EDUCADOR
Cada niño es un blando viajero
por el camino de la vida amarga,
y tú un lucero, nítido lucero
que le bruñes con luz la senda larga...
Sí, lucero de amor, radiante lirio,
o flor de Dios en su cielito oscuro,
junto a su luna de infantil delirio
dirigiendo su marcha hacia el futuro.
Siempre por él luchando caviloso,
siempre temblando en su inocente entraña,
¡padre, padre escolar, tan luminoso
como el lucero de la gran montaña!
Yo sé que no comprendo lo que digo,
que nada alcanzo de lo que tú vales;
pero sé que eres luz, que tu luz sigo
y que sin ella no tendrá ideales...
Yo no sé lo que al fin te canto,
aunque tu empeño mi niñez anida,
pero sé que en mi cielo sacrosanto
vas velando el destino de mi vida.
Siempre por mí luchando caviloso,
tú siempre en mí, como mi propio
padre, ¡padre escolar, tan luminoso
como el lucero de la gran montaña!
Autor anónimo