El Observatorio de Barlovento

Volumen 1, Número 1

Junio 2000

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La Ingeniería Genética y los alimentos: Precaución.

por: Arambilet/OB.

 

¿Cierto o falso, realidad o fantasía?

* Una bacteria diseñada mediante técnicas de ingeniería genética por la compañía japonesa Showa Denko desarrolló aspectos incontrolables no previstos causando la muerte a 37 personas y daños permanentes a más de 1500.

* El 59% de la población urbana no piensa consumir alimentos transgénicos (alterados geneticamente).

* Es esencial una moratoria en la liberalización de organismos geneticamente modificados para su utilización en la agricultura y la alimentación, hasta que se hayan develado las incógnitas acerca de los riesgos, impactos sociales, económicos y medioambientales de la utilización de los OGMs a escala de cultivo y comercial. Dicha moratoria está condicionada a diversos aspectos acerca de la implicación de la ingeniería genética en su uso alimentario.

* Imprescindible la investigación sobre los impactos agronómicos, sanitarios y socioeconómicos de la utilización de los transgénicos en la agricultura y la alimentación

* Es esencial la eliminación de los marcadores genéticos de resistencia a antibióticos y de resistencia a herbicidas, en su fase activa y no activa, para evitar el incremento de riesgo no intencionado y de difícil valoración en sus consecuencias.

* En Latinoamérica a diferencia de Europa y EE.UU. el interés por el presente y futuro de los alimentos transgénicos ha demostrado tener un alcance muy limitado en la opinión pública, en su gran mayoría desconocedora de las implicaciones del tema.

* Falta de controles a las importaciones de maíz, soya y colza (Del neerl. koolzaad, a través del fr. colza. Especie de col, con las hojas de cuyas semillas se extrae aceite.) transgénicos de EEUU y Argentina, hace que se reciban partidas en las que llega mezclado el producto modificado geneticamente del no modificado.

* Los nuevos inmigrantes pendientes de admisión en América Latina son tres nuevos tipos de maíces transgénicos de la empresa Dekalb; sus códigos son 664RR, 696RR y 752RR.

* España es el país europeo que más importa y cultiva maíz alterado.

* El Gobierno portugués decidió el pasado martes suspender la autorización del maíz transgénico Bt, que ha sido modificado geneticamente para que produzca una sustancia insecticida, debido a los riesgos para el medio ambiente provocados por el cultivo de dichas variedades transgénicas . Con esta decisión el Gobierno portugués se une a los demás países que, en aplicación del principio de precaución, han prohibido los cultivos transgénicos en su territorio. Actualmente, el Reino Unido tiene impuesta una moratoria al cultivo; en Francia hay una moratoria a la comercialización en base a una resolución del Consejo de Estado francés del año pasado (septiembre del 98); Austria y Luxemburgo también tienen sendas prohibiciones sobre los transgénicos; en este mismo mes un juez federal de Brasil ha ordenado la inmediata destrucción de todas las plantaciones de soya transgénica del país; el pasado verano el Consejo de Ministros de la UE ha declarado una prohibición "de hecho" para las nuevas autorizaciones de liberación de OMGs (Organismos Modificados geneticamente) en sus países miembro.

* Las alarmas están saltando en el mundo científico: en este mismo año que finaliza, la Asociación Médica Británica ha pedido precaución y una moratoria para la comercialización de los transgénicos; un estudio de la Universidad de Cornell (EE.UU), publicado la pasada primavera en la revista Nature, pone de relieve que el polen de este maíz transgénico es mortal para las larvas de la mariposa monarca; y otro estudio publicado este otoño en la revista médica The Lancet revela que las ratas de laboratorio sufren problemas en el sistema inmunológico y en el desarrollo de órganos vitales cuando son alimentadas con patatas transgénicas. No obstante, las multinacionales biotecnológicas siguen insistiendo que los transgénicos son completamente seguros y que está todo controlado. Según los ecologistas, tendrá que ocurrir un nuevo escándalo alimentario, como el de las vacas locas o los pollos con dioxinas, para que las 5 multinacionales biotecnológicas que controlan el 100% del mercado de las semillas transgénicas se decidan a aplicar el principio de precaución y no el del máximo beneficio.

