SEÑOR, YO NO DESEO.

Señor, yo no deseo 
tus misterios penetrar; 
yo tu Omnipotencia veo 
y en tu Omnipotencia creo. 
Nada quiero preguntar.

Si tanto amor nos tuviste, 
siendo la eterna razón, 
Señor, consuelo del triste, 
dame la luz que encendiste 
en la santa Redención.

Dirígeme, sé mi guía 
en la densa oscuridad; 
ilumina el alma mía 
y una chispa a ella envía 
del sol de la Eternidad.

Autor Anónimo