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Volumen 1, Número 4 Setiembre 2000 |
La plástica del siglo XX: Un legado de excelencia
por: Armando Alvarez Bravo/OB
En el estremecido mundo de entreguerras, sigue siendo el Picasso del Guernica, la gran figura, y se impone como influencia decisiva de los artistas del siglo. El español Joan Miró va decantando su obra excepcional, que alcanzará una suprema claridad, sentido de dicha y exaltación única de la inocencia. Esa pintura, evaporada en estrictas líneas y purísimas formas de color, contrasta con la de su compatriota, el genial tenebrista José Gutiérrez Solana, uno de los creadores mayores del siglo. Artistas como Paul Klee, participante de la extraordinaria experiencia académica-creativa del Bauhaus, persistirá en el desarrollo de la abstracción. Y en Estados Unidos, Arshile Gorky y Willem de Kooning enriquecerán con nuevos matices el estilo biomórfico.
El fin de la Segunda Guerra Mundial abre nuevas posibilidades al arte. Los grandes maestros siguen haciendo su obra. En ese impulso, se revive la tradición expresionista por el grupo Cobra, del que forman parte Asger Jorn y Karel Appel. El surrealismo continúa manteniendo su vigencia, y un recluso artista americano, Joseph Cornell, lo enriquece con sus extraordinarias cajas. Son esos años 40 el campo propicio para que se consolide una pintura tan espontánea como gestual. Esta cuenta en su desarrollo con una figura que con su manejo del intenso juego con el color serviría para sentar pautas a nuevos creadores, Hans Hoffman. En este ceñido inventario no puede dejar de mencionarse a Jean Dubuffet, que a partir de lo que llamó "l'art brut ha legado una obra magna en que lo primitivo y unas imágenes caladas de las fuerzas más profundas y elementales del inconsciente devienen una de las expresiones más acabadas de nuestra naturaleza y el latido del siglo.
Esencialmente americano, pero proyectado a la universalidad, adquiere en Estados Unidos una identidad propia el expresionismo abstracto, que conlleva en sus realizadores una final relación con cada pieza. Un singular vínculo que va más allá de control y la intención del artista. El crítico Harold Rosenberg definió al expresionismo abstracto diciendo que lo que iba a aparecer en el lienzo no era una imagen, sino un hecho. Entre los grandes maestros de este movimiento figuran Jackson Pollock, de Kooning y Franz Kline, los llamados action painters.
En las últimas décadas del siglo la ebullición creativa mantiene un impulso y diversidad incontenibles. El color y la simplicidad que un anciano Matisse llevó a sus máximoshasta su muerte en 1954, encuentran resonancia en la obra de los estadounidenses Mark Rothko y Barnett Newman. Alberto Giacometti impregnó sus cuadros y esculturas de su impresión del impacto de la figura en el espacio. El arremolinado Francis Bacon desentrañó, con sus alusiones en el lienzo, la forma humana, el lado oscuro de la condición humana.
El Pop Art
Una inmensa libertad y espíritu de riesgo y propuesta domina el quehacer de los creadores, tendencias y movimientos más recientes. Son los tiempos del Pop Art, que eleva la imagen no artística de lo cotidiano, lo esencialmente popular, a un definitivo nivel estético y lúdico que determina una nueva valoración de la realidad inmediata. Uno de sus grandes, el mítico Andy Warhol. Es este el momento en que un grupo de escultores en Estados Unidos e Inglaterra se vuelca sobre la investigación de las posibilidades de las formas mínimas y las fuerzas primarias, dando nacimiento al estricto minimalismo. De igual manera, cobra auge el arte conceptual, centrado en la supremacía de la idea. Es decir, un arte que se inscribe tanto en la teoría como en su formulación. Así, permite a los artistas ejecutar, a partir de una serie de especificaciones escritas, un arte tan ideal como imaginario que desafía todas las convenciones, e igualmente puede manifestarse a través de performances. El ya desaparecido Joseph Beuys es la máxima figura de este movimiento. Junto a estas manifestaciones, el Op Art, centrado en el movimiento, ejemplificado en la obra del venezolano Jesús Rafael Soto.
El retorno a la figuración
En ese contexto, desde los años 80 hay un retorno a la figuración, un verdadero resurgimiento de su práctica que destaca no sólo por la novedad y riqueza de su repertorio de imágenes, sino por un afán de hallar la suficiencia y trascendencia de una obra en la que es consubstancial y permanente de la tradición pictórica. El espectro de ese movimiento va desde el tratamiento consciente y fiel de la figura, hasta la temática de lo fantástico, y con frecuencia explora la vida contemporánea en todos sus aspectos, tanto los más deslumbrantes como los más sombríos y enigmáticos.
La escultura de nuestro siglo tiene vínculos claves con las vanguardias pictóricas. Esa relación se evidencia en el cubismo del ruso Alexander Archipenko, Picasso y su compatriota Pablo Gargallo. Dentro del surrealismo, es excepcional la obra de Giacometti. Entre los maestros escultores constructivistas, destacan Gabo y Pevsner; y como creador modélico del dadaísmo, el increíble Duchamp. No puede ignorar ese panorama a Brancusi, que transitó de la expresión geométrica a la estilización curvilínea. Por su parte, Alexander Calder inicia con sus encantados módulos la escultura cinética. Y monumental entre los grandes escultores del siglo, el británico Henry Moore, con su desafio y su fidelidad a lo arquetípico, que da insospechados valores al hueco y al volumen.
Un legado copioso y extraordinario
Copioso, diverso y extraordinario en sus propuestas y cualidades, el arte del siglo XX y sus protagonistas quedarán en la historia, la cultura y la sensibilidad, como exponentes excepcionales de la creatividad en un período de tiempo recorrido por los más tumultuosos e impensables acontecimientos.
De estos 100 años, herederos de una incalculable tradición y patrimonio artísticos milenarios, desde el desafío y hasta la negación de lo establecido en su excelencia a lo largo de un rico pasado, puede afirmarse que el arte ha conquistado una grandeza y reafirmación de esencias incalculables. Su legado de realidad magnífica en obra única y definitiva sólo puede compararse a las posibilidades que entrega a los creadores del nuevo siglo, al siempre. Es una dádiva y un desafío prácticamente imposibles de igualar.