LA MADRE

Su amor es como un ángel que nos cuida 
mientras rondan los males en asecho; 
¡con todos los cariños de la vida
su cariño está hecho!

La bondad de sus ojos resplandece 
como rayo de sol o luz de luna, 
y es tanta esa bondad que no hay ninguna
palabra que la exprese.

Atenta siempre a los menores ruidos, 
en la alta noche, sin posar la frente, 
suele velar callada y largamente
por sus hijos dormidos...

Y aunque pase la noche desvelada, 
trabajará durante todo el día 
sin descanso, sin tregua... ¿Se diría
que nunca está cansada!

Y así en los menesteres más prolijos 
no descansan sus manos un momento; 
ni un segundo fugaz su pensamiento
se aparta de los hijos.

¿Cómo recompensar este desvelo? 
¿Cómo expresar la gratitud debida 
por ese amor que pone en nuestra vida
toda la luz del cielo?

Para ello la palabra es pobre y fría, 
pero en cambio la acción es justa y bella; 
¡nuestra madre nos pide que por ella 
nos hagamos más buenos cada día!

Guillermo Saraví