* El tomate al que se le inactiva un gen para retrasar su maduración fue uno de los primeros productos con futuro comercial, fruto del boom de la biotecnología, fenómeno estadounidense de los años ochenta basado en las nuevas posibilidades de manipulación genética.

* Un gusano de seda geneticamente modificado fue obtenido por científicos franceses en el marco de un trabajo de cooperación internacional, gracias a un nuevo método en podría interesar tanto a la industria textil como a la farmacéutica. El nuevo método, que utiliza un elemento móvil (llamado "piggyback´´) para trasladar el gen exterior a los cromosomas, permitirá mejorar la producción de fibras. Además, podría permitir sintetizar proteínas destinadas a utilización médica, que serían producidas en los capullos. Según los científicos, la cuestión de la diseminación de genes a través de estos organismos geneticamente modificados "no se plantea en principio para esta especie´´, puesto que se trata de un insecto domesticado totalmente controlado por el hombre. No obstante, reconocen que la modificación genética de organismos se limita todavía a algunos modelos de laboratorio: el ratón, la rata, el gusano nemátodo, la mosca del vinagre y unos pocos mamíferos domésticos (vacas, corderos y cabras) para aplicaciones farmacéuticas.

* En el mes de agosto de 1998 el científico Arpad Pusztai (68) decidió hacer públicas las conclusiones de un experimento de laboratorio realizado a su cargo y bajo control del Instituto de Investigaciones Rowett, con ratas alimentadas con papas transgénicas las cuales serían responsables de deficiencias inmunológicas observadas en los animales. La postura de Pusztai se basa en sus reparos a que: 'los seres humanos sean el ignorante conejillo de indias de la industria alimenticia'. Como resultado de este suceso Pusztai fue despedido como investigador del Instituto Rowett cuyas actividades son financiadas por el gobierno británico.

* Las empresas no se atreven a etiquetar sus productos ni positivamente -con la leyenda "producto geneticamente modificado"- ni negativamente -asegurando la naturalidad de los componentes-, ya que tampoco pueden certificar que el alimento de las estanterías de los supermercados esté totalmente libre de ingredientes modificados. [Excepciones: Voluntariamente, Nabisco, informa en el envoltorio de sus galletas de la existencia de derivados de maíz transgénico, dando así la opción al consumidor].

* Las Administraciones públicas están tratando de adaptarse y tienen ante sí un doble reto: crear las condiciones para que el desarrollo regulado (y por tanto seguro) de la biotecnología sea un instrumento que mejore las condiciones de vida de los ciudadanos, y que sea comprendida en su globalidad, como cualquier nueva tecnología, con sus ventajas e inconvenientes.

* Dado que los híbridos de cereales que se cultivan normalmente son estériles y los transgénicos no, ¿por qué no introducir un gen que los haga estériles, lo que obliga a los agricultores a comprar semillas todos los años? Este gen es llamado terminator.

* Las cosechas y alimentos transgénicos podrían acarrear proteínas que, normalmente, causan alergias en ciertas personas. La leche, los huevos, el pescado, las nueces, tienen a veces sustancias alergénicas. Y esto se vincula con el traspaso de genes entre plantas, animales y bacterias. Podría suceder que un hombre alérgico comiera un tomate transgénico creado para resistir las heladas. En medio del ataque, el hombre podría descubrir que el vegetal tiene un gen anticongelante extraído de un lenguado.

