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La Guía de la Integración
de América Latina y el Caribe 1999:
por: Angel Alvarez/OB.

La Guía de la Integración de América Latina y el Caribe 1999, que por primera vez edita el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), constituye un esfuerzo por recoger en un sólo texto, y de forma simple, una mirada descriptiva sobre los aspectos de mayor interés en relación con la integración latinoamericana y caribeña, con la intención de que se convierta en un instrumento útil para el trabajo de periodistas, estudiantes, investigadores y observadores de nuestra región o de fuera de ella. Esta edición fue financiada con fondos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en el marco de las actividades programadas en el Convenio UNESCO-SELA "Comunicación para la Integración en América Latina y el Caribe".
Los temas de profundo interés editorial que trata este importante documento, se pueden esbozar de la manera siguiente:
· Necesidad de progreso económico
Desde su independencia, las nuevas repúblicas de América
presentaron varias insuficiencias económicas. En primer
lugar, la falta de desarrollo de industrias debido al tipo de
relación que habían mantenido con la metrópoli.
A ello se sumaron la devastación de la producción
tradicional que significó la guerra de independencia y
las deudas contraídas en el extranjero para su financiamiento.
La reconstrucción de las economías se vio afectada posteriormente por los conflictos internos, la violencia y la inestabilidad política. Las actividades económicas se concentraron en muchos casos en regiones dominadas por líderes locales. La escasez de población e infraestructura se sumaron para determinar un atraso relativo de los países de la región respecto a las otras naciones para entonces independientes.
En el plano internacional, las exportaciones de la región, como el algodón, el azúcar y otros productos tropicales experimentaron bajos precios durante la primera mitad del siglo XIX y tuvieron dificultades de acceso a los mercados más importantes de la época, como el de Inglaterra. Las importaciones, provenientes en su mayoría de Europa, se mantuvieron por la ausencia de producción local. Esto determinó un déficit comercial, cuyo financiamiento por la vía del endeudamiento externo condujo a crisis de deuda recurrentes. Tales crisis se relacionaban también con los ciclos financieros en los mercados europeos y la disponibilidad de fondos prestables.
Los períodos de mayor prosperidad que tuvieron lugar en algunos países de la región durante la segunda mitad del siglo XIX estuvieron asociados con exportaciones fuera de ella, tales como las de cuero y carne de Argentina, cobre y trigo de Chile, tabaco de Colombia, guano de Perú, cacao y café de Venezuela, café de Brasil y azúcar de Cuba. Las fluctuaciones de precios de estos productos produjeron a su vez nuevas crisis que subrayaron la vulnerabilidad económica externa de los países de la región. La construcción de infraestructura y las vías de comunicación estaban relacionadas fundamentalmente con el comercio exterior.
La relación comercial de la naciones latinoamericanas entre sí era mínima. Sin embargo, la variedad de sus producciones y la posibilidad de alcanzar conjuntamente mayor estabilidad y niveles más altos de desarrollo económico hicieron que se mantuviera viva la aspiración de un acercamiento entre las economías de la región. La idea de establecer el libre comercio entre los países de América del Sur fue presentada en la primera Conferencia Internacional de los Estados Americanos en 1889.
· Consolidación de las instituciones nacionales
Las repúblicas nacidas de la independencia proclamaron
como sistema político la democracia. No obstante, las instituciones
democráticas no pudieron consolidarse en la mayoría
de ellas y se alternaron el autoritarismo y la anarquía
como consecuencia de las luchas por el poder. La falta de integración
interna y la debilidad de las instituciones condujo a algunos
intelectuales a pensar que una mayor interrelación entre
las naciones americanas podría fortalecer el sistema de
libertades en cada una de ellas. La creación de confederaciones,
sin embargo, no tuvo éxito y pocas veces contribuyó
a promover la democracia. Por el contrario, afloraron a menudo
rivalidades y suspicacias entre naciones vecinas que en ocasiones
desembocaron en conflictos bélicos.
La conciencia de los perjuicios causados por tales tensiones hizo pensar que un mayor acercamiento entre las naciones que compartían un mismo origen y un mismo espacio geográfico podía fomentar la paz entre ellas y hacerlas menos vulnerables.
