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Manifiesto 2000: para una cultura de paz y no violencia
Editorial/OB.
Seamos todos practicantes y cosignatarios de los principios que hacen el 2000, el Año Internacional de la Cultura de Paz *.
"Puesto que las guerras y los conflictos nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz".
*(Asamblea General de las Naciones Unidas del 6 de octubre del 1999, 53/243. Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz. Resolución 52/15, del 20 de noviembre de 1997, proclamado el año 2000: "Año Internacional de la Cultura de la Paz", y la resolución 53/25, de 10 de noviembre de 1998, en que proclamó el período 2001-2010: "Decenio Internacional de una cultura de paz y no violencia para los niños del mundo").
La paz no sólo es la ausencia de conflictos, sino que también requiere un proceso positivo, dinámico y participativo en que se promueva el diálogo y se solucionen los conflictos en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos.
Debemos intentar eliminar todas las formas de discriminación e intolerancia, incluidas las basadas en la raza, el color, el sexo, el idioma, la religión, la opinión política o de otra índole, el origen nacional, étnico o social, la propiedad, las discapacidades, el nacimiento u otra condición, dada la persistencia y la proliferación de la violencia y los conflictos en diversas partes del mundo.
Una cultura de paz es un conjunto de valores, actitudes, tradiciones,
comportamientos y estilos de vida basados en:
El respeto a la vida, el fin de la violencia y la promoción y la práctica de la no violencia por medio de la educación, el diálogo y la cooperación.
El respeto pleno de los principios de soberanía, integridad territorial e independencia política de los Estados y de no injerencia en los asuntos que son esencialmente jurisdicción interna de los Estados, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional.
El respeto pleno y la promoción de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales.
El compromiso con el arreglo pacífico de los conflictos.
Los esfuerzos para satisfacer las necesidades de desarrollo y protección del medio ambiente de las generaciones presente y futuras.
El respeto y la promoción del derecho al desarrollo.El respeto y el fomento de la igualdad de derechos y oportunidades de mujeres y hombres.
Velar por que los niños, desde la primera infancia, reciban instrucción sobre valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida que les permitan resolver conflictos por medios pacíficos y en un espíritu de respeto por la dignidad humana y de tolerancia y no discriminación.
Hacer que los niños participen en actividades en que se les inculquen los valores y los objetivos de una cultura de paz.
Velar por que haya igualdad de acceso de las mujeres, especialmente de las niñas, a la educación.
Promover la revisión de los planes de estudio, incluidos los libros de texto, teniendo en cuenta la Declaración y el Plan de Acción Integrado sobre la Educación para la Paz, los Derechos Humanos y la Democracia.
El respeto y el fomento del derecho de todas las personas a la libertad de expresión, opinión e información.
La adhesión a los principios de libertad, justicia, democracia, tolerancia, solidaridad, cooperación, pluralismo, diversidad cultural, diálogo y entendimiento a todos los niveles de la sociedad y entre las naciones.
Porque el año 2000 simbólicamente representa un nuevo comienzo para todos nosotros. Juntos podemos transformar la cultura de guerra y de violencia en una cultura de paz y de no violencia.
Porque esta evolución exige la participación de
cada uno de nosotros y ofrece a los jóvenes y a las generaciones
futuras valores que les ayuden a forjar un mundo más justo,
más solidario, más libre, digno y armonioso, y con
mejor prosperidad para todos.
Porque la cultura de paz hace posible el desarrollo
duradero, la protección del medio ambiente y la satisfacción
personal de cada ser humano.
Porque soy conciente de mi parte de responsabilidad ante el futuro de la humanidad, especialmente para los niños de hoy y de mañana.
Me comprometo en mi vida cotidiana, en mi familia,
mi trabajo, mi comunidad, mi país y mi región a:
Respetar la vida y la dignidad de cada persona, sin discriminación ni prejuicios;
Practicar la no violencia activa, rechazando la violencia en todas sus formas: física, sexual, sicológica, económica y social, en particular hacia los más débiles y vulnerables, como los niños y los adolescentes;
Compartir mi tiempo y mis recursos materiales, cultivando la generosidad a fin de terminar con la exclusión, la injusticia y la opresión política y económica;
Defender la libertad de expresión y la diversidad cultural , privilegiando siempre la escucha y el diálogo, sin ceder al fanatismo, ni a la maledicencia y el rechazo del prójimo;
Promover un consumo responsable y un modo de desarrollo que tenga en cuenta la importancia de todas las formas de vida y el equilibrio de los recursos naturales del planeta;
Contribuir al desarrollo de mi comunidad, propiciando la plena participación de todos
los integrantes y el respeto de los principios democráticos,
con el fin de crear juntos nuevas formas de solidaridad.
Inténtelo, tiene todo por ganar.
Mensaje del Director General de la UNESCO
con motivo del Año Internacional de la Cultura de la Paz
En el siglo que ahora está acabando se han producido extraordinarios progresos en la ciencia, la tecnología y la comunicación, pero no se han logrado erradicar, por desgracia, la violencia ni la guerra. Por esta razón las Naciones Unidas han proclamado el año 2000 Año Internacional de la Cultura de Paz.
La UNESCO se creó hace más de medio siglo con la misión de erigir los baluartes de la paz en la mente de hombres y mujeres. Sus fundadores dotaron a la Organización de un arsenal pacífico, cuyos elementos clave son la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación.
Ayuntamientos, escuelas, instituciones y asociaciones del mundo entero están poniendo en práctica los valores de la cultura de paz. Procuran eliminar la pobreza y reducir las desigualdades, esforzándose por lograr un desarrollo sostenible y el respeto de los derechos humanos, reforzando para ello las instituciones democráticas, fomentando la libertad de expresión, mejorando la condición de la mujer y salvaguardando la diversidad cultural y el medio ambiente.
La paz no se puede garantizar exclusivamente por medio de acuerdos políticos, económicos o militares. En última instancia, depende del compromiso unánime, sincero y constante de los pueblos. Cada uno de nosotros, cualesquiera sean su edad, sexo, posición social, credo religioso u origen cultural, ha de contribuir a crear un mundo en paz.
La paz únicamente puede lograrse gracias a nuestro comportamiento, nuestras actitudes y nuestro quehacer cotidiano. La cultura de paz es la cultura universal que todos los pueblos comparten, y es consustancial a nuestra humanidad común.
Construyamos juntos ese mundo de paz, empezando por firmar el Manifiesto 2000, en el que cada firmante se compromete a poner en práctica los principios universales de la cultura de paz, la no violencia y la armonía en su familia, su comunidad y su lugar de trabajo.
Cultivemos juntos la paz. Que cada cual se pregunte qué puede hacer por la paz cada día.