El Observatorio de Barlovento

Volumen 1, Número 3

Agosto 2000

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El teléfono celular: La nueva tarjeta de pagos

Por: Raúl Rojas/OB

El objetivo de las empresas multinacionales telefónicas y sus aliados, las instituciones financieras bancarias, es el de desarrollar y comercializar un sistema de pago basado únicamente en teléfonos móviles.
    
    Prometen que el sistema en España y Argentina estará disponible en pocos meses y que extenderán la iniciativa a treinta países de Europa, América y el Caribe, en los próximos dos años. Estiman que en el 2005 tendrán 100 millones de clientes repartidos por el mundo.
    
    La clave del negocio reside en la seguridad que ofrecen los nuevos aparatos celulares digitales, con comunicación encriptada–si se los compara con las tarjetas de crédito- a la hora de validar un pago. El fraude “administrativo” que sufren las empresas de telefonía móvil, cuando otorgan una línea de este tipo a una persona, es similar al que afecta a la comercialización de plásticos.

    En buena medida, las empresas de telefonía móvil quedaron a cubierto con los sistemas prepagados, nicho al que recluyen a quienes consideran “dudosos”. Y si bien las tarjetas de crédito intentaron una mecánica similar mediante el lanzamiento de “monederos electrónicos”, que el cliente debe cargar (pagar) antes de usarlo, el método no se ha impuesto en el mercado.
    
  El fraude “técnico”, más conocido como “clonado” emparenta a ambos sistemas. Consiste en crear una tarjeta o móvil “mellizo”, con idénticas claves de identificación a otro de existencia legal.  En estos casos es donde los sistemas celulares pueden sacar ventajas, ya que han desarrollado mecanismos (técnicamente “algoritmos”) que logran que los números secretos que identifican unívocamente al teléfono móvil con su usuario sean “dinámicos”, cambien contínuamente, según reglas de formación que sólo “conocen” las centrales telefónicas y cada aparato. Por más que alguien copie en determinado momento la clave, cuando vaya a usarla ya no será la misma.
    
    Esto es posible solamente en los móviles digitales, pero esta tecnología va reemplazando en forma sostenida a los primeros servicios (analógicos), bajando considerablemente los costos administrativos.
    
El movimiento de un celular queda registrado en forma permanente y precisa. La compañía “sabe” en cada momento dónde está su cliente. No es posible que una persona haga una compra –por pequeña que sea- desde su móvil en una localidad y cinco minutos más tarde en otra a 100 kilómetros de distancia. Esto es detectado inmediatamente por las centrales telefónicas.
         
Los comerciantes que se adhieran al servicio obtendrán comisiones inferiores a las que abonan a las tarjetas de crédito. Los usuarios pagarán los costos de administración, ya sea mediante una recargo por las transacciones realizadas o por el costo de la llamada del móvil. Pero ahorrarán en muchos casos –tiempo y dinero- al no tener que desplazarse para realizar sus operaciones.
    
    Además de sustituir muchas de las operaciones que habitualmente deben realizarse en los cajeros automáticos, desde los celulares podrán efectuarse compras rápidas en comercios tradicionales, máquinas expendedoras automáticas, en Internet y un sinnúmero de variantes de reserva a distancia donde la identificación del usuario no dará lugar a dudas.
    
    Naturalmente, contemplará tanto la posibilidad de prepago (descuento inmediato de la cuenta bancaria) como de crédito. De ahí la necesidad de un banco y un teléfono para que esto funcione


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