* ¿Qué daría la industria agroalimentaria por poder servir melones en su punto justo de maduración y sabor cualquier día del año y en cualquier lugar? ¿Y por disponer de tomates con textura interior de Ketchup? El interés de las grandes empresas agroalimentarias por los cultivos transgénicos, que consideran decisivos para el futuro del sector, es extraordinario. Y, en consecuencia, los intereses comerciales han jugado tan fuertemente en la llegada al mercado de los primeros productos transgénicos que el consumidor se siente desorientado, olvidado e incluso engañado.

* La voz de alarma ha sonado en la Comisión Europea tras el descubrimiento de que el polen de una variedad de maíz transgénico, a pesar de su bajo contenido en toxinas, produce la muerte de la mariposa monarca. De momento, y ante esta información, sólo se han paralizado las autorizaciones de maíz transgénico pendientes. ¿Cuál puede ser el efecto en el ser humano?

Nadie lo puede anticipar. Ese es el problema.

Las anteriores, todas, sin excepción, son noticias y material de foro público.

Para algunos expertos, las plantas transgénicas tienen peligros: El "Traspaso de las resistencias" es uno de ellos. En la fabricación de una planta transgénica suelen usarse genes de resistencia antibiótica como "marcadores": ellos ayudan a elegir las células que recibirán a los nuevos genes que se quieren insertar, y a ubicar a aquellas geneticamente alteradas. Quienes tienen reservas sobre la existencia de estos genes señaladores, dicen que continúan activos en los tejidos de las plantas.


Esto podría tener dos consecuencias: Que un antibiótico de uso común pierda efecto entre la población, debido a que las personas lo estarían comiendo a través de las plantas. Y que ese gen de resistencia se transfiera hacia una bacteria creadora de enfermedades, haciéndola invulnerable.


Los defensores de las plantas modificadas dicen que "hasta ahora" no ha habido un caso verdaderamente probado de pasaje de resistencia bacteriana de una planta modificada hacia las bacterias. Y que, una vez que los genes cumplen con su función, son desactivados.

Vigilancia, control, demanda de garantías y precaución debe ser el objetivo de todo gobierno y ser sensato que no se beneficia del negocio de los alimentos geneticamente modificados.

El principal avance de la Ingeniería Genética consiste en la capacidad para crear especies nuevas a partir de la combinación de genes de varias existentes, combinando también por lo tanto sus características. Cultivos con genes de insectos para que desarrollen toxinas insecticidas o tomates con genes de pez para retrasar la marchitación han dejado hace tiempo de ser ciencia-ficción para constituir una realidad en nuestros días.

Permitir el cultivo de hortalizas en áreas desérticas hasta ahora estériles o aumentar el tamaño de los frutos cultivados son algunos de los adelantos que la utilización de este tipo de técnicas pueden aportar a la Humanidad, con los logros que supone hacia la erradicación del hambre en el Mundo. Lo que no se ha definido todavía es cómo compatibilizar estos objetivos con los intereses económicos de las empresas de biotecnología que los desarrollan.

Los expertos en genética advierten que detrás de estas mejoras y nuevas aplicaciones se esconden también riesgos y peligros de notable importancia.

La manipulación genética de animales para potenciar la producción de sustancias aprovechables industrialmente, o para aumentar su efectividad depredadora contra insectos y plagas, son otras de las aplicaciones con las que se está trabajando, así como aumentar la resistencia de los peces al frío, hacerles crecer más deprisa o ayudarles a resistir algunas enfermedades.

El negocio de la ingeniería genética está en manos de las grandes multinacionales agroquímicas y farmacéuticas, como Monsanto, Enimont, Du Pont, Ciba-Geigy, Hoechst, Bayer, ICI, Novartis y Sandoz. Sus intereses comerciales están haciendo a los investigadores intervenir directamente en procesos biológicos que apenas hemos empezado a comprender, y mucho menos a controlar.

Se denomina transgénico al organismo portador de material genético perteneciente a especies no emparentadas transferido a él mediante ingeniería genética. El mayor riesgo de la liberación de este tipo de especies es su capacidad de extenderse y combinarse con especies silvestres e incluso transmitirse de forma imprevisible a otros organismos relacionados. Esta posibilidad se ha denominado contaminación genética.