· Comunidad cultural
En un mundo dominado por los nacionalismos, la comunidad de lenguaje, de religión, de formación cultural y de tradición jurídica de las naciones de América hispana, e incluso de Iberoamérica, permitía pensar al conjunto de ellas como una sola nación dividida en diferentes circunscripciones políticas y administrativas. Los ideales de libertad y democracia que fueron comunes durante las luchas por la independencia reafirmaban esta convicción. Sobre esta base se pensó que los principales obstáculos que dividían a otros pueblos no estaban presentes en América Latina, por lo que se facilitaba una posible integración entre ellos que reforzara su carácter de nación y les diera una mayor presencia en la vida internacional.
La capacidad mostrada por la mayoría de las sociedades de América Latina para integrar en sus sociedades y en una misma cultura comunidades de origen diversos -europeos, africanos e indígenas- llevó también a considerar que un grupo de naciones que expresaba un efectivo pluralismo étnico sería capaz de lograr una integración política y económica y representar un ejemplo para el resto del mundo.
b. En la post-guerra
· Insuficiencia dinámica
Los bajos niveles de ingreso de los países de América Latina después de más de un siglo de independencia hicieron evidente que su evolución económica no había alcanzado el dinamismo necesario para aprovechar plenamente el potencial humano y los recursos naturales de que disponían. Lo escaso del comercio entre los países latinoamericanos - solo 7% de sus exportaciones totales en 1938- era un indicador de la falta de relación entre sus economías.
La crisis económica mundial de los años treinta y el proteccionismo que aplicaron los países industrializados a raíz de ella habían desquiciado la forma de crecimiento que siguieron hasta entonces los países de la región. Ante la emergencia, se adoptaron medidas para contrarrestar los déficit en balanza de pagos, atenuar la contracción de las exportaciones de los productos primarios, la caída de sus precios en los mercados internacionales y sus consecuentes efectos depresivos.
La escasez de bienes importables que produjo la guerra, subrayó la debilidad de la base industrial de los países de la región. Por ello, después de terminada la segunda guerra mundial se planteó la necesidad de reformular la estrategia económica de América Latina y su manera de relacionarse con la economía mundial.
· Necesidad de industrialización
La aspiración de industrialización cobró fuerza en América Latina debido a la necesidad de proveer los mercados internos y de mantener un balance en el comercio internacional. Además, por el hecho positivo de que podía representar un elemento dinámico que proveyera un nuevo impulso a las economías de la región. La forma que adquirió en estas circunstancias la promoción de la industria fue la de sustitución de importaciones.
La sustitución de importaciones fortaleció el crecimiento de los países de la región en los años de post-guerra y redujo los porcentajes que representaban las exportaciones y las importaciones en el Producto Interno Bruto. Entre finales de la década de los veinte y mediados de la de los sesenta el coeficiente de importaciones de la región descendió de 30% a 9% y el de exportaciones de 31% a 14%, mientras que la industria elevó su participación en el producto interno de 13% a 23%. En relación con la composición de las importaciones, la parte correspondiente a los bienes de consumo cayó de 46% a 18%, en tanto que aumentó de 54% a 83% la de los productos intermedios, combustibles y bienes de capital.
· Agotamiento de la sustitución de importaciones
Para fines de la década de los cincuenta, sin embargo, los países que más habían avanzado en la disminución de sus coeficientes de importación y exportación comenzaron a experimentar una disminución en sus ritmos de crecimiento. Esto planteaba el problema de cómo enfrentar etapas ulteriores de desarrollo.
Las tasas de crecimiento del producto tendían a declinar y se acentuaban los desbalances en el sector externo. Los países continuaban dependiendo de las exportaciones de productos primarios y el proceso de industrialización se basaba en mercados nacionales fuertemente protegidos. Aunque cambió la composición de las importaciones, su monto global no disminuyó y se produjo lo que se denominó el "estrangulamiento externo" de las economías.
El financiamiento externo se utilizó para resolver los desequilibrios de balance de pagos y promover el proceso de sustitución de importaciones, pero las condiciones financieras fueron cada vez más onerosas, por lo que el crecimiento y la continuación del proceso de sustitución se hicieron vulnerables a los resultados del sector externo.
· Ampliación del mercado
El agotamiento de las posibilidades de industrialización por la vía de la sustitución de importaciones se atribuyó al tamaño reducido de los mercados nacionales. Estos obligaban a una protección exagerada que aumentaba los costos de producción y no permitía aprovechar las ventajas de las economías de escala ni incorporar oportunamente el progreso tecnológico.
