El Observatorio de Barlovento

Volumen 1, Número 3

Agosto, 2000

Volver al índice


ENTENDIENDO EL ROL DEL FUEGO EN LA CORDILLERA CENTRAL
Por Andrés Ferrer
Director Ejecutivo
Fundación Moscoso Puello, Inc., R.D.

En 1995, como parte de programas mayores sobre clima Cuaternario (Orvis et al.) y Paleoecología (Horn et al.), algunos de los sub-programas se centraron en conocer la historia de los incendios y las dinámicas ecológicas de fuego y vegetación en las montañas de pino de la isla Española.

Análisis Estratigráficos y Paleoecológicos de polen y carbón en lechos de sedimentos (extraidos de pantanos, hoyos en el suelo y exposiciones de cortes de orillas a lo largo de corrientes fluviales), técnicas de Dendrocronología y caracterización de Recuperación Postfuego de la Vegetación son algunos de los componentes de estos proyectos de investigación. Integrar las investigaciones paleoecológicas, dendrocronológicas y ecológicas permitirá una investigación en múltiples escalas de tiempo.

Un proceso inicial de observación reveló información preliminar: los incendios modernos se extienden desde unas pocas hectáreas hasta aproximadamente 10,000 ha. en extensión (Horn 1999) con frecuentes incendios de superficie de poca intensidad e incendios de gran intensidad poco frecuentes. Los incendios de poca intensidad a veces se convierten en incendios de corona hasta una extensión de 5-10% de la superficie incendiada. Bosques de pinos de múltiples edades tienden a confirmar la ocurrencia de frecuentes incendios de superficie de baja intensidad.

Los lugares frecuentemente incendiados son comúnmente dominados por arbustos resistentes al fuego y por hierbas taxonómica y estructuralmente similares a las que existen en los páramos propensos al fuego de la América tropical. En los lugares de estudio de recuperación de incendios la vegetación se asemeja al páramo encima de la línea de árboles en Costa Rica, y las zonas parecidas al páramo de Campos de Altitud en el sur de Brasil.

Los núcleos de suelo recuperados como parte del sub-programa de Análisis Estratigráficos y Paleoecológicos contienen fragmentos de carbón de fuegos del Holoceno y Finales de Pleistoceno, que datan de hace 1,300 a 42,500 años de radiocarbono (Horn 1999) revelando que el fuego ha sido un elemento pre-humano y post-humano en la Cordillera Central de la isla Española. La frecuencia del fuego y la cantidad de carbón en las muestras es considerablemente mayor que en núcleos de suelo extraidos de Costa Rica y de la Amazonia Ecuatoriana (Horn y Sandford 1992). Este carbón de leña se asemeja a madera moderna quemada de Pinus occidentalis, pero pueden estar representados otros arbustos y árboles.

En sendos núcleos de polen y carbón recuperados en "El Valle Nuevo" y la "Sabana de los Robles" dentro del Parque Nacional Juan B. Pérez (antes Reserva Científica Natural de Valle Nuevo), en la República Dominicana, los rangos de una edad "sigma-calibrada" coinciden. El carbón fechado en estos dos núcleos puede representar diferentes fuegos o un sólo fuego de enorme extensión, quemando gran parte de la altiplanicie de Valle Nuevo como ocurrió en 1983 cuando 3,500 ha. ardieron (Martínez 1990). No obstante, fragmentos de carbón recogidos por un cedazo de 2.0 mm son demasiado grandes para ser fácilmente transportados por el viento (Clark 1988), sugiriendo que este fue un incendio más extenso dentro de la cuenca.

Para calibrar los datos obtenidos de sedimentos y comprender mejor la relación existente entre el polen y la deposición de carbón, muestras modernas de polen y carbón fueron tomadas en 50 lugares de vegetación conocida y de características de clima y de disturbios conocidas o inferidas.

Utilizando anillos de árboles como un record de la historia ambiental ha recibido poca atención en los Trópicos, debido a la falta de cambio de estaciones (Jacoby 1989). En la República Dominicana un estudio de anillos en árboles de Pinus occidentalis en una elevación de 500 metros evidenció que los árboles producen más de un anillo en casi cada año (van der Burgt 1993).

Sin embargo, un estudio inicial dentro del sub-programa de Dendrocronología por encima de una elevación de 2,000 metros, de cortes transversales y núcleos extraidos de Pinus occidentalis, ha producido resultados promisorios para investigación climática y ecológica (Kennedy et al, no publicado). Utilizando 150 núcleos de árboles de las partes más elevadas de la cordillera, esta siendo establecida para el área una cronología maestra usando técnicas dendrocronológicas estandarizadas (Stokes y Smiley 1996). Más de 300 núcleos y cortes de individuos seleccionados con el mayor número de cicatrices de fuego y la mejor preservación para muestreo, siguiendo a Arno y Sneck (1977), han sido tomados de 10 diferentes puntos a través de la Cordillera.

Algunos de los árboles muestreados tenían 200 o más años de edad permitiendo documentar la escala de la frecuencia del fuego en los dos últimos siglos. El control cronológico preciso ayudará a refinar la interpretación de los perfiles del carbon sedimentario en los niveles más altos de los núcleos de sedimentos.

