La música, especialmente la de Mozart, incrementa la inteligencia y
restablece la salud
MUSICOTERAPIA, SALUD CON BUENA NOTA
Por Carlos Mateos
Desde que el hombre se las ingenió
con un tronco hueco de árbol para componer el primer ritmo, no ha habido un
sentimiento que no haya sabido transmitir gracias a la música. Con ella ha
incitado al amor, al miedo, a la oración y a la guerra. La música mueve
montañas, pero sobre todo, mueve a los hombres. Puede derribar muros como los
de Jericó en la Biblia, o transportarnos a otros estados de consciencia. No hay
nada que se le resista. Ni siquiera la enfermedad.
Todos hemos dicho en alguna ocasión
que tal o cual música “nos hace vibrar”. Lo que no sabemos, o quizá ya lo
intuyamos, es que es cierto. Cada uno de nuestros órganos vibra a una
frecuencia determinada. Si un órgano recibe un sonido con su misma frecuencia,
encuentra una respuesta, una resonancia que según los musicoterapéutas puede
representar la diferencia entre la salud y la enfermedad.
La relación entre la materia
orgánica y la música depende de dos factores básicos: la velocidad de transmisión
del sonido en el órgano y el tamaño del mismo, que nos proporcionan la
frecuencia (en Hertzios) en que interactúan. Muchas de estas velocidades ya son
conocidas, por lo que se puede deducir el sonido con el que resuena cada
órgano. Esto, que parece el resultado de sofisticadas técnicas diagnósticas, es
algo que ya conocían egipcios y griegos, que tuvieron en cuenta la escala
proporcional de resonancias para construir el interior de pirámides y templos.
Aunque apenas ya nadie construye teniendo en cuenta que la reverberación del
sonido en una estancia sea armónico con quienes la habitan, los estudiosos han
podido recuperar una tabla con esas claves matemáticas, las que definen las
resonancias entre sonido y materia. Es el llamado diagrama Lambdoma, que puede
ayudarnos, según los expertos, a aprovechar la música para recuperar la salud.
Música,
matemáticas y salud son tres terrenos que a simple vista parecen alejados, pero
que tienen mucho en común, aunque ya hayamos olvidado a Pitágoras: “existe geometría
en el tañir de las cuerdas y existe música en el espacio de las esferas”. El
filósofo y matemático griego estaba convencido de que la música podía
proporcionar armonía en nuestros pensamientos y funciones biológicas.
Recientes
investigaciones así lo han confirmado en una amplia variedad de patologías. En
un estudio realizado por la Escuela de Enfermería Universidad de Wisconsin, en
Estados Unidos, con pacientes que habían sufrido un infarto, se demostró que la
música relajante producía una reducción en las palpitaciones, en la frecuencia
respiratoria y en la necesidad de oxígeno en el corazón.
Sin embargo,
los investigadores en musicoterapia han intentado ir más allá y encontrar las
músicas más adecuadas para la salud y el mayor número de aplicaciones posibles.
En este sentido, el pasado mes de agosto se publicó un estudio en la revista Anaesthesia en
el que se comprobaba que la necesidad de fármacos en una anestesia era menor en
pacientes a los que se les ponía música en la operación, y más aún si esa
música estaba sincronizada con sus hemisferios cerebrales (música relajante).
Música New Age
Este tipo de
música no es difícil encontrarla en composiciones New
Age o Nueva Era. De hecho,
existen productoras como The Bioinformation Study, que se han especializado en la
musicoterapia y no dudan en recurrir a los conocimientos de la hipnosis para
conseguir una completa sintonización con quienes escuchan sus melodías. Esta
compañía añade a las grabaciones una frecuencia alfa subliminal que es la más
baja, la anterior al sueño. Según aseguran en sus propios discos esa frecuencia
es la más relajante porque solo puede escucharla el subconsciente.
De manera subconsciente o no, la
música se ha revelado como un instrumento eficaz para ejercer un efecto beneficioso
en la mente, estimulando la conexión neuronal o la secreción de sustancias
analgésicas, como las endorfinas, entre otros. No es extraño, pues, que la
música sea utilizada con ancianos con trastornos neurológicos o motores, como
el Alzheimer –la Fundación La Caixa está llevando a cabo una investigación al
respecto- o el Parkinson; en personas violentas, con disminuidos sensoriales o
niños con dificultades de comunicación. Gracias a la música se ha conseguido
que jóvenes autistas pudieran mostrar emociones y se comunicaran con los demás.
En Israel se ha conseguido algo que parecía imposible: perfectas
sincronizaciones con los demás, gracias a una orquesta formada por niños
autistas.