 Alterar significativamente la evolución de las especies puede tener consecuencias imprevisibles en un equilibrio ecológico por otra parte ya muy dañado y de difícil solución. Las técnicas de ingeniería genética alteran todas las limitaciones que la propia naturaleza pone para la relación entre organismos de especies alejadas o no emparentadas. 

El desarrollo de estas ventajas competitivas por parte de los organismos transgénicos, como mayor resistencia a la salinidad, a la sequía o a las bajas temperaturas, puede ocasionar la invasión por parte de estas especies de hábitats que no les son propios y cuyo equilibrio se vería entonces amenazado al desplazar a otras especies o favorecer su extinción.

Existen ecosistemas especialmente frágiles y especies de las que depende la subsistencia de miles de personas, en ocasiones como alimento básico especialmente en el Tercer Mundo, que podrían verse desplazadas al reducirse la diversidad biológica.

La introducción de la gripe tras el descubrimiento de América diezmó las poblaciones indígenas, la importación del conejo en Australia ocasionó un problema para las cosechas que aún no ha sido del todo resuelto. Son sólo algunos ejemplos de lo que las estadísticas definen con mayor precisión: se calcula que al menos el 10 % de este tipo de introducciones han tenido un efecto negativo sobre el ecosistema.

Se han desarrollado plantas con capacidades insecticidas que pueden amenazar la existencia de especies de insectos y hongos beneficiosos e incluso imprescindibles para el desarrollo biológico. Insectos diseñados específicamente para controlar el desarrollo de otros insectos pueden mutar o combinarse con otras especies produciendo resultados imprevisibles.

La modificación genética de virus, cuya capacidad de mutación y combinación los hace ya de por sí peligrosamente imprevisibles, puede dar lugar a la aparición de nuevas enfermedades o la transformación de otras ya existentes modificando sus vías de contagio o las especies a las que pueden afectar.

Las condiciones ambientales reales, fuera del laboratorio, han demostrado ser fundamentales en la evolución de estas nuevas especies. Aspectos como la clase de suelo, las temperaturas o la humedad alteran significativamente y de forma imprevisible la función de un gen, anulando sus características o desarrollando otras nuevas.

¿Cómo se crea una planta transgénica?

* Utilizando las enzimas de restricción se aísla el elemento responsable del efecto que desee lograrse, por ejemplo la superior resistencia a los herbicidas.
* El gen se inserta en un anillo de ADN autoreplicable junto con un gen de resistencia a antibióticos con el que posteriormente se seleccionarán las plantas donde la implantación ha tenido éxito.
* El anillo de ADN autoreplicable, o plásmido, se introduce en un huésped en el que se replicará utilizando enzimas del propio huésped, que puede ser un tipo de bacteria.
* Los plásmidos replicados se introducen en una bacteria adecuada para "contagiar" al tipo de planta que se desea modificar.
* Estas bacterias transmiten a células de la planta, criadas en el laboratorio, el plásmido modificado, alterando el genoma del original e incorporándole las nuevas características.
* Utilizando hormonas se regeneran plantas completas a partir de las células modificadas.
* El tratamiento con antibióticos selecciona las plantas en las que la modificación ha tenido éxito.

El llamado enfoque reduccionista de la ingeniería genética consiste en elaborar soluciones para remediar problemas causados por una mala utilización de los recursos naturales. Así, elaborar plantas resistentes a la sequía supone vencer las dificultades del progresivo calentamiento del ecosistema sin contemplar la posibilidad de evitar ese calentamiento mediante el rediseño de sistemas de producción. Del mismo modo, el desarrollo de nuevos medicamentos pretende hacernos resistentes a unas condiciones ambientales negativas, en lugar de intentar evitar esas condiciones. 