El grado de progreso alcanzado por las industrias nacionales hacía difícil concebir la posibilidad de competir con productos manufacturados en los mercados de los países desarrollados o de otros países en desarrollo. Por ello se consideró que la ampliación del mercado mediante un proceso de integración de las economías latinoamericanas podía permitir una mayor especialización, una escala más adecuada y una mejor organización del desarrollo industrial. De esta manera se promovería una productividad más alta y se obtendrían a nivel regional los beneficios de la sustitución de importaciones que ya se habían alcanzado a nivel nacional.
La explotación conjunta de un mercado de más de doscientos millones de habitantes, con amplias y diversas necesidades y potencialidades, se consideró una solución eficaz para superar el estrangulamiento externo y dotar de un nuevo dinamismo al crecimiento económico. Se estimó que el desarrollo industrial a una escala ampliada permitiría absorber el progreso técnico y alcanzar grados de especialización adecuados , lo que a su vez daría el impulso para el logro de un desarrollo auto sostenido.
· Consolidación del modelo político-económico
La formación de un mercado común abastecido principalmente por industrias ubicadas en la región le permitiría a América Latina resolver los problemas de insuficiencia dinámica, estrangulamiento externo y agotamiento de los modelos de sustitución de importaciones basados en los mercados nacionales.
De esta manera se evitaría la duplicación de esfuerzos y se podrían superar las limitaciones de capacidades productivas y mercados relativamente pequeños. Pero, además, se podría crear un aparato industrial conjunto coherente, cuyas partes se reforzaran mutuamente y fueran capaces de alcanzar niveles de productividad competitivos. Como paso posterior se podría acceder a los mercados mundiales con exportaciones de bienes manufacturados y resolver así los déficit de comercio exterior que enfrentaban los países de la región.
La complementariedad de los aparatos productivos implícita en este modelo de integración significaba que el desarrollo de cada uno de los países estaría ligado al de los otros de la región. Para ello debía asegurarse que los beneficios de la integración se compartieran equitativamente entre países y subregiones. Esto a su vez requería de una programación conjunta del desarrollo.
La integración permitiría de esta manera profundizar y consolidar la industrialización que se había iniciado mediante la sustitución de importaciones, lo que reafirmaría los rasgos generales del modelo de desarrollo adoptado. La dependencia mutua entre países de niveles de desarrollo relativamente similar evitaría el ejercicio de la arbitrariedad y el autoritarismo en países individuales, lo que contribuiría a promover instituciones políticas democráticas y plurales. Tal efecto resultaba de especial importancia debido a que en varios países no se contaba con un régimen democrático y las democracias existentes eran frágiles.
c. En la post-guerra fría
· Superación de la crisis de endeudamiento.
La efectividad del modelo de integración propuesto en la década de los cincuenta no pudo comprobarse en la práctica debido a que los acuerdos y mecanismos concebidos para instrumentarla no llegaron a funcionar a plenitud. Entre otras razones, porque el mismo sistema de protección que acompañó a la sustitución de importaciones condujo a la formación de intereses en las economías nacionales opuestos a la apertura del mercado a otros países de la región.
El poco avance de los mecanismos de integración contribuyó a que se materializaran los temores que habían inducido a proponerlos. Los desequilibrios de balance de pagos financiados con recursos externos desembocaron en la crisis de endeudamiento de los años ochenta. La inmensa transferencia neta de recursos al exterior que significó el servicio de la deuda redujo el crecimiento y las posibilidades de inversión en casi todos los países de América Latina. La recesión de las economías condujo a la inestabilidad y en algunos casos a la hiperinflación.
La primera reacción ante la nueva situación fue defensiva. Se cerraron aún más los mercados y se contrajeron las importaciones con el objeto de crear los excedentes necesarios para el servicio de la deuda. Los esquemas de integración, que para entonces habían perdido de dinamismo, entraron en franca crisis. Los ajustes heterodoxos que se intentaron lograron recuperar las economías durante períodos breves pero desembocaron en una mayor inestabilidad. Los flujos de financiamiento externo se contrajeron fuertemente, lo que agudizó la necesidad de mejorar las cuentas externas y promover las exportaciones.
Se pensó entonces en la necesidad de eliminar el "sesgo antiexportador" propio de la política de sustitución de importaciones como manera de hacer frente a la crisis de la deuda.
