VIDA
Vivir a pleno espíritu. Vivir sin cobardías;
lanzados los ideales con las alas al viento.
Marchar mirando al cielo, sin desfallecimiento,
con alma valerosa, templada de hidalguías.
Y el corazón en alto, como en brindis divino,
ebrio de amor por todo: los hombres y las cosas,
y floreciendo encima del mal, como las rosas
que coronan de gloria los tallos del espino.
Buscar en las alturas nuestro invencible fuerte,
crecer, agigantarse de cumbres interiores
para mirar desde ellas pequeños los rencores
y la traición y el odio y el dolor y la muerte.
Vivir, vivir a fondo. Desentrañar del suelo
la pureza infinita del manantial ignoto,
que hay savia en cada fango para una flor de loto
y hay luna en cada charco, cuando hay luna en el cielo.
Vivir no es tener vida, sino darla en belleza,
brindarla a la cruzada de un ideal bendito,
ofrecerla en un gesto supremo de infinito
para todo heroísmo, para toda grandeza.
Vivir intensamente, sin dudas ni recelos
la libertad excelsa de las almas serenas,
rompiendo el servilismo de todas las cadenas,
con las alas del alma tendidas a los cielos.
Clara Saravia Martínez