LAS MANOS DE JESÚS
Las manos de Jesús eran tan puras
cual las albas y frescas azucenas,
eran aquellas manos rosas buenas
que ofrendaron al mundo sus alburas.
Manos llenas de amor y de ternuras
que supieron de llagas y de penas;
manos hechas de lirio, manos llenas
de celestes y suaves hermosuras.
Manos de palidez de nardo y lirio
que vieron el estigma del martirio
sobre la augusta frente de Jesús;
manos inmaculadas y divinas,
amigas de las llagas purpurinas,
manos que difundieron sólo luz.
Juan Casiano Olmeda