HACIA JESÚS
Señor, voy hacia ti: yo soy tu oveja
que entre las zarzas se quedó perdida;
mira, Señor, la sangre de mi herida,
oye, Señor, de mi dolor la queja.
Cuando tu mano de Pastor nos deja,
cuán amarga y cruel es nuestra vida,
y cómo llora el ánima afligida
cuando el rebaño del amor se aleja.
¡Pobre alma que cruzó valles y montes,
y dejó en los brumosos horizontes
sus ideales y sus ritos muertos!
Hoy mueve a ti sus miembros fatigados...
Si están tus brazos para el mal cerrados,
en cambio están para el perdón abiertos.