LOS CASTILLOS DE HUMO

Pobre mortal, despierta y no te olvides 
que polvo serás y polvo has sido. 
Otros sembraron lo que tú has cogido, 
y otros también vendimiarán tus vides.

¿Qué has hecho de tu vida? 
Di, ¿qué has hecho? 
Levantar a los vientos, a lo sumo, 
castillos que en los vientos se han desecho 
como estériles ráfagas de humo.

De tu existir no quedará una fecha 
que memorar...; tu vida ha sido yana... 
Si has arado en las aguas, ¿qué cosecha 
a los que vengan brindarás mañana?

Todo al tiempo inmortal rinde tributo:
degenerar es ley de nuestra vida, 
¿cómo quieres que el árbol dé buen fruto 
si la vieja raíz está podrida?

Será vano el afán y tu desvelo 
por descubrir lo que el misterio encierra. 
Los oídos pegados a la tierra, 
¡jamás oirán las músicas del cielo!

Inútilmente laboró tu orgullo, 
cual gusano de seda que trabaja 
en hilar las urdimbres del capullo 
que servirá a tu cuerpo de mortaja.

Nada, mortal: del porvenir comprende 
tu razón que a tu carne vive unida. 
¿Quién principio final hallar pretende 
al círculo infinito de la vida?

En vano indagarás... En vano, en vano 
tu mísera y voluble inteligencia 
buscará en el breñal de la existencia 
las llaves invisibles del arcano.

¡Oh gusano de luz entre las ruinas! 
Jamás descubrirás la clave ansiada 
del principio y el fin de tu jornada, 
que Dios comienza donde tú terminas.

Francisco Villaespesa