NO LA ORLA SINO LA FE

Procuraba acercarme al Maestro 
cuando Jairo, en su angustia y dolor 
reclamaba la ayuda de Cristo, 
y una gran multitud me estorbó.

Del divino Doctor yo había oído 
que curaba cual nadie curó, 
que la vista a los ciegos volvía 
y, además, que les daba el perdón.

¡Si pudiera tocar yo la orla 
del vestido del Gran Sanador, 
para siempre mis males huirían, 
como ahuyenta las sombras el sol!

Esforcéme y toqué los vestidos 
del mil veces bendito Doctor, 
y... dejóme por siempre curada 
la virtud que de Cristo salió.

Y, al oír que Jesús me decía 
con acento de paz y de amor:
"Ya tu fe te ha sanado, hija mía", 
una santa emoción me embargó.

Mas no fue de Jesús el vestido 
que efectuó tan feliz curación; 
fue la fe la que obró tal milagro, 
pues Jesús tal verdad pronunció.

Abraham Fernández