Para documentar la regeneración post-fuego de la vegetación y el rol moderno del fuego en los ecosistemas de alta montaña, dentro del sub-programa de Recuperación Post-Fuego de la Vegetación, 8 lugares de estudio han sido seleccionados, 2 de los cuales están localizados en dos de los puntos de análisis de anillos de crecimiento, de manera que la frecuencia del fuego a largo plazo pueda ser considerada y estudiada junto con el tiempo transcurrido desde el incendio. El método utilizado es adaptado del trabajo de Williamson et al. (1986) y Horn (1989).

Una de las zonas quemadas tiene un área de aproximadamente 7.5 ha. entre 2,380 y 2,445 metros de elevación. El incendio ocurrió a finales de 1996 pero el lugar también sufrió un incendio en 1983 como parte de un gran fuego que ocurrió ese año (Martínez & Hernández 1984).

El clima en esta ubicación está fuertemente influenciado por efectos orográficos sobre la humedad transportada por los vientos alisios que llegan del Noreste. La precipitación promedio es de 1,200-1,600 mm. Extrapolando la temperatura de la estación meteorológica de Constanza (datos en Martinson 1992) y utilizando -8.5ºC como tasa de lapso desde superficie (Orvis et al 1997) resulta en una temperatura media mensual que oscila entre ~4ºC (enero) y ~9ºC (junio-agosto-octubre).

Aproximadamente dos años después del último incendio en el lugar, la vegetación consistía en pequeños arbustos mezclados con hierba Danthonia dominguensis Hack & Pilger, hierbas dicotiledóneas y Rubus dominguensis, con esta última sumando cerca del 40% de las plantas medidas.

Después de Rubus, los arbustos más comunes en la vegetación post-fuego fueron Lyonia heptamera (Ericaceae, 19%), Myrica picardae (Myricaceae, 15%) y Myrsine coriaceae (Myrsinaceae, 11%). Todas estas especies mostraron grandes promedios (95-100%) de retoño basal y mantuvieron o incrementaron su densidad de vegetación pre-fuego por via de altos promedios de retoño y en algunos casos restablecimiento (colonizadores post-fuego). Baccharis myrsinites declinó en densidad debido a alta mortalidad en el fuego, con sólo 20% de los individuos retoñando y sólo un individuo colonizando desde el fuego. Todos los pinos perecieron a causa del incendio y ninguno colonizó luego el lugar. La regeneración de la vegetación en el lugar sugiere una dinámica consistente con el modelo florístico inicial de sucesión de plantas (Egler 1954).

Unos 24 meses despues del fuego la vegetación regenerada lucía muy parecida, sólo que más grande. La Baccharis myrsinites estaba mucho más pequeña que como había sido previo al incendio, pero únicamente el Pinus occidentalis parece haber sido totalmente eliminado de la zona de estudio. Estos descubrimientos originales cubren dos años de regeneración post-fuego; observación futura podría revelar cambios en la composición a causa de la recolonización.

Las tasas del nuevo crecimiento fueron ligeramente más altas en nuestra zona que en mayores elevaciones de páramos arbustivos de Costa Rica (Janzen 1973, Williamson et al. 1986, Horn 1989, 1998). Dos años luego del último fuego, el promedio de la altura de los tallos para el arbusto más alto (Garrya fadyenii, 102.0 cm) fue 125% del promedio de la especie leñosa más rápida en crecimiento (Chusquea subtessellatta, Hitchcock) medida por Janzen (1973), 3 años después de un incendio a una elevación de 3,300-3,400 metros en Cerro Asunción en el páramo de Buena Vista de Costa Rica. Los promedios más rápidos de recuperación de altura en nuestra zona pueden reflejar diferencias climáticas asociadas con su elevación menor y factores del suelo; la historia de disturbios puede también ser relevante.

Los páramos dominados por hierbas y arbustos como Campos de Altitud en las montañas del sur de Brasil parecen muy similares en características ambientales y vegetación a aquellos de nuestra zona de estudio, con dos géneros de arbustos comunes en ambas zonas: Baccharis y Myrsine. En Brasil ambos mostraron altos promedios (70-100%) de retoño basal post-fuego, excediendo los promedios de nuestra zona. El trabajo en las zonas brasileñas usado para comparación está mejor documentado que el nuestro.

Aunque quizás prematuramente, podríamos concluir que el fuego en las montañas dominicanas es un disturbio natural y la vegetación está probablemente de alguna manera adaptada. De todos modos, las políticas no informadas de supresión de fuego podrían resultar en frecuencias incendiarias disminuidas al punto de causar un impacto negativo en comunidades adaptadas al fuego, al tiempo que frecuencias de fuego acrecentadas a causa de incendios ocasionados por los humanos pueden amenazar especies endémicas adaptadas a intervalos mayores de incendios.

Las decisiones deben ser hechas basadas en información. Debemos pensar de nuevo para qué son las áreas protegidas. ¿Para qué propósito las creamos? ¿Queremos proteger las cuencas y los ecosistemas naturales? ¿Protegemos las especies de animales y plantas en peligro de extinción? ¿Quizás nuestros parques y reservas deberían ser manejados para proveer recreación? Cuando contestemos estas y otras preguntas, basados en investigación e información, entonces sabremos cómo manejar el fuego. Entonces, quizás, tendremos en el Manejo del Fuego una herramienta útil al servicio de la conservación.


Volver al índice