· Apertura económica
La apertura de las economías al exterior, mediante la reducción unilateral de la protección arancelaria y la adopción de reglas de mercado para la asignación de recursos, fue la manera como se intentó promover la capacidad exportadora de los países de la región. Este modelo de crecimiento permitía cumplir con los requerimientos de los acreedores y organismos multilaterales, recuperar el financiamiento externo de parte de ellos y recobrar la confianza de los inversionistas privados. Además, la disponibilidad de insumos importados para la elaboración de exportaciones aumentaría la competitividad de éstas últimas.
El cambio de deuda por inversión y la privatización de empresas públicas constituyeron los primeros pasos para revertir la transferencia negativa de recursos al exterior. La austeridad fiscal y la disciplina monetaria acompañaron al proceso de apertura como componentes de los programas de ajuste estabilizador. Junto con la estabilidad se recuperaron las exportaciones y el financiamiento externo, este último en sus modalidades de inversiones de cartera y de inversión directa.
Un argumento adicional para la apertura de las economías fue la tendencia mundial a la liberalización del comercio que se materializó en los acuerdos de la Ronda Uruguay del GATT (Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles) y en la creación de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Se pensaba que América Latina no podía mantenerse al margen de la tendencia general a la globalización, lo que indujo a varios países a incorporarse al GATT o aceptar de manera más estricta sus disciplinas.
El fin de la guerra fría, simbolizado en la caída del muro de Berlín en 1989, aceleró el proceso de globalización y reforzó la percepción de la necesidad de las economías latinoamericanas de insertarse en la economía mundial. Provocó, además, el temor de que los flujos de capital que pudieran destinarse a la región se orientaran hacia los países ex socialistas, acentuando de esta manera la marginación de América Latina. Se argumentaba, en consecuencia, que era necesario adaptarse a las grandes tendencias de la economía mundial.
La apertura significó un cambio en la estrategia de desarrollo seguida hasta entonces por los países de la región y afectó a los mecanismos de integración. Se trataba de una nueva forma de inserción en la economía internacional.
· Regionalismo abierto
La nueva forma de inserción de los países latinoamericanos
ha sido denominada "regionalismo abierto". Este consiste
en una interdependencia impulsada básicamente por las señales
del mercado resultantes de la liberalización comercial
general, acompañada de acuerdos de carácter preferencial.
El regionalismo abierto se distingue de las modalidades de integración que predominaron en América Latina hasta la década de los ochenta. Mientras estas últimas (llamadas ahora modelos cerrados de integración) consistían en una protección ampliada, el regionalismo abierto intenta crear nuevas corrientes comerciales sin afectar las existentes.
Según la CEPAL: "Se supone que las actuales tendencias a la globalización de la competencia y la internacionalización de la producción imponen a los países la apertura de la economía al comercio y la inversión internacionales. Esto, sin embargo, no excluye una apertura preferencial, y por ende más profunda, con respecto a otros países de la misma región. Por el contrario, la liberalización general y la apertura preferencial pueden complementarse mutuamente, con el objeto de elevar la competitividad y dar dinamismo a la economía".
El regionalismo abierto sería compatible con la liberalización multilateral y requeriría de una apertura por parte de los países de la región que les conduzca a readecuar su estructura productiva con el objeto de incrementar la productividad de los factores a través del acceso a tecnologías avanzadas e insumos de mejor calidad y menor costo. El acceso preferencial a los mercados de la región, en un marco de apertura, permitiría condiciones relativamente mejores que las del mercado internacional pero sin desmejorar la competencia existente en el mismo.
· Acceso a los mercados
Dentro de la estrategia exportadora que acompaña al regionalismo
abierto, el acceso a los mercados internacionales constituye un
elemento crucial. Tal acceso estaría garantizado por acuerdos
multilaterales, tales como los de la OMC, los cuales constituirían
el marco general para el intercambio a nivel mundial. Para obtenerlo,
el requisito sería la apertura de los propios mercados
en las condiciones establecidas por esos acuerdos.
Como complemento de lo anterior se podría obtener un acceso preferencial a mercados determinados mediante lo que se ha llamado "integración profunda". Esta podría adoptar la forma de acuerdos de libre comercio, uniones aduaneras o mercados comunes en los cuales se liberalizaría aún más el comercio y se coordinarían no solo las materias arancelarias y para arancelarias sino asuntos tales como las reglas de competencia, el intercambio de inversiones y aspectos sociales y ambientales.
