Los animales de compañía pueden ayudarnos a superar enfermedades y
problemas emocionales
Vanessa es una niña que aparentemente no se
diferencia del resto de chicos de su edad. No tiene ningún defecto físico y su
inteligencia es normal. Sin embargo, Vanessa no juega con los otros niños.
Tampoco habla con nadie ni permite que se acerquen a ella. Si siente alegría o
tristeza nadie, salvo quizá ella misma, es capaz de apreciarlo. A los pocos
meses de nacer le diagnosticaron su autismo. Todas sus emociones se esconden
tras un muro de indiferencia e incomunicación. Para Vanessa, todo cuanto del
mundo le interesa se encuentra en su interior. Al menos eso era hasta conocer a
Jacky, una perrita a la que ha permitido entrar en un universo hasta ahorra
cerrado al exterior.
Al principio, Vanessa recelaba del animal, tenía
miedo de que le hiciera daño, se alejaba de él. Pero la actitud juguetona y
cariñosa del animal acabó por hacer mella en la barrera que la niña había
construido. Por fin un día acabó por aceptar su compañía, sus lamidos, sus
olisqueos, sus carreras. Poco a poco le fue haciendo un hueco en su vida, y hoy
son inseparables. La franqueza y constancia del animal han permitido que por
primera vez en su vida, Vanessa acaricie a alguien, se preocupe por él. Le
pasea, le da de comer y hasta juegan juntos. Los psicólogos que le atienden
esperan que Vanessa acabe por aceptar también a otras personas.
El caso de Vanessa es uno más de los muchos a los
que la compañía de un animal les ha ayudado a superar su timidez, manías,
fobias y depresiones. Ancianos, niños autistas, personas deprimidas, y víctimas
del estrés, son algunos de los sujetos que pueden beneficiarse de la
“animalterapia”. Recientes estudios publicados por la Fundación Purina afirman
que los animales domésticos reducen el estrés de los humanos. El simple hecho
de acariciar un animal de compañía provoca una relajación fisiológica. Como
consecuencia de ello, se reducen los índices de presión arterial y las
pulsaciones del corazón. La comunicación, el juego, el cuidado, estimulan las
neuronas y mejoran la autoestima. Es un hecho constatado que cuando fallece uno
de los miembros de una pareja de ancianos, el otro tiene altas posibilidades de
fallecer al poco tiempo. La soledad y la depresión reducen las defensas
naturales del organismo del mismo modo que la alegría y el cariño las aumentan.
La residencia de ancianos Parc Serentill, en
Badalona, atiende a 56 ancianos a tiempo completo y 25 durante el día. Desde el
año pasado, los ancianos conviven con tres pájaros, un gato y una pareja de
perros. Según la directora, Laura Anzizu, “la interacción emocional de los
residentes con los perros redunda en la mejora de su autoestima. La presencia
de los animales provoca risas y sonrisas, ruido agradable, alegría”, algo que
no suele ser frecuente en una residencia geriátrica.
Pero los perros no solo han repercutido en el estado
emocional de los ancianos sino también en su salud, como apunta Laura Anzizu:
“el tiempo de ocio es más activo gracias a la actividad que reclaman los
animales. El grado de movilidad de los ancianos ha aumentado gracias a esta
demanda, lo que supone una incipiente mejora en su estado físico”. Diversas
investigaciones han revelado que la compañía de animales conecta a los ancianos
con pasadas experiencias, estimulando su conversación y memoria. Por ello, está
especialmente indicada para enfermos de Alzheimer y demencia senil.
Muchos de estos animales que han cambiado las
rutinas en residencias de ancianos y centros de adaptación de niños disminuidos
o autistas han sido donados por la Fundación Purina, que desde hace años
apuesta por la integración de mascotas y personas como medio de superar
dificultades físicas y mentales. “Se ha comprobado que la proximidad de
cualquier animal es beneficiosa, hasta la presencia de peces en un acuario
relaja”, asegura Maria Dolors Torner, gerente de la Fundación Purina, que cada
año organiza el congreso internacional “Animales de compañía, fuente de salud”.
Precisamente en uno de estos congresos se presentó
un estudio que demostraba que aquellos pacientes que contemplaban un acuario
durante una extracción dental sufrían menos ansiedad y dolor. Otro estudio,
realizado en Estados Unidos, señaló que la probabilidad de supervivencia en los
pacientes hospitalizados por infarto de miocardio o anginas de pecho grave
aumentaba. Del grupo de 53 personas que tenía animales de compañía, sólo
murieron 3. En el grupo de 28 sin animales, murieron 11.
Perros y gatos son los animales con los que más se
han experimentado los beneficios de la “animalterapia”, pero no son los únicos.
Desde hace tiempo se realizan encuentros terapéuticos con delfines en adultos y
niños, de los que se destaca su inteligencia y su capacidad comunicadora. Y ya
existe una nueva disciplina terapéutica, la hipoterapia, la practicada con
caballos. El Poni Club La Moraleja, en Madrid, ha estado organizando clases de
manera altruista para niños o adultos con deficiencias. El programa fue
suspendido por la falta de interés de los padres, pero en la Asociación para el
síndrome de Down tienen claro los beneficios para los chavales: perdieron el
miedo a los animales y ganaron confianza en sí mismos.
En los últimos años, han sido muchos los centros
españoles que han habilitado lugares para que niños con dificultades puedan
practicar la equitación. Es lo que, desde 1994, realiza la Institució Balmes,
en Sant Boi de Llobregat con alumnos con trastornos mentales o psíquicos muy
graves, como destaca Montse Álvarez: “no interesan tanto los aspectos deportivos
como la vertiente terapéutica, aprovechando las capacidades emocionales y
comunicativas como las características físicas y de movimiento del caballo para
ejercer influencias positivas, tanto en motricidad y capacidad sensorial y
perceptiva como en los aspectos psicosociales de nuestros alumnos”.
Los centros españoles de hipoterapia siguen la
estela de sus correligionarios americanos, donde se practica la terapia con
caballos en personas afectadas de autismo, deficiencias auditivas y visuales, desequilibrios
emocionales, discapacidades físicas con amputaciones, distrofias musculares,
esclerosis múltiple, espina bífida, lesiones cerebrales y medulares, parálisis
cerebral, problemas de aprendizaje, síndrome de Down y trastornos psiquiátricos
de tipo residual.
A partir de estas experiencias, en muchos hospitales
se han planteado la posibilidad de permitir la entrada de animales, para
favorecer la recuperación de los enfermos. Ya se ha permitido en cárceles y
unidades psiquiátricas, pero las normativas en la Unión Europea son tajantes al
respecto, la presencia de animales puede conllevar el contagio de parásitos y
por tanto, está prohibida.
No opinan lo mismo en Estados Unidos y Canadá, donde
es fácil encontrar en las habitaciones de los enfermos, hamsters, tortugas,
perros y gatos. Algunos centros han llegado incluso a disponer de animales en
propiedad, que prestan por unas horas a los pacientes.
Para más
información:
- Animales de
compañía, fuente de salud. Fondo editorial de la Fundación Purina. Barcelona.
1997
- Fundación
Purina: 932 532608