vida: «No me siento distinto
de cuando tenía 30 ó 40 años, aunque supongo que mis piernas se
hacen cada vez más pesadas. Pero es agradable alcanzar esta edad sin
tener que arrepentirse de nada», indicaba. «Aunque ha sido una lucha
difícil, sin desafíos, la vida no sería vida».
Pero, aparte de jugar al Monopoly con títulos auténticos de
propiedad, lo que le gusta al duque de Westminster es el campo y,
sobre todo, dirigir su amado regimiento del Ejército Territorial,
una fuerza de la reserva a la que se unió hace más de 30 años y de
la que ostenta el cargo de general de brigada. De hecho, en la
impresionante mansión de Eaton Hall donde viven los duques y sus
cuatro hijos, erigida en medio de un terreno de 4.600 hectáreas, es
frecuente ver al noble y a sus soldados haciendo maniobras
militares. ¿Querrá entrenarlos para su coto de caza?
Pies de fotos tituladas
MULTIMILLONARIO POR UNA CARAMBOLA. El patrimonio del duque de
Westminster le viene por un capricho del destino. Su tío carnal
murió sin hijos y a él le correspondió toda su fortuna.
LA MEJOR FINCA DE EUROPA. 1. Su extensión supera con creces la
ciudad de Barcelona, 15.000 hectáreas en total. 2. El duque tiene
más de 20 guardas repartidos por todo el perímetro. 3. Le costó más
de 90 millones de euros. 4. Tiene tres alambradas en algunos puntos,
dos de ellas cinegéticas. 5. Posee helipuerto, iglesia, escuela y un
hospital para primeros auxilios. 6. El AVE atraviesa la finca
mediante un corredor verde. 7. En Horcajo, el pueblo más cercano,
viven unos 20 habitantes. 8. Dentro de la finca existen 13 caminos
públicos. 9. A La Garganta se accede por invitación.10. Fomento se
gastará 120.878 euros para sortearla.
SITIADOS POR EL DUQUE. Los vecinos de Horcajo, un pueblo pegado a
la La Garganta, llevan años denunciando las presiones que ejerce su
propietario sobre los habitantes, menos de 20, que viven encerrados
entre las alambradas del coto y las vías del AVE. «Nos hacen la vida
imposible. Nos han cortado varias veces la luz, el agua y los
caminos. Lo único que quieren es que nos marchemos», afirma uno de
ellos.