SONETO A JESÚS
Gajo de pena en su árbol suspendido,
sueño del Padre en llaga transformado,
en el dolor amor transubstanciado,
Dios a la arcilla, que padece, uncido.
Perdón que mana el pecho del Ungido,
ruego que muere en grito estrangulado;
más la herida del costado
cerca del odio y del humano olvido.
Espiga luego en virginal regazo,
flor de cera letal, yacente ocaso,
hostia en cáliz de angustia reclinada;
y en la tarde, telón de la elegía,
presencia a un mismo tiempo y lejanía,
El, que lo es Todo, en apariencia, nada!
Emilio Rico