Los países de América Latina durante la década de los noventa han adquirido compromisos bilaterales, trilaterales y subregionales en las áreas mencionadas y han adaptado los acuerdos preexistentes para avanzar hacia una integración compatible con sus políticas de apertura. Los nuevos proyectos que actualmente se negocian tienden a lograr la apertura de nuevos mercados en la región y fuera de ella mediante la liberalización y la profundización de vínculos en áreas que van más allá de lo estrictamente comercial.
Otro factor al que se le ha atribuido importancia, tanto para el acceso a los mercados internacionales como para la dinamización de la producción doméstica y el logro de una mayor competitividad, es la presencia de inversiones internacionales, especialmente inversión extranjera directa. Por esta razón se han establecido políticas para la atracción de las mismas.
No obstante los esfuerzos realizados para conformar un sistema multilateral existe también la tendencia a organizar el comercio en términos regionales. En la actualidad prácticamente todos los miembros de la OMC participan también en por lo menos un esquema regional de comercio y existe una percepción generalizada de que el desarrollo de la economía internacional en el mediano plazo podría consistir en la conformación de bloques comerciales. La compatibilidad de esta tendencia con una liberalización general del comercio es un problema que aún no ha sido resuelto.
El mantenimiento de vínculos especiales con las diferentes agrupaciones que lleguen a formarse sería una manera de asegurar el acceso a sus mercados y consolidar la viabilidad del modelo exportador del regionalismo abierto. Además, en caso de no consolidarse la tendencia hacia un sistema multilateral de libre comercio o de producirse un proteccionismo a nivel internacional, la preferencia regional constituye un medio útil de defensa, por ofrecer un acceso asegurado a otros mercados y permitir la definición de posiciones conjuntas frente a terceros.
· Consolidación del modelo político-económico
Las reformas de las economías nacionales realizadas por la mayoría de los países de América Latina y las políticas macroeconómicas prevalecientes en ellos durante la década de los noventa se adecuaron a las tendencias predominantes a nivel internacional. Tales reformas y políticas han generado resistencias domésticas y han encontrado dificultades por su impacto social; porque alteran las relaciones económicas que existían anteriormente; y por la incertidumbre respecto a su viabilidad de mediano y largo plazo.
Esto ha llevado, de parte de los impulsores de las reformas, a que se tema por la continuidad de las mismas y se propongan mecanismos para su consolidación y profundización. De acuerdo a ellos, la dependencia mutua de las economías nacionales, en un mundo de liberalización comercial generalizada y regido por señales de mercado, exigiría el mantenimiento de normativas y políticas macroeconómicas compatibles entre sí.
Desde ese punto de vista, los compromisos internacionales y la creación de interdependencia entre las economías nacionales dentro de un modelo común de desarrollo económico constituirían una manera de consolidar y profundizar las "reformas" realizadas, pues una integración económica basada sobre una estructura de libre mercado contribuiría a su irreversibilidad. Por este motivo se argumenta que la integración sería un medio para asegurar la continuidad de las políticas adoptadas durante los últimos años. Esta razón -que también fue invocada para generalizar e intentar consolidar otros modelos de desarrollo- se añade a las estrictamente económicas para abogar por una mayor integración.
d. Actuales
A través de los años son muchas las razones que se han esgrimido para promover la integración de América Latina y el Caribe. En lo político, el mantenimiento de la soberanía, el fortalecimiento de la democracia y la proyección externa de la región han sido una constante. En lo cultural, la afirmación de la identidad y la preservación de los valores propios -entre los cuales destacan el respeto a la pluralidad étnica, religiosa e ideológica- resultan una consecuencia natural de las raíces comunes y la similitud entre las diversas experiencias históricas de las naciones de la región. En lo económico, la razón ha sido la necesidad de desarrollo y el mejoramiento de las condiciones de vida de los pueblos, pero la manera concreta para alcanzar tales objetivos ha cambiado de acuerdo a las circunstancias y los enfoques predominantes.
No obstante las diversas modalidades que ha adquirido el impulso hacia la integración, así como los distintos modelos económicos que se han promovido a través de ella, y a pesar de las dificultades encontradas para avanzar en los esquemas que se han llevado a la práctica en el último medio siglo, las cuales a menudo han ocasionado desencanto y han hecho dudar de la viabilidad del proyecto, la integración permanece como una aspiración de los pueblos de América Latina y el Caribe y como un proyecto con legimitidad y proyección política.
