Aterrizando el Ateísmo Marcelo J. Martínez Por causas que no trataremos ahora, el fin de milenio viene siendo acompañado por una serie de readecuaciones y actualizaciones en las diferentes religiones que dominan a la humanidad. En la competencia por ganar o, mas bien, por no perder adeptos, algunas religiones, al mejor estilo de las grandes corporaciones comerciales disputándose a los consumidores de sus bienes y servicios, han adoptado una gran gama de estrategias novedosas; de las cuales hay una que llama mucho la atención, por aparecer ante el público -ávido de fetiches- como la solución definitiva y fácil a todos los problemas, sin afectar ni las creencias religiosas ni los conocimientos científicos acumulados hasta el momento, elementos que habían vivido en un continuo e irreconciliable batallar. En efecto, la mayoría de las sectas religiosas, especialmente las que dominan en la parte occidental del planeta, han adoptado un mecanismo mucho más eficiente para la venta de sus servicios espirituales. Atrás ha quedado la lucha abierta contra la ciencia, pues, esta ha avanzado tanto y ha permitido un mejoramiento tal del nivel de vida de las personas, que seguir en el intento de vencerla de frente, a la vista de todos los creyentes, sus beneficiarios directos, sería el peor de los errores. Atrás quedaron las cruzadas, la inquisición, etc. Ahora se deben utilizar métodos más sutiles; se ofrecen respuestas a los problemas cotidianos del hombre moderno, en su mayoría causados por la soledad a que lleva el orden social capitalista, pero, obviamente, desde la perspectiva religiosa. Para esto se hace uso selectivo, parcializado, de algunos descubrimientos científicos. Se disfraza toda esa parafernalia religiosa con atuendos confeccionados de retazos de ciencia, de pseudociencia. De esta manera, ante la vista desprevenida del hombre común -a quien por medio de los aparatos ideológicos le han extraido cualquier indicio de pensamiento crítico- las sectas religiosas toman la forma de los depositarios supremos de la gracia divina y, supuestamente, sin ir en contra del acumulado del conocimiento científico dan respuesta a todos, absolutamente a todos los problemas habidos y por haber. Sin embargo, en lo profundo, en la esencia la contradicción fe-razón, religión-ciencia sigue pendiente y se manifiesta, precisamente, a través de esos diversos fenómenos problemáticos que la religión promete solucionar, tales como: la persistencia de la extrema pobreza material y cultural en medio de la abundancia, el aumento descomunal del consumo y producción de alucinógenos que mata un gran potencial de especie humana, la violencia que campea por cada vez mas lugares del planeta, sin hacer caso de las rogativas, declaraciones y misas, etc. Por lo anterior; porque muchos de los problemas de nuestra especie no encuentran solución, gracias al predominio de la fe ciega que difunden las religiones de todos los tipos, gracias al aniquilamiento del potencial creativo de los humanos, provocado por la creencia en seres sobrenaturales que todo lo determinan; es que el ateismo científico -el humanismo llevado a su máxima expresión- merece ser difundido en todos los campos de la vida social. Pero para que esta difusión tenga éxito requiere, entre otros elementos, de unos mecanismos adecuados. La respuesta a los problemas cotidianos del hombre moderno, del hombre del capitalismo sin fronteras, pero desde una perspectiva atea, es un mecanismo que debemos los ateos probar en la labor de difusión de nuestras tesis. De esta manera descenderíamos el ateismo desde las nubes academicistas a la realidad de la sociedad en que vivimos. Marcelo J. Martínez |
Aterrizando el Ateísmo Marcelo J. Martínez Por causas que no trataremos ahora, el fin de milenio viene siendo acompañado por una serie de readecuaciones y actualizaciones en las diferentes religiones que dominan a la humanidad. En la competencia por ganar o, mas bien, por no perder adeptos, algunas religiones, al mejor estilo de las grandes corporaciones comerciales disputándose a los consumidores de sus bienes y servicios, han adoptado una gran gama de estrategias novedosas; de las cuales hay una que llama mucho la atención, por aparecer ante el público -ávido de fetiches- como la solución definitiva y fácil a todos los problemas, sin afectar ni las creencias religiosas ni los conocimientos científicos acumulados hasta el momento, elementos que habían vivido en un continuo e irreconciliable batallar. En efecto, la mayoría de las sectas religiosas, especialmente las que dominan en la parte occidental del planeta, han adoptado un mecanismo mucho más eficiente para la venta de sus servicios espirituales. Atrás ha quedado la lucha abierta contra la ciencia, pues, esta ha avanzado tanto y ha permitido un mejoramiento tal del nivel de vida de las personas, que seguir en el intento de vencerla de frente, a la vista de todos los creyentes, sus beneficiarios directos, sería el peor de los errores. Atrás quedaron las cruzadas, la inquisición, etc. Ahora se deben utilizar métodos más sutiles; se ofrecen respuestas a los problemas cotidianos del hombre moderno, en su mayoría causados por la soledad a que lleva el orden social capitalista, pero, obviamente, desde la perspectiva religiosa. Para esto se hace uso selectivo, parcializado, de algunos descubrimientos científicos. Se disfraza toda esa parafernalia religiosa con atuendos confeccionados de retazos de ciencia, de pseudociencia. De esta manera, ante la vista desprevenida del hombre común -a quien por medio de los aparatos ideológicos le han extraido cualquier indicio de pensamiento crítico- las sectas religiosas toman la forma de los depositarios supremos de la gracia divina y, supuestamente, sin ir en contra del acumulado del conocimiento científico dan respuesta a todos, absolutamente a todos los problemas habidos y por haber. Sin embargo, en lo profundo, en la esencia la contradicción fe-razón, religión-ciencia sigue pendiente y se manifiesta, precisamente, a través de esos diversos fenómenos problemáticos que la religión promete solucionar, tales como: la persistencia de la extrema pobreza material y cultural en medio de la abundancia, el aumento descomunal del consumo y producción de alucinógenos que mata un gran potencial de especie humana, la violencia que campea por cada vez mas lugares del planeta, sin hacer caso de las rogativas, declaraciones y misas, etc. Por lo anterior; porque muchos de los problemas de nuestra especie no encuentran solución, gracias al predominio de la fe ciega que difunden las religiones de todos los tipos, gracias al aniquilamiento del potencial creativo de los humanos, provocado por la creencia en seres sobrenaturales que todo lo determinan; es que el ateismo científico -el humanismo llevado a su máxima expresión- merece ser difundido en todos los campos de la vida social. Pero para que esta difusión tenga éxito requiere, entre otros elementos, de unos mecanismos adecuados. La respuesta a los problemas cotidianos del hombre moderno, del hombre del capitalismo sin fronteras, pero desde una perspectiva atea, es un mecanismo que debemos los ateos probar en la labor de difusión de nuestras tesis. De esta manera descenderíamos el ateismo desde las nubes academicistas a la realidad de la sociedad en que vivimos. Marcelo J. Martínez |