El sistema económico y las tecnologías industriales han explotado los recursos naturales de forma depredatoria utilizándolos sencillamente como recursos para el desarrollo industrial. Ahora estamos viviendo el comienzo de una nueva era en la que, en palabras de AEDENAT: "Con la ingeniería genética, la propia vida se incorpora a los procesos industriales".

Hortalizas que geneticamente se han saturado con pesticidas orgánicos se comercializan ya en nuestras tiendas. Parte de esos componentes tóxicos son ingeridos inevitablemente por el consumidor. El año pasado se inició un debate en España por el desembarco en Barcelona de un cargamento de soya rectificada que incluía en su carga genética genes de petunia, un virus, una bacteria y residuos de glifosato para hacerla resistente a un herbicida denominado Roundup. El gobierno de los Estados Unidos amenazó con una guerra agrícola si las autoridades europeas establecían restricciones a la importación de productos tratados geneticamente.

En Inglaterra, un grupo de presión de agricultores ha recibido el apoyo expreso del príncipe Carlos en su cruzada contra los alimentos modificados geneticamente: "pienso que esta tecnología es tan nueva y poderosa, con tanto futuro por conocer, a tan largo plazo, que se debería plantear primero un debate ético". "El cultivo orgánico ha demostrado proveer beneficios sustanciales al desarrollo de la fauna y el ambiente. Lo mejor que se puede decir de las cosechas modificadas geneticamente es que desde ahora en adelante serán vigiladas para ver cuánto daño causarán". Fuente: The 1998 Soil Association Organic Food Awards. A speech by The Prince of Wales, The Savoy Hotel, Londres, Octubre 28, 1998

Existe en la actualidad un debate a nivel mundial en el que participan organismos oficiales, empresas de biotecnología y organizaciones ecológicas y de consumidores. En él intenta decidirse si los alimentos modificados geneticamente deben ser etiquetados con mención expresa a este hecho o si por el contrario no debe haber diferencia entre estos elementos y los de procedencia natural.

Hasta el momento, la ventaja juega a favor de los fabricantes, quienes han conseguido presionar a las instituciones para obtener su apoyo, y que basan su actitud en el postulado de que no existe diferencia sustancial entre los alimentos transgénicos y los tradicionales. Todas las encuestas populares realizadas en torno a este tema han dejado claro el rechazo de los consumidores hacia este tipo de productos, que de todos modos son mezclados con productos naturales y comercializados indiscriminadamente sin dejar opción a elegir.

De hecho, ¿consume todos los días maíz geneticamente modificado el CEO de Novartis?

La agricultura orgánica, opción conocida también como ecológica ha sido en un sentido general durante siglos la fuente de alimentación humana, y ahora está siendo recreada en función de una demanda creciente originada especialmente en los países europeos ante las prevenciones que vienen despertando los contaminantes ambientales y el riesgo para la salud que potencialmente supone el uso intensivo de agroquímicos. En un sentido estricto este tipo de agricultura suma ahora a las técnicas tradicionales, nuevas mejoras que garantizan su sustentabilidad y el aumento de la productividad agrícola.

Los argumentos más frecuentes de la industria que vende alimentos geneticamente modificados:

1.- Presentar a estos avances como la única alternativa capaz de garantizar las necesidades crecientes de alimentos en un futuro próximo y en algún caso caracterizarla como 'el mayor esfuerzo ético imaginable'.
2.-Comparar la conveniencia de los alimentos transgénicos con los logros obtenidos en similar sentido por la industria farmacéutica.
3.-Afirmar que millones de personas vienen consumiendo estos productos, sin saberlo, sin que les haya ocurrido nada.
4.-Minimizar la posibilidad de que un gen escape a otras variedades naturales afirmando que la misma no está probada o que su riesgo es ínfimo.
5.-Descalificar los reparos a estos productos como simples maniobras proteccionistas de paises atrasados en investigación biotecnológica.
6.-Atribuir las críticas de los grupos de ciudadanos concientes a fundamentalistas del medioambiente y a grupos de ideología radical, exclusivamente.
7.-Asimilar los riesgos de estos avances con los de otras tecnologías, como inevitables y a favor del progreso.
8.-Augurar una disminución de costos que se reflejará en alimentos baratos para todo el mundo.
9.-Presentar como inviable el desarrollo de las nuevas técnicas de agricultura tradicional como aporte a la creciente demanda de alimentos.
10.-Afirmar que el etiquetado encarecerá sustancialmente los costos.