En la actualidad, se invocan a favor de la integración muchas de la razones que se han tenido en diversas épocas para promoverla. A ellas se debe añadir la necesidad de definir las modalidades de inserción de América Latina y el Caribe en un mundo en el cual las tendencias a la globalización y a la regionalización cobran cada vez más fuerza. La creación de un marco multilateral que regula no solo el comercio de bienes y servicios sino también asuntos relacionados con el comercio cada vez mas amplios -tales como la propiedad intelectual, los subsidios, las condiciones de competencia y las inversiones- hace mas difícil un manejo autónomo de las economías nacionales.
La consolidación de bloques económicos, como la Unión Europea, y los proyectos de fortalecer otros, como la APEC (Consejo Económico del Asia-Pacífico) obliga a pensar en términos de asociaciones entre naciones y en espacios geográficos ampliados. Si bien han aumentado las normas económicas internacionales, aún predominan a nivel mundial grandes espacios económicos relativamente cerrados. Actualmente, la apertura comercial de los Estados Unidos es de 8%, la de Japón es de 9% y la de la Unión Europea de 10%. El fortalecimiento del mercado único europeo que ha significado la vigencia del euro, moneda común de once países de la región, consolida este panorama. En tales circunstancias, y dado el aumento vertiginoso y la volubilidad de los movimientos internacionales de capital, se hacen más vulnerables las economías que no forman parte de grandes espacios económicos. La integración económica de América Latina y el Caribe podría contribuir a hacer frente a esta situación.
El Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) propuesta por los Estados Unidos con un alcance hemisférico, tiene una naturaleza muy distinta de los proyectos de integración latinoamericanos y caribeños. En primer lugar, su alcance se limita a un área de libre comercio y no aspira a la formación de un mercado único. En segundo lugar, agruparía a países con grados de desarrollo muy diversos, por lo que presentaría asimetrías profundas en los procesos, entre otros, de toma de decisiones. En tercer lugar, debido a la gravitación de la economía norteamericana estaría sujeto a los pormenores internos de la política de los Estados Unidos, como han mostrado las dificultades que se han experimentado para su lanzamiento. En cuarto lugar, el ALCA carece de los vínculos históricos, culturales y políticos del proyecto de integración de América Latina y el Caribe.
La peculiaridad de las realidades económicas que deben enfrentrar los países de la región es otra de las razones para pensar en la necesidad de acciones conjuntas y solidarias para enfrentarlas. La integración representa la manera mas acabada de hacerlo. La vulnerabilidad ante las tendencias y acontecimientos de la economía mundial, ya mencionada; la necesidad de superar la pobreza que padece una gran mayoría de la población; la exigencia moral y política de mejorar una de las peores distribuciones de la riqueza del mundo, como condición para la paz y la convivencia social; y el imperativo de promover el desarrollo para poder incorporar el progreso técnico, lograr una competividad a nivel internacional y poder disfrutar de los avances de la época moderna son ejemplos de la comunidad de problemas que se presenta entre los países de América Latina y el Caribe.
No sólo los objetivos, sino las realidades y tendencias de la economía aconsejan una mayor integración regional. El aumento del comercio intrarregional, que ha tenido lugar en parte gracias a los propios esquemas de integración, pero que también es producto natural del desarrollo de las economías nacionales; la transformación productiva que ha llevado al establecimiento de plantas industriales y empresas destinadas a satisfacer el mercado regional, particularmente por parte de los conglomerados transnacionales; el mayor peso que ha adquirido en la región el comercio internacional; la internacionalización del financiamento; el aumento de las migraciones; y el nuevo dinamismo y significación de las inversiones intrarregionales constituyen también ejemplos de asuntos cuya solución rebasa los marcos nacionales.
Ante esos problemas y ante las insuficiencias que han presentado los modelos económicos aplicados para resolver los problemas propios de América Latina y el Caribe y de su inserción en la economía internacional, se ha planteado la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo que se adapte a esas peculiaridades. En ese modelo la integración de la región debe jugar un papel importante como realidad vigente y como objetivo surgido de lo mejor del pensamiento económico y político latinoamericano y caribeño.