¡MADRE!
¡MADRE! grita mi alma...
y sólo me responde el eco del recuerdo...
Cuando niño, fuiste dulzura, suavidad, cariño;
eras el único lugar donde encontraba abrigo.
Si la lluvia es bendición para que las semillas
puestas en la tierra despierten a la vida... Tú eras mi lluvia.
Cuando joven, fuiste inspiración, sacrificio, abnegación;
cifrabas tus ilusiones en nosotros.
Si la primavera es la estación del esplendor
de la naturaleza... Tú eras mi primavera.
Cuando adulto, fuiste paz, resignación, bondad;
inquietabas tus días por saber de tus hijos.
Si las estrellas forman parte de la armonía
del cielo... Tu eras mi estrella.
Hoy te busco por ser tu día. Quiero entregarte mi ofrenda.
¡Necio de mi! ya no te tengo... No comprendí a tiempo
que todos mis momentos eran tuyos.
¿Acaso tuviste algún instante que no fuera de tus hijos?
Te apagaste pronunciando el nombre de ellos;
las únicas palabras que cabían en tu pecho.
¡MADRE! grita mi alma...
y sólo me responde tu perdón en el eco del silencio...
José Emilio Dalotto