EL DOLOR DE CRISTO

Se burlaba la turba. Te veía 
clavado en una cruz escarnecida 
y no sufrías ni por esa herida 
que la lanza inhumana te infería.

Cuando tu sed intensa requería 
agua y piedad, la turba desmedida 
te dio el vinagre de su horror deicida, 
mas otro era el dolor que te dolía.

Tu sufrías, Señor, más honda pena:
era el dolor del hombre el que se alzaba 
para hacer rebosar tu copa llena.

¡El alma humana enferma, te abrumaba
a ti, que siempre la quisiste buena,
y por ella, Señor, tu amor lloraba!

Braulio Pérez Marcio