OFRENDA
Toma, Señor, la copa que pusiste
entre mis manos, te la ofrendo llena
con el ardiente vino de la pena
de mi existencia atormentada y triste.
A ti, Rey del dolor, que recibiste
con sudores de sangre tu condena
y con divina majestad serena
la muerte y las afrentas padeciste,
hoy te brindo mi cáliz de tormento...;
pero al alzarlo entre las manos, siento
la sangre transformada en rojas flores;
y en los áureos jardines de la gloria
serán fragantes rosas de victoria
las lágrimas de hiel de mis dolores.
Concha de Maxó