A MI MADRE
¿De qué frágil mañana, desprendida,
me ceñiste a tu luz, blanca señora?
¿En vilo de qué nube voladora
vas por manos de arcángel sostenida?
Espejo fue de tu virtud erguida
esbelto lirio que el fulgor azora.
Tu luminoso amor, sueño y aurora,
encendió mi penumbra con tu vida.
Ya tu remota brisa y tu fragancia
llegan de nuevo a mí, la voz se atreve
a soñar con tu nombre. En la distancia
se aclara y crece tu presencia leve,
y tal como en los días de la infancia
tu amor me cuenta historias cuando llueve.
Jesús Reyes Ruiz