En todos los casos es sorprendente comprobar que la consideración por los derechos legítimos del consumidor de diferenciar y elegir nada menos que los alimentos quedan sistematicamente de lado. Los científicos a su vez también quedaran marginados en un proceso de crecientes intereses económicos cuyo objetivo apunta directamente a la captura de mercados por parte de las grandes corporaciones.


El muy poco convincente argumento de que ambos tipos de alimentos son lo mismo por lo cual no merecen ser rotulados no solo no se constata en la realidad en las preferencias domésticas de los consumidores sino que si así fuera la implantación del rotulado demostraría en poco tiempo su inutilidad, un riesgo que los productores parecen estar muy lejos de aceptar.


Argumentar que la motivación principal de estas aplicaciones biotecnológicas obedece a motivaciones éticas, menosprecia la inteligencia de cualquier persona promedio, al igual que suponer que necesariamente las disminuciones de costos prometidas redundarán en beneficio de los más necesitados; la experiencia suele indicar precisamente lo contrario. Este argumento suele utilizarse para intentar descalificar cualquier oposición al libre comercio de este tipo de alimentos.


Igualmente sorprendente es comprobar que el argumento de que millones de personas vienen consumiendo, sin saberlo, estos productos sin inconvenientes aparentes, no hace sino confirmar las presunciones de que este tipo de experimentos en gran escala suelen hacerse sin consentimientos previos y en general a espaldas del público.


Las experimentos realizados en los EE.UU. sobre los efectos de la radiación atómica sobre las personas luego de la Segunda Guerra Mundial tomaron estado público recién hace pocos años.

En Gran Bretaña debió transcurrir casi una década para que el Ministerio de Salud se viese obligado a blanquear la escandalosa situación provocada por la enfermedad del BSE (Mal de las vacas locas) a pesar de las advertencias formuladas por científicos 'disidentes' desde muchos años antes sobre los riesgos del consumo de carnes rojas de animales afectados por esa enfermedad.

Los avances científicos del siglo actual y en especial los logros alcanzados en biotecnología aplicada a los alimentos durante las últimas décadas no son ajenos a las urgencias que plantea el ritmo de crecimiento de la población mundial.


Los rápidos cambios nos están enfrentando a riesgos inéditos, muchos de ellos sin margen de elección posible. Las prevenciones y resistencias ante estos avances no debieran desatender estas consideraciones.


Sin embargo está resultando cada vez más claro para importantes sectores de la opinión pública la amenaza de otros factores en este complejo escenario. La creciente dependencia de la comunidad científica ante los intereses de las corporaciones, la concentración de poder económico y su desmedida influencia sobre la prensa y los gobiernos se cuentan entre ellas.


La legitimidad del proceso actual corre el riesgo de verse comprometido en forma definitiva ante el deterioro de la credibilidad de las propias corporaciones.


La intuición popular de que este proceso puede comprometer valores tales como la libertad de elección de los consumidores, el patrimonio de los productores y hasta la misma salud general es frecuentemente comprobable.


En este contexto no solo no resulta excesivo sino que es un ejercicio de prudencia plantearse y compartir legítimamente la hipótesis sobre el curso posible de acontecimientos que hasta hace poco hubiesen sido atribuibles exclusivamente al campo de la ciencia ficción.

Preferir los alimentos orgánicos, libres de pesticidas y químicos nocivos y no alterados geneticamente, sigue siendo la opción sensata.

Así pues, y al menos por el momento, ese tomate de la ensalada puede tener algo de pez... y quién sabe qué más.


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