“A los niños que no hablan se les
somete a técnicas de regresión, donde se les trabaja con nanas”, asegura el
músicoterapeuta Txinto Sánchez. Las modernas técnicas de grabación permiten a
muchos terapeutas utilizar de manera terapéutica la voz y el latido cardiaco de
la madre, como se percibe a través del medio acuoso de la placenta.
Y es que la voz de la madre que
oímos en el útero se queda grabada en algún lugar de la mente. Boris Brott,
director de la Orquesta Filarmónica de Ontario, estuvo atrapado durante años
por un enigma: ¿por qué algunas composiciones podía tocarlas de oído sin
ninguna dificultad y había otra en las que tenía que trabajar intensamente? Una
conversación con su madre le hizo ver que eran precisamente las piezas
“fáciles” las que su madre oía cuando estaba embarazada de él.
El oído es el primer órgano que se
desarrolla en el embrión humano. En 18 semanas empieza a funcionar y a las 24
ya puede escuchar completamente. El ritmo cardíaco, la respiración, el
movimiento abdominal son sonidos familiares para un feto a punto de nacer. Como
lo es la voz de su madre, las canciones que ésta escucha, su risa o su llanto.
Al nacer no se pierde esta información, sino que permanece en un rincón del
subconsciente y, según los expertos, es la que puede arrastrarnos hacia
traumas, conflictos emocionales sin resolver, dificultades en la comunicación,
ya sea con nuestra madre o con los demás. También puede ayudarnos a abrir
nuestra mente.
Los investigadores han demostrado
que los futuros bebés no solo reconocen las composiciones musicales, sino que
manifiestan claramente sus preferencias con el pataleo o la relajación. Gracias
a las ecografías realizadas durante la audición de diversas músicas se ha
podido comprobar que los compositores preferidos por los fetos son Mozart y
Vivaldi, tanto en las primeras como en las últimas semanas de gestación. Su
ritmo cardíaco y se estabilizaba al escucharlos y permanecían plácidamente en
el útero materno. En cambio, con independencia de los gustos de las madres, el
rock molestaba a la mayoría de ellos, que no dudaban en manifestar su rechazo
con el pataleo.
Sin embargo, de toda la evidencia
científica acumulada sobre la musicoterapia destacan los resultados de la
música un compositor sobre los demás: Wolfgang Amadeus Mozart. Y es que el
genial compositor no sólo era un ser con una inteligencia excepcional, sino que
su música también tiene, según todos los indicios, la capacidad de incrementar
nuestras funciones mentales y mejorar la salud. Es el llamado efecto Mozart.
Cuando aún estaba en el útero
materno Mozart debió escuchar infinidad de veces las composiciones
interpretadas por su padre o canturreadas por su madre. Este aprendizaje
musical desde antes de nacer determinó, a juicio de unos investigadores de la
Universidad de California, su precocidad y que utilizara en sus composiciones
“el repertorio innato de actividades espacio-temporales de la corteza
cerebral”. De alguna manera pensaron que en su obra podían estar las claves
para sintonizar con las funciones congnitivas de la mente y decidieron
experimentar con ella.
En el Centro de Neurobiología,
Aprendizaje y Memoria de la Universidad de California encontraron que después
de que unos estudiantes de psicología escucharan durante diez o quince minutos
la Sonata para dos pianos en do mayor de Mozart las puntuaciones de los
tests de inteligencia espacial aumentaban entre 8 y 9 puntos. Los resultados
fueron significativos, aunque, por supuesto, no permanentes (duraban 15
minutos).
La capacidad de la música de Mozart
para moldear la inteligencia es aún mayor en la infancia. Similares
experimentos a los realizados en adultos fueron llevados a cabo con niños en
edad preesscolar. Su mejoría en la realización de tareas espaciales y
temporales fue, según los autores de los mismos, “espectacular”, y a diferencia
de los adultos, los resultados se mantuvieron durante un día entero. Estos
experimentos animaron a muchas unidades de neonatología a utilizar la música de
Mozart con los recién nacidos y diversas compañías discográficas lanzaron
discos con obras del compositor austríaco destinados a mujeres embarazadas.
Aunque los musicólogos tratan de
dilucidar; entre ritmos, tonos y frecuencias; el porqué Mozart, lo cierto es
que en muchas partes han decidido experimentar por sí mismos los resultados. Y
al parecer no les ha ido mal. La persona que acuñó el término efecto Mozart,
Don Campbell, recoge en su libro del mismo nombre, multitud de ejemplos al
respecto. Los funcionarios del departamento de Inmigración del estado de
Washington ponen música barroca y de Mozart durante las clases a los nuevos
inmigrantes de países asiáticos porque aseguran que acelera su aprendizaje. En
la ciudad de Edmonton, en Canadá, tocan cuartetos de cuerda en las plazas para
tranquilizar a los peatones y como consecuencia, ha bajado el tráfico de
drogas.
