A UN LUCHADOR
¡Arriba, luchador! Aunque no tengas
un nombre esclarecido por la fama,
ni poseas los viejos pergaminos
que son orgullo de la aristocracia
no desfallezcas un instante: sigue
sin mirar hacia atrás tu heroica marcha
porque tienes, acaso sin saberlo,
la riqueza más magna,
los blasones más puros,
la más limpia prosapia
que cual timbres de honor el hombre puede
ostentar de la vida en la jornada.
La fuerza incontrastable de tu brazo
que del camino los escollos salva
ofreciendo a tu espíritu gigante
campo de promisión para sus ansias;
la fe en la obra del esfuerzo propio
sin esperar de nadie ni de nada,
con el solo bagaje de tus, sueños
y el tesoro sin par de tu constancia,
pero hay algo más grande
que en ti se agita y canta
acumulando nuevas energías
ante cada tropiezo; ¡la esperanza!
¡ Arriba, luchador! No descendiendo
de noble origen es mayor tu hazaña
porque sólo se elevan a las cumbres
los que tienen espíritu con alas
para ensayar su prodigioso vuelo
donde moran las águilas.
¡Arriba, luchador! Sigue, impasible
sin mirar hacia atrás tu heroica marcha.
Manuel Paquez (h)