DIOS Y EL HOMBRE
¡Cuán rebelde es el hombre y cuán ingrato!
Lo colmas de bondades y de bienes
y el te trata con harto desacato.
¡Cuán larga es la paciencia que le tienes!
¿Qué virtud hay en el y qué en el miras
que con tanta bondad y amor lo tratas?
¿Por qué no sueltas tus potentes iras,
lo conturbas, lo aterras y lo matas?
Yo sé por qué, buen Dios, tú no destruyes,
porque para algo grande lo formaste.
Tu eres bondad, amor y mansedumbre;
no puedes hacer mal -eres quien eres-
y aunque el hombre te cause pesadumbre,
tu lo engrandecerás porque lo quieres.
¡Gracias, buen Dios, por tu bondad sublime!
¡Gracias por tu paciencia incomprensible!
¡Gracias por ese amor que nos redime
y que ha hecho posible lo imposible!
Abraham Fernández