Este efecto no solo se produce sobre
las personas. La fábrica de sake Ohara, en el norte de Japón, se vanagloria de
fabricar el mejor sake del mundo, un atributo que se mide por la densidad de la
levadura de fermentación. El secreto de su éxito no es otro que la música de
Mozart, que consigue una densidad diez veces mayor. En los monasterios de
Bretaña, los monjes han descubierto que las vacas que oyen las obras de Mozart
dan más leche. Otros estudios, esta vez con vacas suizas y holandesas, asegura
que es la música de Bach.
Ni la música de Mozart ni la de
ningún otro compositor son una panacea universal para todo tipo de dolencias y
de personalidades. Según Cheryl Maranto, presidenta de la Federación Mundial de
Musicoterapia, “cada uno de nosotros tiene una historia musical. Lo que hace el
terapeuta es tratar de conseguir una tasación de esa historia mediante la
escucha musical o incluso la interpretación”.
Es lo que hace Txinto Sánchez con
sus pacientes, a los que requiere una colaboración activa. No cree que todo
acabe en escuchar unas cintas, pero a petición de AÑO CERO se atreve a hacer
unas recomendaciones generales para cada estado de ánimo.
-
Estrés: Sonidos naturales que no se tiene ocasión de escucharlos en la
ciudad. Es importante, según Txinto, que “no vayan acompañados de música”,
aunque si no queda más remedio, que sea suave.
-
Tristeza: Música “marchosa”: folk, pop, rock “que incite a moverse”, ya
que eleva la autoestima, el ánimo. También sube la tensión.
Y para estados mentales más graves:
-
Síndrome de Down: Música de baile. “les encanta y les ayuda a
desarrollarse, a relacionarse con sus compañeros”.
-
Enfermos mentales profundos: Músicas tranquilas con movimiento:
adaggios, movimientos, “que ayude a moverse”. En estos casos es también muy
importante la participación de las familias. “Algunos no se pueden mover, y la
madre les coge de la mano y se mueve con el ritmo”. Según Txinto, se trabaja
con el nivel físico, articular, y el de la comunicación.
-
Demencia senil: Música de cuando eran jóvenes, para estimular sus
recuerdos.
Hay música hasta para realizar
ejercicio. De acuerdo con un estudio de la Universidad de Tenesse (Estados
Unidos), las personas que practican footing todos los días mientras
escuchan música a través de unos casos aumentan la efectividad y duración del
ejercicio.
Cheryl Maranto participa este mes en
Washington (NOVIEMBRE) en el mayor congreso de musicoterapia de la
historia, el de la Asociación Americana, del que sus únicos idiomas oficiales
son, por cierto, el inglés y el español.
Estados Unidos es el país donde más
se ha desarrollado la musicoterapia. Cuenta con más de cuatro mil terapeutas y
setenta universidades que ofrecen cursos, aunque la mayoría no están destinados
a médicos sino a profesores. En España algunas universidades han empezado a
incluir cursos de postgrado en las carreras de medicina, como la Universidad
Jaume l, de Valencia, y Alcalá de Henares, en Madrid. El coordinador de este
último curso, Mariano Betés, asegura que la música es un estímulo que actúa en
diversos niveles. “El ritmo actúa sobre el movimiento, la melodía sobre el
campo afectivo, la armonía sobre el intelecto”. Es por ello por lo que pide que
la música esté presente en los hospitales.
MÁS INFORMACIÓN
-
El Efecto Mozart. Don Campbell. Editorial Urano. 1999
CDs para embarazadas:
-
Music for mother & Baby. 2750 ptas.
-
Abran Paso al Bebé. Serie de videos y cintas de audio
que se piden por correo electrónico y que cuestan a partir de 13 dólares.
-
Mozart for Mothers-to-be- Música de Mozart para futuras
madres. 13 $.
-
Smart Synphonies. Editado por Mead Johnsons
Nutritionals. Los CDs son regalados en los hospitales a las nuevas madres.
Incluye la octava sinfonía de Beethoven, el Opus 93, el preludio de Bach y el
concierto para dos pianos y orquesta de Mozart.
Música relajante:
-
A different share. Nightnoise. Sonidos de la Naturaleza
-
The message of Health. Editado por The Bioinformation
Study.
-
Mantras from Tibet. 2750 ptas.
Musicoterapeuta:
-
Txinto Sánchez. 943 47 46 40 (San Sebastián)